Boric, Piñera y el Socialcristianismo

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Es un lugar común decir que en la política chilena hay “demasiada ideología”.

Suele repetirse en los matinales, en las radios transnacionales y en las columnas de opinión.

Desde ese prisma, nuestra convivencia estaría saturada, supuestamente, de densos desacuerdos ideológicos.

Permítame mostrarle un razonamiento distinto.

Desde 1990, en adelante, los dirigentes políticos han tenido un marco general hegemónico, casi obvio, como si no hubiera habido más opciones. Una especie de sentido común que ha gobernado detrás del telón sea concertacionista, piñerista, bacheletista o frenteamplista.

Esa ideología hegemónica fue el social cristianismo, en diversas manifestaciones.

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Es un lugar común decir que en la política chilena hay “demasiada ideología”.

Suele repetirse en los matinales, en las radios transnacionales y en las columnas de opinión.

Desde ese prisma, nuestra convivencia estaría saturada, supuestamente, de densos desacuerdos ideológicos.

Permítame mostrarle un razonamiento distinto.

Desde 1990, en adelante, los dirigentes políticos han tenido un marco general hegemónico, casi obvio, como si no hubiera habido más opciones. Una especie de sentido común que ha gobernado detrás del telón sea concertacionista, piñerista, bacheletista o frenteamplista.

Esa ideología hegemónica fue el social cristianismo, en diversas manifestaciones.