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Orquesta Sinfónica de Chile cierra Festival de Verano con atractivo programa

Bryan Rabello
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El Festival de Verano 2016 del Centro de Extensión Artística y Cultural de la Universidad de Chile concluyó esta semana con el concierto que la Orquesta Sinfónica brindó el jueves 28 y viernes 29, en un atractivo programa que incluyó obras de Dvorak, Mendelssohn y Piazzolla.

La presentación, que contó, una vez más, con la correcta dirección del joven maestro hispano estadounidense François López-Ferrer, comenzó con una excelente interpretación de la “Obertura Carnaval”, compuesta por Antonin Dvorak en 1881, la que forma parte de un tríptico denominado “Naturaleza, Vida y Amor” que se estrenó en Praga bajo la batuta del propio autor al año siguiente.

En esta pieza corta, se evidencia a través de todo su desarrollo, el amor de Dvorak por su tierrra y su música, la que “bajo un ánimo nacionalista, buscó siempre posicionar dentro de una escena musical, dominada principalmente por Alemania, Italia y Francia”.

A continuación, la Sinfónica interpretó el Concierto para bandoneón “Aconcagua”, de Ástor Piazolla, el cual tuvo como solista, al acordeonista neozelandés Grayson Masefield, a quien el director López-Ferrer define como “el joven acordeonista más importante de nuestros tiempos. Con sólo 28 años ha sido galardonado con los primeros premios de todos los concursos más conocidos del mundo, como la Coupe Mondiale y la Trophée Mondial. Su musicalidad, energía y presencia siempre dejan al público en el borde de sus asientos”, señaló el conductor.

Pese a contar con un instrumento como el acordeón que tiene diferencias básicas de estructura con el bandoneón, Masefield lució gran dominio técnico y sobre todo, fervor por lo que ejecutaba y logró ser el protagonista del concierto, a pesar que -por momentos- la sonoridad de su instrumento se escuchaba poco potente y superada por la orquesta.

La Sinfonía N°3 “La Escocesa”, de Félix Mendelssohn, dió término al programa, y a su vez el Ciclo de Verano de la Sinfónica, con una correcta interpretación, a ratos con mucho lucimiento de las cuatro familias instrumentales. La obra comenzó a concebirse en 1829, en la primera de las visitas que el joven compositor hizo a las Islas Británicas, con sólo 20 años de edad. Sin embargo, tardaría más de una década en terminarla. Constituye la cuarta y última de las sinfonías de su etapa madura. Así, el propio autor dirigió el estreno con la Orquesta de Gewandhaus en 1842.

Tras el Festival de Verano, la Orquesta Sinfónica de Chile se dirigirá al sur del país para participar de las 48° “Semanas Musicales” de Frutillar, donde se presentará, con entradas agotadas, en funciones de los días 1, 3 y 5 de febrero.

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