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El 29 de julio de 1836, París inauguró el Arco de Triunfo, uno de los monumentos más emblemáticos de Francia. Napoleón Bonaparte lo concibió para honrar las victorias del ejército francés. Sin embargo, su construcción se extendió durante tres décadas antes de transformarse en un símbolo de la memoria nacional.
Un monumento a la gloria francesa
Napoleón ordenó colocar la primera piedra en 1806 y encargó el diseño al arquitecto Jean-François Chalgrin. Inspirado en los arcos triunfales de la antigua Roma, el monumento alcanza 50 metros de altura y 47 metros de ancho. Además, luce imponentes bajorrelieves dedicados a las campañas militares francesas.
Las obras avanzaron lentamente. Luego, las derrotas del Imperio napoleónico detuvieron la construcción. Finalmente, el rey Luis Felipe inauguró el Arco de Triunfo el 29 de julio de 1836. Con el tiempo, el monumento acogió importantes ceremonias nacionales, como el traslado de los restos de Napoleón en 1840 y la instalación de la Tumba del Soldado Desconocido en 1920.
Desde 1923, una llama eterna arde bajo el monumento en homenaje a los caídos en la guerra. Cada tarde, representantes de organizaciones de excombatientes la reavivan. Así, mantienen vivo uno de los principales símbolos de la historia y la memoria de Francia.
En este video, Nibaldo Mosciatti narra cómo el Arco de Triunfo pasó de honrar las victorias de Napoleón a convertirse en uno de los grandes símbolos nacionales de Francia.