Estudio revela que cuando los bosques se reducen, los mamíferos sufren estrés

Creditos: Noé U. de la Sancha
Por Mongabay Latam
La información es de Liz Kimbrough

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Sábado 20 marzo de 2021 | Publicado a las 11:30

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Muestras de pelo de pequeños roedores y marsupiales en el Bosque Atlántico de Paraguay evidenciaron que los animales en fragmentos de bosque más pequeños tenían niveles elevados de hormonas del estrés. Aunque las pequeñas cantidades de estrés agudo pueden ayudar a los animales a salir de una mala situación, los niveles de estrés prolongado debilitan el sistema inmunológico y hacen que sean más susceptibles a las enfermedades.

Los humanos no son los únicos que sienten ansiedad por la destrucción ambiental. Cuando el tamaño de los bosques se reduce, los pequeños mamíferos también se sienten estresados, y lo podemos saber por su pelo.

Un equipo de científicos tomó muestras de pelo de 106 roedores y marsupiales pequeños en seis fragmentos forestales del Bosque Atlántico de Paraguay. Después de moler cada muestra y convertirla en polvo, los investigadores utilizaron un bioensayo para medir los niveles de glucocorticoides (como corticosterona y cortisol), hormonas que aumentan con el estrés.

Los animales que vivían en fragmentos pequeños de bosque tenían niveles más altos de glucocorticoides que los que vivían en fragmentos de bosque más grandes, según el estudio publicado en la revista Scientific Reports.

“Sospechábamos que los organismos en áreas deforestadas mostrarían niveles más altos de estrés que los animales en bosques más prístinos, y encontramos pruebas de que es así”, dijo en unas declaraciones Noé de la Sancha, profesor asociado de biología en la Universidad Estatal de Chicago y coautor del artículo.

“Los pequeños mamíferos, sobre todo roedores y pequeños marsupiales, tienden a estar más estresados, o mostrar más señales de que tienen niveles más elevados de hormonas del estrés, en pequeños fragmentos de bosque que en fragmentos más grandes”.

Pastor E. Pérez sostiene un mykureí, Marmosa (Micoureus) paraguayana, un pequeño marsupial neotropical, en la Reserva Natural Tapytá en Paraguay. Foto de Noé U. de la Sancha.

Para obtener las muestras, los mamíferos fueron atrapados con la ayuda de trampas de captura viva (trampas Sherman) y trampas de golpe (trampas Víctor). Los investigadores se sorprendieron al descubrir que los niveles de estrés variaban también según el tipo de trampa utilizada.

Las muestras de pelo se tomaban, por lo general, de las patas de atrás y descubrieron que, en las trampas de captura viva, la orina de los animales podía penetrar el pelo, lo cual resultaba en niveles elevados de glucocorticoides en la muestra. Sin embargo, esto no afectó el resultado que indica que menos bosque equivale a más estrés.

Lo bueno y lo malo del estrés

No todo el estrés es malo. Las hormonas del estrés en pequeñas cantidades pueden hacer que los animales tengan energía para defenderse de un ataque, cambiar de ubicación o enfrentarse a otras alteraciones en la vida. Una vez la amenaza se ha controlado, los niveles hormonales vuelven a equilibrarse.

“Pero después estos animales se sitúan en esos pequeños fragmentos de hábitat en los que experimentan niveles de estrés elevados durante periodos de tiempo prolongados y que pueden llevar a enfermedades y a la desregulación de varios mecanismos fisiológicos en el cuerpo”, dijo en unas declaraciones David Kabelik, presidente del programa de neurociencia en el Rhodes College y uno de los autores de artículo.

Este estrés crónico, que se prolonga semanas y meses, afecta al sistema inmunológico de los animales. Si hay más enfermedades en las poblaciones animales, podría haber un riesgo más alto de que esas enfermedades se traspasen a los humanos.

“Hemos visto muchos ejemplos en la historia que muestran que la existencia de individuos enfermos amontonados en espacios pequeños puede exacerbar la trasmisión de enfermedades. También hemos visto muchos ejemplos recientes de patógenos que saltan la barrera entre especies”, dijo Kabelik a Mongabay.

Los fragmentos forestales donde se llevó a cabo el estudio, en la Reserva Natural Tapytá en Paraguay, tenían entre 2 y 1200 hectáreas. Después de siglos de desarrollo, queda menos de una cuarta parte del Bosque Atlántico, uno de los bosques tropicales más grandes de Suramérica. Como consecuencia, grandes cantidades de mamíferos han desaparecido en la región.

Ejemplo de los muchos restos boscosos que quedan en el Bosque Atlántico interior, en el este de Paraguay, representativo de los lugares donde se capturaron las muestras de pequeños mamíferos para el estudio. Foto de Noé U. de la Sancha.

Los efectos de una degradación ambiental como esta seguramente los notarán muchos animales, no solo los pequeños, según dijo Kabelik, y el traspaso de patógenos (de animales a humanos) parece más probable en todos los animales que están amontonados en fragmentos forestales y estresados, aunque el estudio no trató este fenómeno de forma directa.

Con más humanos viviendo cerca de fragmentos forestales en todo el mundo, hay “potencial de focos para todo tipo de enfermedades emergentes y zoonóticas”, dijo de la Sancha a Mongabay, y esto subraya la importancia del enfoque One Health (una sola salud), que reconoce la conexión entre la salud humana, ambiental y animal.

“Es importante ser consciente de la cascada de efectos negativos en la vida silvestre y la sociedad humana que sucede como resultado de alterar nuestros hábitats naturales”, dijo Kabelik.

Referencias:

Boyle, S. A., Noé, U., Pérez, P., & Kabelik, D. (2021). Small mammal glucocorticoid concentrations vary with forest fragment size, trap type, and mammal taxa in the Interior Atlantic Forest. Scientific Reports, 11(1), 1-13. doi:10.1038/s41598-021-81073-2

Este artículo fue publicado originalmente en la revista internacional de conservación natural Mongabay Latam.

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