Robert Enke, portero titular de Alemania en 2009, decidió poner fin a su vida precipitándose a las vías del tren. El arquero ocultó su temor al fracaso porque, hace 12 años, ser futbolista y hablar de sentimientos era un sinónimo de débil.
Les dijo a su esposa e hija que llegaría tarde a casa porque tenía entrenamiento, pero jamás regresó. Robert Enke se precipitó a las vías del tren el 10 de noviembre de 2009, en las cercanías de Hannover, remeciendo al mundo del fútbol.
La depresión del portero titular de la Selección alemana no era un secreto, pero su cabeza escondía mucho más de lo que se sabía hasta ese momento.
Robert y su esposa Teresa sufrieron la muerte de su hija, Lara. La pequeña nació con una cardiopatía congénita y solo aguantó un par de años, hasta 2006, lo que significó un duro golpe para la familia Enke.
Sin embargo, Ronald Reng, amigo del malogrado portero, reveló en su libro Una vida demasiado corta que el temor al fracaso del guardametas, el cual surgió durante su fugaz paso por el FC Barcelona, lo llevó a suicidarse.
Y es que ser futbolista y hablar de sentimientos 12 años atrás, significaba ser blanco de críticas donde la palabra “débil” era la más suave que te dedicarían la prensa y los hinchas.
Destinado a la gloria
Robert Enke nació el 24 de agosto de 1977 en Neustadt, Baja Sajonia, y a una corta edad logró ganarse un lugar en las inferiores del FC Carl Zeiss Jena, el equipo de la ciudad.
Con 18 años, el 11 de noviembre de 1995, tuvo su debut oficial en un duelo ante el Hannover 96 por la segunda división alemana. De ahí en más, su carrera tuvo un ascenso meteórico.
Su primer gran desafío llegó un año después, cuando se hizo con la titularidad en el Borussia Mönchengladbach de la Bundesliga. Luego de tres temporadas, pasó al Benfica de Portugal, donde fue dirigido por José Mourinho.
Para entonces, el portero no evidenciaba síntomas de depresión y era reconocido por su carácter sensible y generosidad con sus compañeros, pese a la fortaleza que reflejaba en cada partido.

“A veces le veía la cara como una piedra y pensaba: ¿qué está pasando? Pero no tenía ninguna experiencia con la depresión”, comentó Ronald Reng, en una entrevista años atrás con AS.
Ambos se conocieron en Lisboa y el escritor y periodista fue uno de los primeros en enterarse que, por sugerencia de Mourinho al preparador de arqueros Frans Hoek, el FC Barcelona estaba tras los pasos del alemán.
Fue en el cuadro ‘culé’ donde la pesadilla de Robert comenzó y la sonrisa del germano, lentamente, comenzó a esfumarse.
El Barcelona, su cruz
En 2002, luego de tres exitosas temporadas con el Benfica, Robert Enke fue oficializado como refuerzo del FC Barcelona.
Ahí, el alemán de 25 años llegó a disputar el puesto de titular con el experimentado argentino Roberto Bonano y un incipiente Víctor Valdés, quien contaba con el apoyo de la hinchada por su origen catalán.
El técnico era el neerlandés Louis van Gaal quien, cegado por la línea de pensamiento de Frans Hoek y la presión de los fanáticos, no dudó en confiarle el arco a Valdés.

Eran días agitados para el club ‘culé’. Opacados por los “Galácticos” del Real Madrid, que conquistaron todo a su paso entre 2000 y 2006, los líos en el Camp Nou eran cosa de todos los días.
Enke pasó a ser el segundo y, por momentos, el tercer portero del Barcelona. Sin importar su esfuerzo en los entrenamientos, la titularidad jamás le correspondía.
“Robert sólo se preguntaba por qué. Tenía una autoexigencia tan grande que vio que el año clave se le escapaba y se culpó tanto, que todo acabó en una espiral que le llevó al pozo de la depresión”, escribió Ronald Reng en su libro.
El duelo que lo condenó
A disposición solo para duelos de menor envergadura, Robert Enke fue titular en un descalabro histórico del FC Barcelona: la eliminación en Copa del Rey ante el ya extinto Novelda.
Fue el 11 de noviembre de 2002. Ahí, el elenco catalán se inclinó 2-3 en su visita al equipo de tercera división y nadie, ni familia, amigos y esposa, lograron convencer al alemán que la derrota no había sido su responsabilidad.
Para peor, su entonces compañero de equipo, Frank de Boer, se despachó declaraciones a la prensa que solo enturbiaron aun más la sacudida mente de Enke. “Yo también soy culpable de la derrota, pero tuve la sensación de que el portero pudo haber hecho algo más”, afirmó el exjugador neerlandés.

Fue la condena para el portero. Jamás volvió a la titularidad y, en los entrenamientos, Frans Hoek se encargó de hacer añicos su ya trastocada confianza.
“Ese balón lo habría sacado Van der Sar”, “tienes que jugar la pelota con el interior como Edwin”, eran los reiterados reproches que Enke recibía, siendo comparado constantemente con el arquero titular de la Selección de Países Bajos.
“No tenía ni un solo amigo en el club. Se aferró a la idea de que todo iba en su contra y le llegaban rumores de que Víctor Valdés era titular por ser catalán. Los partidos le aterraban”, reveló Ronald Reng.
No extrañó que, al final de la temporada, Robert fuera cedido al Fenerbahce de Turquía. Estaba en un país donde no quería vivir, pensando que su carrera había llegado a su fin y cayendo en un profundo cuadro clínico de ansiedad.
Comenzó a tomar antidepresivos, Teresa lo obligaba a levantarse de la cama y solo compartía sus pensamientos con su diario, al que nombró “depre-agenda” y donde se definía como “Robbi, el de la cabeza rota”.
Segundo aire
Cuando la vida de Robert parecía caer por un precipicio, el CD Tenerife, de la Segunda División española, le abrió las puertas en 2004.
El club ‘chicharrero’ sabía de las cualidades del alemán y depositó su confianza en él. El germano respondió con buenas actuaciones en un año muy convulso para el equipo que, asediado por problemas económicos, dejó partir a Enke al Hannover 96.
El mismo elenco contra el que debutó en 1995, lo recibía con los brazos abiertos diez años después. Tardó pocos partidos en ganarse el puesto de titular y, las cinco temporadas que alcanzó a disputar con los de Baja Sajonia, le bastaron para graduarse de ídolo.

Sin embargo, el 17 de septiembre de 2006, falleció Lara. El corazón de la hija que Robert tuvo con Teresa no aguantó su cardiopatía congénita y, con apenas dos años, dejó de latir.
Los temores en la familia y cercanos a Enke se acrecentaron. ¿Qué golpe podría ser más duro para el arquero, cuya depresión era reconocida, que la muerte de su única hija?
“Paradójicamente, eso no tuvo nada que ver. La mayoría de los depresivos no están deprimidos todo el rato, van a épocas”, explicó Ronald Reng, quien cree que el adiós a Lara fue una inyección de fuerza para Robert.
Llegó a la Selección alemana, fue suplente en el segundo lugar de la Mannschaft en la Eurocopa 2008 y se perfilaba como estelar para el Mundial de Sudáfrica 2010 tras el retiro de Jens Lehmann.
Pero en 2009, todo cambió. Robert se excluyó de los últimos duelos de Clasificatorias por una “afección intestinal”, al mismo tiempo que escribía en su “depre-agenda” luces de un nuevo cuadro depresivo.
“Cuando al parecer le iba muy bien, cayó en la depresión y es inexplicable. Él mismo escribe en su diario ‘¿por qué ahora? ¿Por qué me toca ahora? No lo entiendo"”, detalló Reng en Una vida demasiado corta.
“Nos vemos más tarde”
Hasta que llegó el fatídico 10 de noviembre. Ese día, Robert salió de su hogar y les dijo a Teresa y Leila, la hija que habían adoptado seis meses antes, que llegaría tarde por un entrenamiento.
Enke sabía a la perfección los horarios del tren de Neustadt. Estacionó su vehículo cerca de una pasarela y caminó por las vías. Fue arrollado por el ferrocarril de las 18:15 horas. Tenía 32 años.
Alemania se paralizó. El mundo del fútbol quedó en shock. La Mannschaft canceló sus amistosos con Chile y Costa de Marfil. El estadio del Hannover 96 se llenó de muestras de cariño e hinchas preguntándose “¿por qué?”. El recinto volvió a repletarse días después para un masivo funeral.

“No tiene nada que ver con el fútbol”, declaró entonces el presidente del Hannover, Martin Kind, desconociendo los sentimientos que Robert ocultó por miedo y la existencia de su “depre-agenda”.
Pasaron años hasta que la publicación de Una vida demasiado corta permitió conocer un poco más de la pesadilla con la que Enke convivió por años.
Teresa, recordó para el libro, que aquel 10 de noviembre la sonrisa de su esposo brillaba en la última fotografía que se tomaron con Leila: “Era la más bonita del mundo”.
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