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“Facsímil” de Alejandro Zambra: los traumas de Chile en formato P.A.A.

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Pese a que el nombre de Alejandro Zambra huele a novelas bien logradas, pero que cuesta que caigan bien de buenas a primeras, “Facsímil” sorprende con un humor bien logrado, ironía a raudales y un formato innovador que retrata a un país que escribe su historia y la borra con el codo, desde 1990 hasta ahora.

“Facsímil”, editada por Hueders en 2014, es ante todo un raro, pero muy bien acabado ejercicio literario.

Se define como una novela que es y que no es, una cosa media extraña construida sobre la base de la desaparecida Prueba de Aptitud Verbal, en su versión de 1993, en la que Zambra ocupa hábilmente cada una de las secciones del examen de admisión (Término Excluido, Eliminación de Oraciones, Uso de Ilativos y Comprensión de Lectura) como un recurso para contar un puñado de historias que lo retratan a él y el país en que el autor vivía, en el corazón de la transición a la democracia y que hasta ahora lidia con temas pendientes de ésta.

Las historias de Zambra reflejan, en su mayoría, un sentir cotidiano, en un país que comenzaba a construir su democracia bajo el tutelaje de los poderes fácticos, léase Pinochet aún al mando del Ejército y por ende las FFAA; una Iglesia Católica reticente a los cambios y con una directa intromisión en la sociedad, en temas tales como su negativa a legislar sobre el divorcio y la irrupción de un modelo económico que a la larga terminaría consolidando el modelo neoliberal que ahora domina al país.

Es por eso que los valores que dominaban aquella “sociedad del consenso”, en temas tales como la desigualdad, la historia reciente de Chile y la educación, son trabajados magistralmente por Zambra, quien con una gran dosis de hilaridad, asertividad e incluso picardía, nos hace reflexionar respecto a la sociedad que fuimos y cómo ésta se proyecta al mundo presente, tal como aparece aquí:

“7.Junta:

A)Miedo
B)Cadáveres
C)Ganas
D)Agua
E)Monedas

(…)

18.Familia

A)Familiares
B)Herederos
C)Sucesores
D)Alfajores
E)Pedofilia

(…)

28. Tu casa:

1. Es de un banco, pero prefieres pensar que es tuya.
2. Si todo sale bien, terminarás de pagarla el año 2033.
3. Vives aquí hace once años. Primero con una familia, después con algunos fantasmas
quetambién se fueron.
4. El barrio no te gusta, no hay plazas cerca, el aire es sucio.
5. Pero amas esta casa y nunca vas a abandonarla”.

Es así que dentro del discurso, el tratamiento dado por el autor a ciertos personajes de derecha, ligados a la dictadura y hechos que forman parte de ésta, construyen un lugar en el que el humor, el desprecio y la asertividad se conjugan en un mismo punto.

“57.

(1) El toque de queda consiste en la prohibición de circular libremente por las calles
de un territorio determinado.
(2) Suele decretarse en tiempos de guerra o de revueltas populares.
(3) La dictadura lo impuso en Chile desde el 11 de septiembre de 1973 hasta el 2 de enero de 1987.
(4) Una noche de verano mi padre salió a caminar sin rumbo fijo. Se le hizo tarde, tuvo que quedarse a dormir en casa de una amiga.
(5) Hicieron el amor, ella quedó embarazada, yo nací.

(…)

64.

(1) Me preguntan el nombre y respondo: Manuel Contreras. Me preguntan si soy Manuel Contreras y respondo que sí. Me preguntan si soy el hijo de Manuel Contreras. Respondo que soy Manuel Contreras.

(2) Una vez tome la guía de teléfonos y arranqué la página donde venía mi nombre, nuestro nombre. Conté veintidós Manuel Contreras en Santiago. No sé qué buscaba: consuelo de tontos quizás. Pero después metí la hoja en la trituradora de papeles. Tener un nombre y un apellido comunes no me sirvió de nada.

(3) ¿Qué se siente ser el hijo de uno de los más grandes criminales de la historia de Chile? ¿Qué siente cuando piensa que su padre está condenado a más de trescientos años de cárcel? ¿Siente el odio de las familias que su padre destruyó?”.

Así también y siguiendo el mismo tono, específicamente en la sección de Comprensión de Lectura, Zambra arremete, a punta de una prosa sólida, poblada de historias divertidas, cotidianas y anecdóticas contra la Iglesia Católica, y toda su estructura jerárquica.

“La clase de Religión estaba de más porque la nota no entraba en el promedio general, pero el trámite para eximirse era tedioso y largo, y las clases de Segovia eran muy divertidas. El profe monologaba sin pausas respecto a cualquier cosa menos sobre religión, de hecho su tema favorito era el sexo, en especial a las profesoras que se tiraría. El momento más gracioso sucedía al final, cuando Segovia hacía una ronda de confesiones rápidas: cada uno debía decir un pecado y después de escuchar los cuarenta y cinco -que iban desde ‘me quedé con el vuelto y quiero agarrarle las pechugas a la vecina’ a ‘ me corrí la paja en el recreo’ -todo un clásico-, el profe decía que ninguno de nuestros pecados era imperdonable”.

En resumen, “Facsímil” se erige como una producción literaria altamente radical, un acierto de Alejandro Zambra que pese a su formato -bien descolocante en un primer momento- va encantando paulatinamente al lector, con relatos bien armados, giros sorprendentes, una gran dosis de agudeza y un riesgo calculado, llevándolo a la reflexión contundente respecto a la realidad a través de la cual Chile se ha ido construyendo desde el regreso a la democracia, con toda la desigualdad, la herencia de horror que dejó Pinochet y un sistema social y económico que sólo es patrimonio de los mismos grupos de poder que han existido desde siempre.

Facsímil
Alejandro Zambra
2014
Editorial Hueders
ISBN 978-956-8935-43-6

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