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Los unió el basket y los separó la guerra: Divac y Petrovic, un quiebre que perduró hasta la muerte

09 septiembre 2023 | 06:33

En 1990, la selección de básquetbol de Yugoslavia vivió su época de apogeo. Un año después, el país se disolvió y el conflicto bélico entre Croacia y Serbia terminó por separar a dos cracks de la NBA, que nunca pudieron reconciliar una amistad forjada en el deporte.

“Construir una amistad lleva años, pero destruirla, un segundo”. Esa es la frase con la que un alicaído Vlade Divac define su, por sobre todas las cosas, cariño y respeto por lo que vivió junto a Drazen Petrovic.

Y es que para el pívot es imposible no recordar todos los buenos momentos que pasó junto al talentoso escolta jugando al básquetbol, la gran pasión que los unió, pero también, los separó en un sentimiento de perdón que no pudo hacerse realidad.

El orgullo de defender a Yugoslavia significó el punto de partida para ambos y también, el comienzo de un periplo más que destacable, todo esto, en pleno apogeo y posterior estallido de la disolución del país.

El periplo desde 1986 a 1991 definir como clave en ese aspecto, siendo su clímax en el año 1990, con la disputa del Mundial de Básquetbol de Argentina.

Tras conseguir la plata en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988 y el oro como local en el Eurobasket de 1989, la cita cestera que se llevó a cabo en suelo trasandino fue la reunión para la generación notable del básquetbol yugoslavo.

Divac y Petrovic Yugoslavia

Una amistad -y una nación- en ruinas

Con Petrovic y Divac, de Portland Trail Blazers y Los Angeles Lakers en la NBA, respectivamente, el conjunto arrasó y se llevó el título mundial ante la potente Unión Soviética. Sin embargo, la consagración derivó en un abrupto final.

El espectador argentino, Andrés Sakic, ingresó a la cancha con una bandera de Croacia. Fue ahí cuando Divac, nacido en Serbia, agarró al estandarte y forcejeó con el individuo, sin imaginar lo que pasaría después.

Vlade Divac Drazen Petrovic bandera

“Yo solo quería proteger a mi equipo y decir que éramos un equipo de Yugoslavia, no de Croacia, Serbia ni de ninguna otra república“, confesó el exjugador de Sacramento Kings en 2010.

Sin embargo, las ‘heridas’ ya habían empezado a surgir, impensadamente, en Croacia y Drazen Petrovic.

En Serbia, Divac fue tratado como un héroe en medio del conflicto balcánico, mientras que, por el otro lado, era todo lo contrario.

Con los medios croatas en su contra, la figura yugoslava de Divac comenzó a ser eclipsada por su acto en la final, lo cual, también tuvo consecuencia en la relación con Petrovic.

El adiós definitivo… y eterno de Petrovic a Divac

Las cosas no pintaban nada de bien. De ser compañeros y casi hermanos, la distancia entre ambos jugadores era evidente, eso sí, con mayor profundidad para Drazen Petrovic, que pasó de la suplencia en Portland a ser la estrella de los New Jersey Nets.

Como era costumbre, Vlade Divac lo esperaba para saludarlo, pero el escolta se negó. Al exjugador del Real Madrid le había dolido el episodio de la bandera y sumado a eso, le preocupaba lo que vivían sus amigos y familia como parte del ‘bando’ de Croacia.

“Las cosas se han complicado en nuestro país. No hemos hablado desde entonces.Es un buen tipo y un buen jugador de baloncesto. Pero esto es un tema más político que otra cosa“, dijo, en 1993.

Posteriormente a eso, Petrovic jamás le volvió a dirigir la palabra a Divac. Lamentablemente para Vlade, la oportunidad de reconciliación quedó en nada, con la repentina y dura muerte de Drazen.

El 8 de junio de 1993, el jugador de los Nets fue víctima fatal de un accidente de tránsito, muriendo al instante luego de que un camión embistiera de frente a su automóvil en Denkendorf, Alemania.

Dieciséis años después al conmovedor suceso, el documental de ESPN 30×30, ‘Once Brothers’, entregó una pieza magistral respecto a la rotura de una querida amistad que se forjó en la NBA.

La aplaudida pieza audiovisual entrega, en uno de sus momentos más conmovedores, el regreso de Vlade Divac a Croacia para visitar la tumba de Petrovic. “Siempre pensé que llegaría el día en que Drazen y yo nos sentaríamos y hablaríamos, pero ese día nunca llegó”.

El final de ‘Once Brothers’ concluye con la emotiva imagen de Divac saludando a Drazen, para posteriormente dejar una foto de ambos en su sepulcro, símbolo de que, a pesar de los éxitos que tuvo en su carrera, el capítulo más triste de toda su vida: no poder haber firmado la paz con alguien que consideraba como un hermano.