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Luis Narváez, director: "En lo primitivo está la respuesta para entender el mundo que nos rodea"

25 noviembre 2020 | 15:33

Con el empuje que provoca la crisis múltiple que vive el país, ha crecido el interés escénico por abordar aristas de la cultura, mitos y realidades de los pueblos originarios, fuente ineludible de la estructura mestiza de Chile.

Por Leopoldo Pulgar Ibarra

Una opción de la cia. LaNativaTeatro, fundada en 2018 que, con el apoyo de un Fondart Regional 2019, acaba de plasmarse en la propuesta digital “Susurros de una travesía, el Niño del Plomo”.

A este primer título de la Trilogía Originaria le siguen otros dos, también con el recurso de las marionetas y dedicados a toda la familia: sobre los mitos yaganes y la cosmovisión mapuche.

“Susurros…” entrelaza dos historias alrededor de utopías muy humanas: la del niño noble, sepultado vivo en el cerro El Plomo (santuario inca a 5.424 msnm, ubicado frente a Santiago) como ofrenda de reconocimiento y gratitud al dios Inti, en la ceremonia ritual Capac Cocha (“Obligación real”); y el viaje actual de Pedro, Juan, Dieguito y el perro Wenceslao hacia la cumbre de esta montaña, tratando de dejar atrás las penurias de la pobreza y el hambre. 

“Me interesa y estudio mucho de manera autodidacta lo antropológico, porque creo que en lo primitivo y originario está la respuesta para comprender -creando- el mundo que nos rodea”, afirma Luis Narváez, dramaturgo y director del montaje debutante.


Espacios rituales

¿Qué alcance le das a lo “primitivo”?

“Lo primitivo, lo arcaico es lo inherente a la especie humana, como el arte, la pintura, la música, la representación… Desde allí me interesa lo espiritual y estético, lo que el arte de la representación es capaz de generar a través del rito.

“El teatro, la música, la pintura… el arte nos devuelve al espacio de la caverna, al rito. Al escribir las obras me estoy conectando con los espacios rituales”.

¿El rito y lo ritual tienen vigencia en sociedades como las actuales?

“El rito es una manifestación humana. Me provoca sorpresa y admiración en lo espiritual y emocional al conectarme con aquello que da explicación a lo desconocido, que permite el consuelo de vivir, comprender la vida y vivenciarla.

El rito está muy arraigado en todos nosotros. Somos seres rituales y cada uno debe tener sus ritos particulares. Nos consuela, nos traza una línea para experimentar la vida”.


¿Lo notas en las movilizaciones sociales?

“Sin duda. He sido muy participativo en el estallido y la revuelta, mucho, y me he maravillado hasta las lágrimas cuando se levantan ritos muy espontáneos.

“Allí veo lo tribal inherente a todos nosotros, se manifiesta, nos unifica y tiene total relación con la esperanza, con exorcizar los demonios que se quieren derrotar. Lo he presenciado y me he maravillado.

“Lo ritual es un espacio que se vuelve adictivo, porque apela a lo primitivo y eso nos convoca. Lo primitivo es una falencia de nuestra cultura que lo mira de manera peyorativa.

“En lo primitivo está la riqueza de la transformación de la materia, el descubrimiento y la adaptación para sobrevivir: es lo mágico”.


Historias de calle

¿Qué ritos destacarías durante la revuelta social?

“La víspera del 25 de noviembre de 2019, la madrugada en que se firmó el pacto previo al plebiscito, se decía que Piñera sacaría de nuevo los milicos a la calle.

“La noche del 24 fue bien dura alrededor de la Plaza de la Dignidad: se levantaron barricadas y salieron los laser, la gente bailaba en los techos de los paraderos de las micros, se golpeaban las murallas, las latas. ‘No tenemos miedo’, se decía.

“Estallaron las luces de laser masivamente. Era impresionante. A las barricadas llegaron machis y mapuches con rituales para proteger a los que estábamos allí”.

Promesas incumplidas

Música y marionetas (técnica de marotes: manga, coronada con una cabeza grande), voces en off, escenografía con cielo, azul y hielos eternos hay en “Susurros de una travesía, el Niño del Plomo”.

También fuegos, colores, la montaña como entorno (la naturaleza abraza), “voz antigua de tierra y de sol”, ojos en primer plano, imágenes incas, “los cerros crecen cada noche un poquito más para esconder sus secretos de los humanos y podrían llegar hasta las estrellas”, se dice.

En “Susurros…” se entrelazan historias de épocas muy lejanas…

“Sí, los niños suben al cerro buscando salir de la pobreza económica que afecta lo espiritual, hay algo prometido para ellos en el Cerro El Plomo. Un tesoro de indios.

“No deja de ser una metáfora: en 1954 tres pirquineros que escalaron la montaña buscando ganarse la vida encontraron a un niño enterrado vivo, drogado, adormecido, en pleno período incaico. Equivale al deseo de desear, de encontrar algo que lo complete como ser humano. Pedro, en a obra, sin saberlo, está llevando a su nieto Dieguito como ofrenda.

“Son pedazos de imágenes en una obra virtual fragmentada. Si encuentran algo, ellos igual seguirán siendo pobres. No lo saben. Pero encontrar algo, los va a completar”.

Optaste por presentar a los personajes como animales humanizados…

“Fue una propuesta de Jocelyn Olguín (diseñadora integral y de arte) relacionar los rasgos emotivos y sicológicos de los personajes con la referencia de animales de la zona (lagarto, cóndor, roedor), lo que le da fantasía a una obra que también tiene cosas realistas. Todo se hizo más primitivo y lúdico al relacionar ambos espacios”.

Teatro UFT. Zoom.
Sábado 12.00 y 19.00 horas; domingo 12.00 horas.
Entrada general $ 4.000. Hasta el 29 de noviembre.
https://ticketplus.cl/events/el-nino-del-plomo