Un día como hoy, pero hace 98 años, el aviador e ingeniero estadounidense, Charles Lindbergh, inscribió su nombre en la historia al completar la primera travesía aérea en solitario y sin escalas del océano Atlántico.
A bordo de su monoplano, el “Spirit of St. Louis”
Lindbergh despegó de Roosevelt Field en Long Island, Nueva York, el 20 de mayo de 1927, y aterrizó en el aeropuerto de Le Bourget, cerca de París, el 21 de mayo, tras un viaje épico.
El vuelo duró aproximadamente 33 horas y 30 minutos y cubrió una distancia de unos 5.800 kilómetros (3.600 millas). Lindbergh, de 25 años, enfrentó desafíos inmensos, desde la privación del sueño hasta las inclemencias del tiempo, pero su determinación y habilidad lo llevaron a la victoria.
Su llegada a París fue recibida por una multitud estimada en 150.000 personas, que lo aclamaron como un héroe. Esta hazaña no solo le valió el Premio Orteig de 25.000 dólares, sino que también lo catapultó a la fama mundial, convirtiéndolo en una de las figuras más reconocidas de su tiempo.
El éxito de Lindbergh impulsó drásticamente el interés público en la aviación y demostró el enorme potencial de los viajes aéreos de larga distancia. Su vuelo simbolizó una nueva era de conectividad global y sentó las bases para el desarrollo de la aviación comercial, acortando distancias y uniendo continentes de una manera hasta entonces impensable.