Cultura
Asesinato o suicidio, Argentina mató a Nisman
Publicado por: Ezio Mosciatti
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En el pa√≠s de los ‚Äėrelatos salvajes‚Äô la muerte y la ficci√≥n caminan de la mano. A los argentinos no se les ocurrir√≠a descansar en el descubrimiento de una verdad desnuda. Ellos saben que cuando los hechos est√°n establecidos, reci√©n ah√≠ comienza el misterio. Tambi√©n saben que el relato se devuelve sobre los hechos, los transfigura, los oculta y muchas veces los pierde durante diez a√Īos o en una eternidad.

Texto de Fernando Balcells

La pregunta por el culpable puede ser respondida con el nombre del que apret√≥ el gatillo, Isabel, Pedro o Alberto, pero entonces se desplegar√°n las interrogantes sobre el que escribi√≥ el guion, el que estableci√≥ esa cronolog√≠a precisa, el que mont√≥ el escenario y el que cre√≥ las condiciones de esta fatalidad. Los investigadores van a encontrar m√ļltiples hebras a seguir, buscando darle un sentido a esta muerte que no tiene sentido. El trenzado de todas las pistas y los v√≠nculos que hacen sentido nos lleva al tejido denso, apretado y oscuro de la historia Argentina.

Lo que importa es saber porqué y como Argentina mató a su héroe.
En uno de los episodios de la pel√≠cula que postula al Oscar, la agudeza del polic√≠a investigador es solo igualable a la velocidad con que se negocian los sobornos. En la misma historia de la AMIA que investigaba Nisman los relatos inveros√≠miles se enredan unos en otros que se comprueban, contraponiendo ficciones sobre verdades de espionaje y guerra terrorista mundial. Todo de una manera tan elaborada que Rashomon-el cl√°sico japon√©s de la multiplicidad de los puntos de vista- parece un juego de ni√Īos.

Mientras escribo estas l√≠neas contin√ļan apareciendo hip√≥tesis y novelas completas que buscan endulzar esta muerte. Desde luego, la figura del Cid Campeador, ganando una batalla despu√©s de muerto, ha revoloteado en muchas historias. Otros, afirman que El Cid gan√≥ su batalla haci√©ndose el vivo, mientras Nisman lo habr√≠a hecho haci√©ndose el muerto. Tal vez, dicen otros, el fiscal lleg√≥ a la convicci√≥n de que esta batalla solo se pod√≠a ganar desde la muerte.

Puede ser que él haya hecho un balance de su vida y decidido que este sacrificio sería su legado. Cuesta aceptarlo, pero el sentido bíblico y operático de los argentinos es insoslayable.

De pronto, la sospechosa aparece exigiendo justicia y compartiendo la hip√≥tesis del asesinato. Otra autoridad de gobiernorevelaba que el fiscal habr√≠a sido v√≠ctima de su credulidad ante una maniobra de contra inteligencia. Seguramente la muerte fue el error de un c√°lculo impreciso. Pero una historia sostenida en diez a√Īos de investigaci√≥n ya no es una mentira, ni una puesta en escena, ni una √≥pera magna; es la invenci√≥n de un mundo completo. Documentos, testimonios, grabaciones, personajes principales y extras en abundancia hacen de este drama un monumento literario del que ni Borges estar√≠a a la altura. Para acercarse a esta muerte se necesita el teatro griego.

La muerte de Nisman, asesinato o suicidio, es una tragedia inconmensurable a la que se suma una tragedia mayor; la falta de sentido p√ļblico de la pol√≠tica argentina. Entiendo que la noci√≥n es vaga. Me refiero al teatro de S√≥focles o de Esquilo, a la iron√≠a tr√°gica en que la responsabilidad de los actores no est√° limitada por su conciencia.Edipo es culpable de su ignorancia, de su falta de curiosidad, de su error involuntario, de su omisi√≥n y de su humanidad. Sus actos son pecados asubjetivos pero insalvables. Los protagonistas son arrastrados por las consecuencias de sus actos sin exculpaciones posibles.

La muerte de Nisman es de esos dramas políticos que destierra a los involucrados hasta que el fuego expía la maldición que los dioses han dejado caer sobre la comunidad. Corresponde a la mirada espantada de los argentinos no detenerse en el próximo cuento y borrar las costumbres institucionales que facilitan los encubrimientos y los enigmas interminables.

M√°s all√° del humor negro y del amor a la literatura, la sociedad debe tener la capacidad de distinguir, en su cotidianeidad y en sus instituciones, los relatos que resultan invivibles.

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