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Realizan beatificación de Arzobispo Romero gracias a fieles latinoamericanos

Arzobispo Romero – www.excelsior.com.mx
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Este sábado 23 de mayo Monseñor Óscar Romero será beatificado gracias a fieles latinoamericanos y la gestión del Papa Francisco. Por Gabriela Dossow

El beato Oscar Romero nació en El Salvador el 15 de agosto de 1917, de una familia pobre, fue ordenado sacerdote en 1942. De tendencia conservadora, muy cercano al Opus Dei, le toco ejercer su sacerdocio en un tiempo que América Latina estaba bajo regímenes dictatoriales feroces, con muerte, tortura y desapariciones de personas, donde la Iglesia tuvo que asumir la “voz de los sin voz en defensa de la vida”.

Romero fue nombrado Arzobispo de San Salvador en el año 1977, era un hombre bueno, sincero, de una fe inquebrantable en Dios y apasionado en el servicio a la Iglesia, de mucha oración y servicio pastoral.

A pesar de su pensamiento conservador, siempre tuvo una profunda sensibilidad y solidaridad con el pueblo empobrecido. Este sentimiento nació a raíz del asesinato del Padre Rutilio Grande, cuyo compromiso con el pueblo valoraba sinceramente, lo que lo llevó a vivir un proceso de conversión profunda y pudo descubrir las causas de la miseria y represión que vivían las comunidades campesinas y sus organizaciones. Estos se organizaban y refugiaban en sus parroquias y capillas, igual que las comunidades chilenas para las cuales la Iglesia fue un refugio y sustento. Romero como otros profetas de América acogió la demanda de apoyo que el pueblo le hacía.

El mismo reconoció que el pueblo lo transformó y decía “ con este pueblo no cuesta ser pastor”. Este proceso hizo cambiar su visión de la misión de la Iglesia, de puro sacramento y devoción a un compromiso claro y decidido con la causa de los pobres y su liberación una opción clara por la vida que lo llevó a decir “la gloria de Dios es que el pueblo viva”

Tomó el compromiso de defender a su pueblo con decisión, sabiendo que esto le podría costar persecución y muerte, el decía “si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño, un obispo morirá, pero la iglesia de Dios que es el pueblo, no perecerá jamás”, esto lo dijo meses antes de su asesinato.

En su última homilía en la catedral de El Salvador, el arzobispo Romero hizo un llamado a las fuerzas armadas de su país, para que detuvieran inmediatamente las masacres que a diario cometían contra el pueblo, todos empobrecidos. También los sacerdotes, monjas y catequistas eran masacrados, incluso una monja que trabajó en la población la Victoria en los primeros tiempos de la dictadura fue violada por los soldados junto a sus compañeras de comunidad.

Romero asumió con firmeza y convicción la defensa del pueblo, “en nombre de Dios y de este sufrido pueblo, les pido, les ruego, les ordeno, ¡cese la represión!”, rogaba a los soldados para que no obedecieran las órdenes de sus superiores cuando debían matar a inocentes.

El Arzobispo Romero tenía clara conciencia del genocidio en curso y no dudo en acompañar a las comunidades urbanas y rurales donde fue testigos de horribles matanzas. Acogió el clamor de su pueblo al que tanto amó, su prédica no cesó en la denuncia, en la defensa de la vida humana y en el respeto por los pobres y sus organizaciones. Asumió, al estilo de Jesús, estar con los más postergados y maltratados de su tiempo, aunque esto no fuera bien visto por las autoridades eclesiásticas.

Y su hora llegó el 24 de Marzo de 1980, los poderes que cuestionaba, dieron la orden criminal, un sicario disparó directo a ese corazón grande y valiente que tanto amor entregó, mientra oficiaba la Eucaristía.

El pueblo creyente de El Salvador, junto a la iglesia de los pobres de América Latina, pidieron su beatificación, pero en el periodo de Juan Pablo II y Benedicto XVI este proceso quedó archivado, fue el Papa Francisco quién logró reabrirlo y será culminado el 23 de Mayo con la beatificación en San Salvador.

Romero es un testimonio vivo de la multitud de mártires de América Latina, esperanza de un mundo nuevo de solidaridad, justicia y fraternidad, pero sobre todo de un compromiso de la Iglesia con su misión en la defensa de los pobres.

El arzobispo Romero fue nominado al Premio Nobel de la Paz, pero le faltaba recibir este reconocimiento de su Iglesia, su vida es un regalo para todos los creyentes en Jesús del Evangelio, comprometido con las causas de sus pueblos.

Creyentes de todo el mundo se reunirán en San Salvador este domingo, para ser testigos de este paso de Dios por nuestra América, de Chile participarán algunos sacerdotes conocidos por su compromiso con los pobres, miembros de comunidades cristianas de base y representantes de organizaciones sociales, de los otros países estarán presentes las Conferencias Episcopales.

Como hacen falta en nuestra país, en nuestra América Latina, profetas como Romero, que asuman la defensa de los pueblos, martirizados por el consumismo, la corrupción, la droga, las nuevas formas de esclavitud y represión, con una Iglesia silenciada y avergonzada de sus propios pecados. Romero es una luz en medio de toda esta oscuridad, que este Pentecostés que se vivirá en el Salvador irradie a toda nuestra comunidad creyente.

Para conocer la completa agenda de beatificación de Monseñor Óscar Romero, puedes visitar www.beatificacionromero.org

Gabriela Dossow

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