El antofagastino Sebastián González es el primer chileno en conseguir la triple corona de aguas abiertas, hazaña que completó al cruzar el Canal de la Mancha en septiembre pasado, tras haber conquistado la bahía de Manhattan en Nueva York y el canal de Santa Catalina en Los Ángeles.

Ahora se prepara para un nuevo desafío extremo: cruzar nadando el canal Kaiwi en Hawái, un recorrido de 42 kilómetros entre las islas Molokai y Oahu que lo mantendrá en el agua durante aproximadamente 15 horas continuas, en un área donde hay tiburones, medusas y corrientes impredecibles.

—¿Cómo te estás preparando para este próximo desafío en Hawái?

Vamos a cruzar el canal Kaiwi nadando desde la isla Molokai hasta Oahu en un nado de 42 kilómetros. Aproximadamente van a ser 15, 16 horas continuas de nado sin asistencia, sin descanso, sin afirmarme de nada, solamente nadando e hidratándome desde el agua, flotando. Como máximo puedo detenerme un minuto para hidratarme y no puedo tocar nada ni nadie me puede tocar. Me tienen que lanzar el termo amarrado a una cuerda al agua. Puedo parar, pero por las corrientes es mejor seguir nadando porque, por ejemplo, en el Canal de la Mancha, cada vez que me detenía, la corriente me hacía retroceder; entonces seguía braceando para poder hidratarme tranquilo.

—¿Cómo funciona la alimentación durante tantas horas?

Comemos, pero muy poco. En el mismo termo se ponen unas barras energéticas. Todo lo hacemos con el trabajo del nutricionista, que va viendo todas las alimentaciones que tengo que tener en los días previos. Ya desde esta semana estamos comenzando con la pauta para preparar este desafío. El día antes tenemos una pauta específica y el día del nado también. El nutricionista nos va diciendo cada cuánto tiempo nos vamos a hidratar, qué vamos a consumir. En este caso lo vamos a hacer con frutas, ya que el agua va a ser tibia, por lo que vamos a estar con mucha deshidratación.

Los peligros del océano

—¿Qué tan real es la posibilidad de encontrarse con tiburones en ese nado?

Hay sectores donde aparecen tiburones. Entonces, la embarcación y toda la logística tratan de que nademos de noche, porque está estudiado que de noche los tiburones no atacan frecuentemente. Se planifica todo para que yo pase justo por ese sector de noche. El nado va a partir aproximadamente a las siete, ocho de la tarde, hora de Hawái, que en Chile van a ser las dos, tres de la mañana. Así, cuando ya esté amaneciendo, debería haber pasado la zona donde se estima que hay más tiburones. Además, hay un equipo monitoreando la actividad bajo el agua. Y voy con un brazalete que va emitiendo una onda que los espanta en caso de que alguno se acerque. No es 100% eficaz, pero eventualmente ayuda.

—¿Y tienen protocolo de emergencia si aparece un tiburón?

Sí, ha ocurrido que tiburones se hayan acercado a nadadores. Lo que ahí se hace es que un kayak comienza a navegar alrededor del nadador para que este se vaya acercando a la embarcación. En tanto, el kayak va pegándole al agua con el remo como para asustar al tiburón. Eso, entre comillas, porque el tiburón no se asusta tanto. Pero la idea es llegar a la embarcación, para que tu equipo te saque del agua lo más rápido posible.

—¿Y las medusas? Porque en Hawái está la fragata portuguesa…

En Hawái está repleto de medusas. De hecho, la fragata portuguesa llega justo en esta época. Es muy probable que termine picado por alguna medusa, pero estamos preparados para eso. Me ha pasado demasiadas veces. En el Canal de la Mancha me picaban mucho y la embarcación decía: ‘Oye Sebastián, ¿por qué pasas por arriba de las medusas y no les haces el quite como otros nadadores?’ Yo pasaba por encima nomás, me picaban, pero estoy acostumbrado porque en Antofagasta, en el verano, voy a nadar y siempre está repleto de medusas. Ya es como una picadura más. Ahora capaz que me va a doler un poco más, porque es la fragata portuguesa, pero vamos preparados mentalmente de que eso puede pasar.

—¿No hay ningún repelente o crema que te puedas echar?

No, porque estos nados tienen que ser 100% sin asistencia. Los nados fríos como el Canal de la Mancha los tenemos que hacer con zunga los hombres y las mujeres con traje de baño largo. No se permite nada que te ayude a mantener la temperatura corporal. El traje de neopreno, que te ayuda a la flotabilidad y a mantener la temperatura, no se puede usar.

—¿Cuál es el susto más grande que has pasado nadando?

El susto más grande fue cuando una vez me pasó una ballena por abajo. En el Canal de la Mancha no veía mucho porque estaba de noche y el agua estaba muy movida, entonces no supe si pasó algo. Pero en Antofagasta, en un nado clasificatorio para el Canal de la Mancha, tuve que nadar seis horas y ahí pasó una ballena nadando por abajo. En realidad, fueron dos.

Obviamente que me asusté. Me asusté tanto que grité. Pero todo el equipo arriba estaba muerto de la risa diciendo: “Seba, ya llevan como dos horas nadando contigo”. No las había visto. Después me dije: fue como un regalo, me estaban acompañando en el agua. Yo siempre, antes de entrar al mar, pido permiso. Siempre entro al mar con respeto, porque el mar no es de nosotros; nosotros somos los invitados en el mar, entonces nosotros tenemos que cuidar el mar. Cada vez que voy nadando y hay algo, un plástico, una bolsa, trato de avisarle a mi equipo para que lo saquen. Entonces fue muy emocionante haber tenido la instancia de nadar con una ballena.

El camino a la triple corona

—¿Cuándo se te ocurrió nadar en aguas abiertas?

Comencé a nadar en aguas abiertas desde los catorce, quince años, pero a los diecisiete el equipo con el que trabajaba me autorizó a nadar desde Juan López, una playa que está frente a Antofagasta, hasta la costa de Antofagasta. Eran 22 kilómetros, unas seis horas de nado. Terminé mal, con hipotermia; no podía caminar, no podía hablar, nada. Pero mientras me estaba recuperando, me dije: ‘Quiero hacer los nados más difíciles del mundo y demostrarle a la gente que se puede lograr lo que uno se proponga’. Así que comenzamos con la búsqueda de financiamiento, viendo cómo llegar a los nados más difíciles del mundo. Lamentablemente, llegó la pandemia y el proyecto quedó detenido, hasta que en 2023 logramos conseguir la primera corona, que fue rodear Manhattan, en Nueva York, y después cruzar el Canal de la Mancha.

—¿En qué piensas durante tantas horas nadando?

Al principio uno piensa: ‘¿Y qué pasa si me aparece un tiburón o alguna otra especie marina?” Pero después voy agradecido de todas las personas que me están apoyando. Mi equipo me va compartiendo los mensajes de las personas que están viendo los videos en vivo, porque transmitimos a través de mi Instagram @gonzalezsebastian. Me van gritando: ‘La gente te está alentando, te están diciendo esto’. Entonces voy pensando más que nada en esos mensajes, en todo el esfuerzo que se tuvo que hacer para llegar a ese nado, en lo orgulloso que estoy de estar representando a Antofagasta y al país en uno de los nados más difíciles del mundo. Y ya después voy pensando en qué voy a comer al salir.

—¿Cómo es tu rutina de entrenamiento?

Nunca dejo de entrenar. Entreno diariamente entre 6 y 7 horas, yendo a entrenar en piscina, en gimnasio. Voy mucho al mar antes de un nado de muchos kilómetros, y también trabajo kinésico. Hago yoga, trabajo con nutricionista; es una preparación bastante extensa para llegar en las mejores condiciones a cada desafío. Diariamente nado doce, trece kilómetros, o a veces más. Cinco días antes del comienzo de la ventana le bajamos la intensidad; ya no nadamos los 13 kilómetros, nadamos 6.

—¿Cómo funciona el tema de la ventana de nado?

En este caso, mi ventana es del 11 al 20 de junio. Estando allá en Hawái, el capitán de la embarcación me va a decir tal día es el nado, pero me van a avisar con veinte, veinticuatro horas de anticipación. Todo eso dependiendo de las corrientes, del pronóstico del viento, del clima.

—¿Cómo se financia todo esto?

Por suerte, contamos con auspiciadores. También nos está apoyando el gobierno regional con el Consejo Regional.

—¿Qué viene después de Hawái?

Hay otros nados que tengo en mente. Por ejemplo, el Canal del Norte entre Irlanda y Escocia, el estrecho de Cook en Nueva Zelanda, el estrecho de Tsugaru en Japón, el estrecho de Gibraltar. Cada uno tiene distintas dificultades, que pueden ser la temperatura del agua, las corrientes. Hay nados que uno dice “son 42 kilómetros”, pero uno va a terminar nadando 50, 60 kilómetros solamente por las corrientes. Otro nado que estamos preparando es rodear Rapa Nui. Ningún hombre lo ha logrado, solamente una nadadora sudafricana lo hizo en 2019. Estuve en la isla en septiembre, llegando del Canal de la Mancha, porque para mí era muy importante que las personas de la isla me conocieran, compartir con ellos. Tuvimos muy buen recibimiento y ya me están ayudando, ya estamos planificando ese nado.