Verduras en la arena: técnica ancestral genera toneladas de cultivos en África pese a falta de agua

Creditos: Fethi Belaid | Agence France-Presse
Publicado por Emilio Lara
La información es de Agence France-Presse

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Viernes 16 abril de 2021 | Publicado a las 08:52

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Las papas, lechugas y cebollas crecen en parcelas arenosas a orillas del mar en un pueblo de Túnez, donde los agricultores intentan preservar una técnica de riego ancestral que despierta interés a medida que se intensifica la escasez de agua en el norte de África.

“No es una tierra que cultivemos por la rentabilidad, sino por el arte y el placer”, señaló Ali Garci, un profesor jubilado de 61 años que explota una hectárea de tierra heredada de su familia en Ghar el Melh, un pueblo de pescadores situado a unos 60 kilómetros de la capital, Túnez.

Los “ramlis”, estas parcelas arenosas creadas en el siglo XVII por la diáspora andaluza para paliar la falta de tierras cultivadas y de agua dulce, alimentan a los habitantes de la zona.

Estos cultivos sobre arena, que abarcan unas 200 hectáreas, fueron inscritos el año pasado en el patrimonio agrícola mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que los considera “únicos en el mundo”.

Una forma de incentivar a los aproximadamente 300 agricultores para que cuiden este patrimonio amenazado y por el que pocos jóvenes parecen interesados.

Un equilibrio frágil

Entre mar y acantilados, la costa mediterránea de Ghar el Melh está bordeada por lagunas de agua salada.

El agua de lluvia fluye desde las colinas hasta las tierras arenosas que rodean las lagunas, donde permanece atrapada sobre una capa de agua salada.

Las verduras plantadas hunden sus raíces hasta esta fina capa de agua dulce, que sube hacia la arena dos veces al día empujada por las mareas.

“Es como si el mar estuviera amamantando a sus hijos”, explicó Abdelkarim Gabarou, quien practica el cultivo en la arena desde hace 46 años.

Para preservarlas del viento y la erosión, las parcelas están protegidas por barreras de juncos que miden hasta cuatro metros de ancho.

Este sistema permite cultivar todo el año sin riego artificial, produciendo hasta 20 toneladas por hectárea y sin recurrir a las reservas naturales.

Las verduras tienen un sabor peculiar y la demanda es bastante alta, pero carecen de una denominación de origen, lamentan los agricultores, que venden sus productos en la zona y en Túnez al mismo precio que los cultivados en la tierra.

“Dependemos totalmente del agua de lluvia, que nos permite vivir. Intentamos preservarla lo más naturalmente posible”, detalló Ali.

Los agricultores de Ghar el Melh viven con la preocupación constante de preservar este sistema “frágil”, amenazado sobre todo por los cambios climáticos que acentúan la irregularidad de las precipitaciones y elevan el nivel del mar.

Para que las raíces de las cebollas, lechugas o remolachas lleguen al agua dulce pero no a la salada, la capa de arena debe tener exactamente 40 centímetros.

Por eso el aumento del nivel del mar amenaza con alterar este sistema natural, señaló Raoudha Gafrej, experta en recursos hídricos y cambio climático.

Mar, laguna y arena

Esta zona apreciada por los turistas, con su larga franja de arena blanca entre la laguna y el mar y sus relieves arbolados, también está sujeta a una fuerte presión inmobiliaria.

Lo que está en juego es importante porque la protección de las técnicas de riego tradicionales es un arma para luchar contra la creciente penuria de agua en Túnez.

Este “ingenioso sistema no representa una gran superficie” y no se podría copiar en otro lugar, “pero debemos preservarlo porque el país necesita cada gota de agua”, afirmó Gafrej.

La FAO estima que Túnez tiene 403 m3 de agua por habitante al año, muy por debajo de los 1000 m3 de agua renovable necesaria para que un sistema de riego sea sostenible.

La agricultura de regadío utiliza el 80% de los recursos hídricos del país, una señal de la importancia de desarrollar una agricultura que necesite la mínima cantidad de agua posible, “una rareza absoluta” en la región.

Actualmente se fomentan otros sistemas tradicionales. Por ejemplo, en la isla de Djerba (sureste), muy turística y donde los cortes de agua son frecuentes en verano, una ONG ha renovado unas 15 antiguas cuencas, destinadas a almacenar agua de lluvia que reparten entre los más pobres.

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