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“Preparativos para un viaje a Kiev”: El extraño mundo de la ficción de Camilo Marks

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La vida y la carrera literaria de Camilo Marks, una de las plumas respetadas domingo a domingo desde la tribuna que le otorga el diario El Mercurio, es sin duda una historia atrayente, pero difícil, densa y poblada de contradicciones, algunas de ellas vitales.

¿Cómo es que un abogado de Derechos Humanos, miembro del Comité Pro Paz, de la Corporación de Reparación y Reconciliación, como también de la Vicaria de la Solidaridad, en los tiempos de Pinochet, termina teniendo una de las plumas más respetadas de la crítica literaria del país, en el diario de Agustín Edwards? ¿ Es quizás un acto de constricción, de un izquierdista arrepentido, de un Roberto Ampuero con más sustancia, de alguien que pensó que la lucha contra la dictadura, ya no valía la pena, y que finalmente se unió al bando de quienes ganaron ostentosamente esta contienda, y modelaron el país a su más completo antojo?

Es difícil establecer su posición en este juego. Sin embargo, esos son los temas que pueblan “Preparativos para un viaje a Kiev” editado por RandomHouse (2014) una obra en la que están presentes las contradicciones entre la izquierda y la derecha en nuestra sociedad, desde fines de la década de 1960, hasta la actualidad.

Dotado de un profuso y arcaico lenguaje, en el texto están presentes tres relatos; ” El Verano sin Verano”, cuento ambientado en Futrono a mediados de los 60s, que relata de la existencia de Pilar, una adolescente que es testigo de la desaparición de un joven y su pareja a quienes se los tragó la tierra.

El cuento sitúa a la protagonista treinta años más tarde, transformada en una periodista de un medio de izquierda, quien trata de unir esta desaparición con las víctimas de la dictadura de Pinochet, con principios que rayan con la ética, pero que en el transcurso de la mini novela, dejan abierta la interrogante, de qué fue lo que pasó realmente.

El relato siguiente, “Preparativos para un viaje a Kiev”, es un texto de corte eminentemente confesional, en el cual, desde la mirada en primera persona de un personaje que no puede ser otro que el propio Camilo Marks, exponecuál es su labor, cómo crítico literario, las ventajas y granjerías que lleva aparejado este noble oficio, como también cuáles son las privaciones a las que el individuo se ve enfrentado, más allá de su rol, como luminaria de lectores, en el noble arte de escribir y reseñar.

En este este segundo cuento, también está presente esa dualidad entre Oriente y Occidente la caída de la Unión Soviética y las ventajas de un capitalismo salvaje, en la forma de anécdotas del protagonista, adobadas con un delirante compendio de historia rusa y flirteos con damas chilenas y ucranianas.

Finalmente, en la tercera mini novela llamada “Variaciones Goldberg” Marks relata la triste historia de Carlos Rioseco, un abogado que termina sus días abrazado a la indigencia, luego que los agentes de inteligencia de Pinochet, hacen desaparecer, a mediados de los 70s, a su esposa y sus dos hijos. El texto avanza entre la infancia de Rioseco, en Buenos Aires, su llegada a Santiago de Chile, el rol de la música clásica en su vida y la de su familia, su peregrinar entre ambos lados de la cordillera y la cotidianidad de una plaza que el protagonista comparte con tres vagabundos más, en una comuna no identificable ubicada en algún punto de la capital chilena.

Sin lugar a dudas, que son textos marcados por el trauma de la dictadura militar chilena, pero sin dejar de seguirle el juego a la derecha, como una especie de esconder la basura debajo de la alfombra, tal como aparece en este apartado de “El Verano sin Verano”:

“-Te puedo decir que son huesos de hombre. Los huesos de un hombre de veintitantos años. La calavera está destrozada.
Apenas fui capaz de preguntarle:
-¿Los encontraron debajo del promontorio, en los riscos sobre el lago?
-Hay un escalón de piedra, una cueva abierta en la roca. Allí estaban los huesos. Nada de ropa u otra cosa parecida.
-¿Ni un cinturón, nada de cuero, zapatos, una billetera?
-Nada de eso, después de tantos años. Los pumas se refugian ahí, si las tormentas de invierno interrumpen su cacería. A veces llegan zorros.
No quería decirlo, pero tenía que hacerlo:
-¿Ella lo mató?
-No lo sabemos.
-Ella lo amaba y él quería escaparse. No podía permitírselo.
A estas alturas me daba perfecta cuenta de que el horror circundante, el de los padres, hijos y hermanos, esposos de los ejecutados, había pasado a segundo plano y mi obsesión por Helena y Marcelo, me nublaba la vista de lo que estaba acaeciendo”.

Una de las características presentes dentro de los relatos que pueblan “Preparativos para un viaje a Kiev” es el lenguaje pleno de floreos y palabras rimbombantes presentes en su autor. Es más, sorprende la capacidad de Marks para extenderse con una monumentalidad casi barroca, que poco aporta a la historia para explicar situaciones que sólo requieren de una frase precisa y concisa, tal como aparece en este extracto de “Las Variaciones Goldberg”:

“A Carlos Rioseco las exageraciones de su amigo nunca le habían molestado, ni tampoco se sintió pasado a llevar por sus aires de grandeza, su desplante con las mujeres, las camisas desabrochadas que dejaban al descubierto su torso, en una época en la que los hombres carecían de exhibicionismo (salvo desde luego los porteños), la afirmación repetida una y otra vez de que BocaJuniors era el mejor equipo de fútbol del mundo, de que el Teatro Colón era el coliseo más grande de la tierra, de que las bonaerenses eran sin excepción, de una hermosura inconmensurable (…) de que los escritores rioplatenses eran la gloria máxima de las letras en lengua española y, en suma, de que en su país todo en general, o cualquier cosa, era siempre superlativo, fabuloso, excelso, sin parangón”.

En síntesis, “Preparativos para un Viaje a Kiev”, es un libro denso, tremendamente intrincado, con un uso del lenguaje que dificulta al lector el mantenerse continuamente interesado en el relato, principalmente en los dos primeros cuentos.

Es una obra que tiene siempre presente a la dictadura de Pinochet, pero sólo para mostrarla como un incidente, como una mera anécdota, donde la derecha juega de local, para elaborar un tinglado en el que se mueven los personajes, con toda su carga de desgracias y horrores provocados por su clase social y su posición política.

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