Emilio Shea enfrenta uno de los desafíos más importantes de su carrera deportiva. El pilar de Chile XV de rugby sufrió una grave lesión en la rodilla derecha durante el triunfo 33-12 ante Uruguay XV, en Talcahuano, en una acción que provocó una fuerte reacción dentro del campo de juego y que terminó con el seleccionado nacional fuera del partido.
En un primer informe, Chile Rugby había comunicado una lesión ligamentaria de alto grado, compatible preliminarmente con una rotura completa del ligamento cruzado anterior (LCA) y del ligamento colateral medial (LCM). Tras nuevos exámenes, se precisó que sufrió una lesión multiligamentaria de rodilla derecha y estableció un plazo estimado de recuperación de 12 meses.
En conversación con BioBioChile, el traumatólogo de rodilla de Clínica MEDS, Rodrigo Dölz, explicó que existe una definición precisa para este tipo de daño.
“Lo primero que hay que precisar es que una lesión multiligamentosa de rodilla exige una lesión traumática de alto grado o completa de al menos dos de los grandes complejos estabilizadores de la rodilla, que son el cruzado anterior, el cruzado posterior, el complejo medial o el complejo posterolateral”, señaló.
Dölz, eso sí, evitó aventurar un diagnóstico más específico al no conocer las imágenes y el informe completo del paciente. “Entonces por lo que se informó públicamente de este jugador se habló de una rotura completa del cruzado anterior y el ligamento medial, lo que podría inicialmente cumplir esa definición, pero obviamente sin examinar al jugador ni revisar personalmente sus imágenes, que son claves, no me correspondería caracterizar con mayor precisión el patrón de la lesión, eso lo saben los médicos que lo examinaron y que vieron la resonancia”, sostuvo.
La gravedad, según el traumatólogo, está directamente relacionada con el objetivo que se persigue en la recuperación. Para un deportista profesional, no basta con que la rodilla permita caminar normalmente o realizar actividad física cotidiana.
“Es una lesión grave, y no solo porque haya más de un estabilizador de un ligamento comprometido, sino porque el objetivo final no es volver a caminar ni siquiera volver a trotar, es recuperar una rodilla capaz de soportar nuevamente todas las situaciones de juego, como cambios de dirección, desaceleraciones, contacto y la enorme exigencia del rugby profesional”, afirmó.
En ese escenario aparece el plazo de 12 meses anunciado. Dölz considera que un periodo de esa magnitud resulta razonable cuando se habla de regresar al deporte competitivo de alto nivel.
“¿Por qué se habla de 12 meses? Esto es más complejo que operar solamente un ligamento, porque el periodo de recuperación es evidentemente más largo, hay que tener más restricciones en un comienzo, y una lesión multiligamentosa de rodilla requiere una rehabilitación que sea prolongada y progresiva”, explicó.
El proceso no consiste, sin embargo, en esperar que transcurra un año para autorizar automáticamente el regreso. El tiempo funciona como una referencia biológica, mientras que la decisión deportiva debe sustentarse en evaluaciones objetivas.
“Entonces, lo que quiero dejar bien claro es que el retorno deportivo hoy en día no se decide solamente por tiempo, se decide por criterios que va cumpliendo el deportista en su proceso de rehabilitación”, enfatizó el especialista.
¿Y cuáles son esos criterios? Dölz apunta a una evaluación integral de la rodilla y de las capacidades que el jugador necesita para volver a competir.
“Para volver a competir, el deportista tiene que demostrar que ha superado, por ejemplo, diferentes etapas de rehabilitación y que cumple criterios objetivos de movilidad, estabilidad, fuerza, potencia, control neuromuscular, biomecánica y tolerancia a las demandas específicas del deporte”, detalló.
La evolución, además, debe ser monitoreada durante todo el proceso. “Vamos haciendo evaluaciones biomecánicas, seriadas, en general. Nosotros en Clínina MEDS, particularmente, las hacemos cada tres meses, a los 3, 6, 9, 12 meses, hasta que el deportista logre pasar todas las etapas y hacer un retorno deportivo seguro”, explicó.
A ello se agregan controles mediante imágenes. “Y obviamente también vamos controlando con imágenes para asegurarnos que los injertos se integren adecuadamente y que todas las lesiones cicatrizen bien”, apuntó.
Por eso, el retorno de Shea al rugby no estará determinado exclusivamente por el calendario. “Entonces, no vuelve porque cumplió 12 meses, vuelve cuando cumple los criterios necesarios para competir de manera segura. Ese es el concepto”, resumió Dölz.
En un deporte de contacto como el rugby, donde la rodilla debe tolerar aceleraciones, frenadas, cambios de dirección y choques, alcanzar esos estándares será fundamental antes de pensar en una vuelta a un partido oficial.
Así, para Emilio Shea comienza ahora una recuperación que probablemente estará marcada por distintas etapas. El gran objetivo no será simplemente que el pilar vuelva a entrenar, sino que consiga demostrar que su rodilla está preparada para soportar nuevamente las exigencias de la alta competencia.