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Premio Nacional de Literatura: La vida y obra de un polémico galardón

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El Premio Nacional de Literatura cumplió 72 años reconociendo a poetas, narradores, dramaturgos y ensayistas chilenos. Grandes autores como Edwards Bello, Neruda, Mistral, Encina, Rojas, Brunet, Coloane, Parra, Paz, y Donoso, componen una larga lista de galardonados.

La iniciativa se gestó en 1940 debido a la preocupación de la Sociedad de Escritores de Chile por el desamparo y la orfandad social que enfrentaban los escritores chilenos, quienes no podían vivir de sus derechos editoriales, no los protegían las leyes previsionales y tampoco tenían beneficios asistenciales.

Dicha agrupación preparó un pre-proyecto que recibió el presidente en esa época, Pedro Aguirre Cerda, quien se convirtió en el más acérrimo defensor, ordenando que se redactara la ley para establecer la distinción.

Aguirre Cerda falleció antes de ver finalizado el proyecto, por lo que la ley debió esperar hasta el 9 de noviembre de 1942 para que el presidente Juan Antonio Ríos promulgara la ley n°7368.

De ahí, y hasta 1973, el reconocimiento se entregó cada año, sin problema alguno, con las disposiciones que quedaron establecidas: el premio lo recibiría quien hubiera consagrado su vida al ejercicio de las letras y a quien haya recibido la consagración por el juicio público.

En segundo lugar, el ganador recibiría un diploma, además de una suma equivalente a 50 sueldos vitales mensuales del departamento de Santiago, la que sería entregada a partir del 1º de enero del año siguiente al de su entrega; y una pensión vitalicia de 8 sueldos mensuales del departamento de Santiago, según recoge el portal de la Biblioteca Nacional.

Por último, que el jurado estaría compuesto por tres miembros: el rector de la Universidad de Chile, quien lo presidiría, un representante del Ministerio de Educación Pública y un delegado de la Sociedad de Escritores de Chile. Desde el año 1960, se amplió el jurado incluyendo un segundo representante de la Sociedad de Escritores de Chile y un miembro de la Academia Chilena de la Lengua.

Tal como mencionamos, el año del Golpe Militar no se entrega galardón y en 1974, la Junta de Gobierno modificó la constitución del jurado -dejando fuera a los miembros de la Sociedad de Escritores-, así como también la periodicidad -ahora sería cada dos años- y el método de elección, que ahora sería a través de presentación de candidaturas.

Pese a que posteriormente llegaron los gobiernos democráticos, y con ellos una serie de reformas a las entregas de los premios nacionales, las polémicas y los cuestionamientos continúan rodeando su proceso. Sobre todo, pues se pide que la distinción vuelva a ser anual para aumentar los estímulos a los escritores.

Los más polémicos:

La dictadura fue una época oscura no solo para el país, sino que también para la literatura. Además de cambiar las bases de la distinción para los escritores, se premiaron a figuras polémicas como el estrecho colaborador y amigo personal de Augusto Pinochet, Enrique Campos Menéndez.

Éste fue nombrado asesor cultural de la Junta Militar, cuyo objetivo era borrar toda huella de la Unidad Popular y crear una política cultural que legitimara la obra “restauradora” del régimen.

Tal era su lealtad a Pinochet, que puso a su disposición una finca que tenía en Magallanes, la que se convirtió en el conocido centro de torturas denominado “El Roblecito”.

En 1986 recibió el Premio Nacional de Literatura, generando gran controversia por la presión que ejerció Pinochet a favor de Campos y en desmedro del novelista José Donoso. Por ello se ganó el aislamiento de la comunidad intelectual de la época.

No obstante, años antes de Campos, levantó suspicacias el premio entregado a Sady Zañartu en 1974. Este escritor era considerado por algunos como un autor de menor realce, pero uno de los pocos cercanos al régimen de Pinochet.

Con las distinciones a Arturo Aldunate Phillips, autor de ensayos de divulgación científica, y al filólogo Rodolfo Oroz, conocido por crear un diccionario escolar de la lengua castellana, el prestigio del galardón se esfumaba.

Más contemporánea que los anteriormente mencionados, pero no menos polémica, fue el reconocimiento a Isabel Allende en 2010, quien se transformó en la cuarta mujer de nuestro país en recibir el premio (Marcela Paz, Marta Brunet y Gabriela Mistral).

El debate y la controversia rodearon su candidatura, ya que varios escritores se negaban a que el premio lo recibiera una “fabricante de éxitos comerciales”, aludiendo su entrega al mercado. Sumado a ello, sus detractores insinuaron que éste era un premio de carácter político.

En las elecciones presidenciales de 2009, cuando los candidatos eran Eduardo Frei y Sebastián Piñera, la escritora entregó su apoyo a la Concertación, puesto que “un gobierno de derecha sería un retroceso para el país”.

Sin embargo, durante la administración de Piñera, Allende declaró que se le debía dar una oportunidad al nuevo Gobierno, y que consideraba al presidente un hombre de “buenas intenciones”.

Y fue precisamente durante el Gobierno de derecha cuando Isabel Allende, la autora de éxitos como “Paula” y “La Casa de Los Espíritus”, recibió el -hasta esa fecha- esquivo premio tras liderar la más masiva campaña en la historia del Premio Nacional de Literatura, que contó con apoyos de cuatro ex presidentes, de la derecha y miles de lectores en internet, según recogió el portal de noticias El Mostrador.

El poeta y académico de la Facultad de Humanidades de la Usach, Naím Nómez, declaró al Mostrador, que la izquierda y la derecha se unieron para que Allende recibiera el premio. “No me desagrada que se lo den, sólo que en términos exclusivamente literarios hay otros escritores que tienen más méritos”, dijo.

Añadió que no le sorprendió la decisión “por la presión que hubo de parte de todos los políticos de derecha y de oposición, lo cual me parece un poco ingrato. La gente que ha participado en este premio con su presión, es gente que no tiene idea de literatura, del valor de la literatura en general”.

Los grandes olvidados:

Puede que en la actualidad resulte increíble, pero grandes figuras como María Luisa Bombal, Vicente Huidobro, Violeta Parra, Enrique Lihn, Jorge Teillier, Nicomedes Guzmán, Luis Durand, Alberto Romero, Juan Emar, Daniel Belmar, Rosamel del Valle, Oscar Castro, Fernando Alegría, Roberto Bolaño, Isidora Aguirre, por mencionar algunos, murieron sin recibir este reconocimiento, lo que ha sido criticado y recordado cada vez que se cuestionan los premios.

Por su parte, Francisco Rivas, Jorge Guzmán, Pedro Lemebel, Diamela Eltit, Germán Marín, Poli Délano, Patricio Manns, Francisco Casas, José Luis Rosasco, Fernando Emmerich, entre muchos, continúan ahí, pacientes, recibiendo reconocimientos locales e internacionales, pero esperando el mayor premio a la literatura del país.

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