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El crimen que conmocionó a Argentina y que ya traspasa fronteras, volvió a poner en primer plano el avance del narcotráfico extranjero en el país. Tres jóvenes —Brenda del Castillo, Morena Verdi y Lara Gutiérrez— fueron secuestradas, torturadas durante horas y asesinadas en el conurbano bonaerense.
Para Federico Fahsbender, periodista policial de Infobae y profesor de criminología, se trata de un episodio que marca un antes y un después.
“Las llevaron bajo un falso pretexto a una fiesta en Florencio Varela, las torturaron seis horas y finalmente las mataron. Nunca vi algo así. Es un nuevo escalón en la larga escalera de la brutalidad del narcotráfico al que enfrenta la Argentina”, sostuvo en conversación con Tomás Mosciatti.
La principal hipótesis apunta a un ajuste de cuentas. Según Fahsbender, Brenda, Morena y Lara habrían sido castigadas por una banda de origen peruano vinculada al tráfico de cocaína y drogas sintéticas. Pero destacó que la brutalidad de este caso —amputaciones, golpes, mutilaciones— obedece al guion de las viejas bandas peruanas que dominaron villas enteras de Buenos Aires.
El periodista recordó que la detención en Lima de Tony Jansen Valverde Villanueva, hijo de un sicario de la organización Los Injertos, revela un patrón que Argentina ya conocía. “Los capos peruanos como César Morán de la Cruz o Marcos Estrada González controlaron durante décadas barrios como la 1-11-14. La tasa de homicidios en la ciudad de Buenos Aires fue la más alta en esos años”, agregó.
Para Fahsbender, el caso muestra cómo el crimen organizado no reconoce fronteras, donde esta banda vino desde Perú, atravesó Bolivia y se instaló en Buenos Aires, y sostuvo que esto demuestra toda una cadena de controles que fallaron en la región.
Así mismo, para el especialista, la violencia ejercida contra las tres jóvenes no es un hecho aislado, sino parte de una espiral que se agrava con el paso de las generaciones criminales. El triple femicidio abrió además un debate en Argentina sobre la tipificación de estos crímenes y la aplicación de la figura de femicidio, en medio de la discusión política por su vigencia en el Código Penal.
La justicia ahora deberá determinar quién ordenó la masacre y si Tony Jansen fue realmente el autor intelectual. Lo cierto, como concluye Federico Fahsbender, es que el país acaba de cruzar un umbral peligroso y subrayó que, el nivel de brutalidad de este caso nunca se había visto en Argentina.