Oposición fracasa por octava vez en acusaciones constitucionales y surgen roces con Demócratas
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Gonzalo Olguín

Periodista Radio Bío Bío Valparaíso. Corresponsal en Congreso Nacional

Publicado por Isabel Hodge

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En medio de la octava acusación constitucional fallida, un parlamentario de Chile Vamos reflexiona que el objetivo no era romper la racha, ya que la oposición preside las mesas del Congreso y tiene mayoría en comisiones clave. La Democracia Cristiana no sumó votos, mientras que la bancada del Partido de la Gente se fragmentó. El comité Demócratas, Amarillos e Independientes se posiciona como bisagra. La derecha pierde votos y sectores cuestionan la estrategia de las acusaciones.

‘Las acusaciones no siempre se presentan para ganarlas’. En medio de un ambiente desinflado, un parlamentario de Chile Vamos, cercano a la ofensiva, reflexiona que el punto de esta octava acusación constitucional fallida no era romper la racha.

Actualmente, la oposición preside las dos mesas del Congreso Nacional y tiene mayoría en todas las comisiones clave, con la excepción de Constitución. Presiden casi todas las comisiones investigadoras y se han impuesto en casi todos los proyectos importantes de la agenda de seguridad. Y sin embargo, la unidad y la coordinación total nunca se ha conseguido.

Ningún conteo serio podía pretender que la Democracia Cristiana sumara votos a esta ofensiva. La presión electoral iba a ser suficiente para que la ‘señal de alerta’ de la abstención de la falange tuviera el mismo efecto que un voto en contra.

Los mil pedazos en que se rompió la bancada del Partido de la Gente los llevaron a los destinos más diversos: Sus exintegrantes hoy aparecen en el Partido Radical, la DC, Demócratas y el Partido Social Cristiano.

En ese escenario, es el comité Demócratas, Amarillos e Independientes la fuerza bisagra de la corporación. Autodenominado de oposición. Autodenominado de centro. Una combinación que parece constituir su principal fortaleza y su principal debilidad.

Luis Fernando Sánchez, diputado del Partido Republicano, los acusa de ser una fuerza que, según él, ‘no tiene convicción’ respecto del mal trabajo que ha hecho el gobierno.

Paula Labra y Gonzalo de La Carrera estaban fuera del país. Enrique Lee recorrió calmo el hall del Congreso hacia el ascensor sin haber apretado el botón para votar. Carla Morales y Chiara Barchiesi pareadas por diversos motivos. Esta fue otra de las rendijas por las cuales, a la derecha, se le volvieron a escapar los votos.

El diputado UDI Jorge Alessandri hace un conteo llamativo. Suma abstenciones y ausencias, en lo que muestra un panorama preocupante para su sector. Calcula que la oposición cuenta con dos diputados menos para impulsar sus ofensivas que al comienzo del período.

Existe aún un misterio sin resolver: El costo electoral que tendrá para Demócratas su abstención. Esta mañana, el jefe de bancada de RN, Miguel Mellado, aseguró a El Mercurio que se ‘dieron por notificados’ de que Demócratas ‘no quiere hacer pacto parlamentario’ y llama a su directiva a ‘ver con mucho cuidado’ la asociación con el partido de Ximena Rincón.

Presionados a una respuesta, sus vocerías insisten en el poco mérito jurídico: Las acusaciones a delegados tienen la particularidad de que exigen una vulneración a la constitución sin incluir las leyes, como ocurre con los ministros de Estado.

Erika Olivera fue nombrada por sus colegas de partido como la que tendría una opinión con más peso. Integrante de la Comisión de Deportes y única parlamentaria de la región metropolitana, argumenta que el criticado documento de 31 páginas no tenía fundamento.

“Ha quedado demostrado que es un desastre el uso de la herramienta de la acusación constitucional como mecanismo de fiscalización”. Jorge Guzmán, diputado de Evopoli, fue el primer parlamentario de derecha en salir a explicar su versión de lo ocurrido.

Guzmán argumenta que los oficialismos jamás serán ‘objetivos” en apoyar los libelos, pero Andrés Longton, diputado RN, también reconoce otra razón: Su autocrítica es que estas acusaciones nunca se anuncian con la seguridad de que se ha hecho un trabajo de coordinación que permita tener los votos para aprobarlas.

La derecha está a punto de empatar la estadística que tanto criticaron: Durante el segundo gobierno de Sebastián Piñera, la izquierda acusó en nueve ocasiones a autoridades de gobierno, con la notoria salvedad de que dos de ellas fueron precisamente al fallecido ex presidente de la República.

¿Para qué sirve entonces una acusación, si no tiene los votos? Algunos dicen que ‘mantiene un tema arriba’. Otros acusan que es solo “una pérdida de tiempo”.

Lorena Fríes, jefa de comité del Frente Amplio, aventura que presentar una acusación para las oposiciones no se trata del resultado: Dice que se trata de mantener ‘un asedio’ contra el gobierno.

Quienes más defendieron esta acusación, defienden que no la hicieron pensando en su viabilidad, porque las acusaciones debiesen estar motivadas por un asunto de convicciones. No tener los votos, no puede significar que a Gonzalo Durán nunca se le acusara.

Pero el costo puede ser mayor. En impulsarlas han conseguido a fortalecer ministros, quebrarse internamente, dar malas señales de gobernabilidad: Emilia Schneider se preguntaba el martes ¿Cómo pretenden gobernar Chile si no pueden ponerse de acuerdo?’ El solo hecho de abrir el flanco para esa pregunta retórica en año electoral, puede ser un daño suficiente para poner en duda que exista una novena acusación.

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