Claudia Cabezas, La mujer que se transforma en máquina (c)

Crítica de Teatro: "La mujer que se transforma en máquina"

22 septiembre 2021 | 16:11

El pos feminismo, una línea filosófica de ruptura con el antropocentrismo y aludir a la tecnología como una herramienta que puede ayudar a generar un real cambio social en la sociedad planetaria son algunos soportes de esta enigmática propuesta.

Por Leopoldo Pulgar Ibarra

Y es una cyborg la figura dominante, una mujer mitad humana-mitad máquina, el eje que el dramaturgo elige para mostrar este planteamiento, a través del proceso de transformación que protagoniza K1000 para eliminar de su cuerpo todo vestigio humano y convertirse en un sistema tecnológico integrado.

Video-teatro -no cine- es el nombre que los realizadores utilizan para definir esta producción, realizada en medio de la exigencia pandémica de producir arte escénico en condiciones de encierro.

Y lo logran plenamente, porque este híbrido transmedial suelta la imaginación para que los recursos tecnológicos -lumínicos, sonoros, electrónicos, imágenes y voces- asuman su propio protagonismo, combinándose con un arte vivo -el teatro-, previo dejar de lado la idea de que toda creación escénica debe iniciarse a partir del texto dramático, de una historia, del perfilamiento de sus personajes o de la actuación.

Este proyecto, que dirige Tamara Figueroa, diseñadora escénica y académica, es uno de los siete elegidos por Escenario Compartido, convocatoria organizada por entidades teatrales, que tuvo 170 postulantes.

Procesos y fusiones

“La mujer que se transforma en máquina” tiene como referencia el “Manifiesto para Cyborgs” (1982), de Donna Haraway, bióloga, zoóloga y filósofa estadounidense, que critica el feminismo esencialista y otras ideologías.

La científica concibe “al ser contemporáneo como un ´ser fusionado´ entre humano y máquina” que no necesita distinciones de género, además de rechazar los límites “que separan lo humano de lo animal y lo humano de la máquina”.

K1000 (la actriz Claudia Cabezas) es una androide que, en esta creación escénica, busca convertirse en máquina, un recorrido en el que surgen otras presencias que nunca dialogan y no tienen relaciones de jerarquía entre sí.

De este modo, un Coro (la actriz Naldy Hernández), el complejo universo lumínico y sonoro generado con recursos tecnológicos y una Voz en Off que reflexiona y expone razones y objetivos de este proceso van creando sus propios lenguajes que confluyen en pantalla.

En esta producción todas sus partes son determinantes y tienen vida propia e independiente, pero en conjunto buscarán confluir en una entidad que se muestra en el video-teatro.


Intervenciones reales

Según el procedimiento de producción de esta propuesta, las imágenes, las voces y los sonidos fueron grabados de manera directa, un material que después fue intervenido por medios tecnológicos, entre los cuales figuran sintetizadores.

En primer lugar, la obra propone un punto de vista claro y controvertido, desde el momento en que presenta una visión del mundo que demuele el método de análisis estrictamente racional, por lo que su coherencia de sentido se manifiesta y explica dentro de sí mismo.

Sin embargo, mantiene una ligazón con la realidad cotidiana y la búsqueda de un posfeminismo cuando arremete, por ejemplo, contra el patriarcado, una especie de declaración de principios que se lee en pantalla.

“La caída del patriarcado significó para el siglo XXI una transformación sin igual donde la diversidad de discursos en torno al cuerpo se fusionó con una (visión) políticoespiritual sistemática de la realidad”.

Con esta referencia, a través del Coro y la Voz en Off, la obra va desplegando un discurso filosófico denso y, a ratos, críptico, sin perder de vista el proceso que vivirá K1000, un sueño válido para la humanidad.

La parte y el todo

Lo espacial y el contacto extrahumano, el cambio en los ideales, la construcción de líneas de tiempo estables, la producción y la reproducción, y la concepción de un cuerpo humano en su tránsito hasta cumplir un sueño: convertirse en un sistema tecnológico integrado, son algunos de las ideas y conceptos de esta versión chilena sobre el cyborg.

En pantalla, en tanto, se advierte un ambiente global que sugiere espacios de ciencia ficción, etéreos, a menudo distorsionados o reconstruidos, que sugieren lejanía o cercanía, con luminosidades y sonoridades indescriptibles, lejos de toda “realidad”, individuos que se multiplican y compenetran, las partes unidas con el todo.

Es cierto que no hay un despliegue actoral: en realidad, lo constreñido de la actuación de ambas actrices favorece un accionar en el que predomina lo hierático y el silencio, y que subraya lo solemne y la sugerencia expresiva.


A fin de cuentas, se trata de generar experiencias vivas a través de la ficción, reflexionar sobre el posfeminismo y terminar con las dualidades antagónicas natural-artificial, animal-máquina, naturaleza y cultura, junto con proponer la deconstrucción de la conciencia para salir de las trampas históricas y auto concebirse en permanente viaje y cambio hacia una nueva realidad integradora.

Por todo esto pasará K1000 en una propuesta atractiva, rupturista e inquietante, tal vez, el híbrido que mejor ha resuelto el encuentro entre lo teatral y lo audiovisual, formato que ha tenido cientos de experiencias en el último año y medio.

Una obra que también presiona y hace pensar en cuántos dispositivos tecnológicos y artificiales, o sea, fragmentos de máquinas, utilizan hoy millones de personas como única forma que sus cuerpos funcionen.

La mujer que se transforma en máquina

Idea Original: Dique5
Dirección: Tamara Figueroa
Dramaturgia: Sebastián Farah (basado en “Manifiesto para Cyborgs”, de Donna Haraway.) Traducción: Sofía Bras Harriott
Intérpretes: Claudia Cabezas, Naldy Hernández, Emma Westfall.
Director Técnico: ParasitoRaro
Video: Keka Taucán
Sonido: Spec
Cámara: Carol Mckenzy Mcloud
Vestuario: Lían Gallano
Producción: Abril Sandoval Espinoza
Comunicaciones: Matías Salinas Valenzuela.

Plataforma www.ticketplus.cl
Viernes y sábado, 20.30 horas.
Entradas, de $ 2.000 a $ 6.000.
Informaciones: teatros UC, Gam, Del Puente, Biobío, Mori-Famfest, Parque Cultural de Valparaíso.
Del 24 septiembre al 2 octubre.