Desde los Juegos Olímpicos de París 2024, donde se colgó la medalla de oro, Imane Khelif no solo tuvo que lidiar con la exigencia del alto rendimiento, sino con una tormenta mediática global que cuestionó incluso su identidad.
Acusada de ser un hombre por figuras como Donald Trump o Elon Musk, Khelif ha decidido responder sin rodeos y con el objetivo claro de volver a ganar en Los Ángeles 2028.
En una entrevista concedida a L’Équipe, la campeona olímpica afrontó la polémica con serenidad y firmeza. “Respeto a Trump porque es el presidente de Estados Unidos, pero la verdad es la verdad y no puede cambiarla. No soy trans, soy una mujer. Es un problema político. No conozco sus motivaciones”, afirmó.
Y, lejos de mostrarse intimidada, lo hizo con ironía. Aseguró entre risas que está “trabajando” para que el propio presidente estadounidense le entregue una medalla en el podio de los próximos Juegos.
“Soy una joven árabe y musulmana. Me crié como tal, crecí como tal y la gente me conoce como tal. Así que -si tuviera al señor Trump delante-, le diría que trabajo cada día para que me cuelgue una medalla en el podio de Los Ángeles”, apuntó.
Khelif también habló abiertamente sobre su genética y sobre el tratamiento hormonal al que se sometió antes de los Juegos de París para reducir sus niveles de testosterona. Un proceso que, según explicó, volverá a asumir si así lo exigen las nuevas normas de World Boxing, el organismo que ha introducido pruebas de identificación de sexo.
“Para los próximos Juegos, si tengo que hacerme una prueba, la haré. No tengo ningún problema con eso, ya la hice y gané la medalla de oro”, subrayo.
En lo deportivo, asegura que el tratamiento no alteró su rendimiento en el ring. Para ella, el boxeo nunca ha sido una cuestión de fuerza bruta. Sin embargo, el impacto emocional fue profundo.
“Te desequilibra. Por ejemplo, a mí me hacía llorar mucho porque altera las emociones. Sobre todo en los periodos de pérdida de peso para bajar del límite”, confesó, dejando entrever el costo personal.
La campeona insiste en que su caso no debería ser utilizado como arma ideológica. “Son los médicos y los profesionales quienes deben decidir. Todos tenemos una genética diferente, todos tenemos niveles hormonales diferentes. No soy transexual. Mi diferencia es natural. Soy así. No he hecho nada para cambiar la forma en que la naturaleza me ha hecho. Por eso no tengo miedo”, recalcó.
Hubo momentos, reconoce, en los que el ruido exterior casi la vence. La presión fue tan intensa que incluso su familia temió por ella.
“Mi madre me dijo que era demasiado duro de soportar. Los ataques eran tan virulentos que me aconsejó dejar el boxeo. Yo también lo pensé”, admitió.
Pero la medalla acabó siendo un ancla emocional. “Cuando miro mi medalla, todo se desvanece. Durante los tres meses que siguieron a los Juegos, la miraba todos los días. Me invadían muchos sentimientos. Hice tantos sacrificios para conseguirla. Es un logro increíble”, concluyó.