"Se tiñen como Lamine": el fenómeno Yamal en el barrio donde creció y el origen de su celebración

Sábado 04 julio de 2026 | 10:45

Ignacio Molina | Edición BBCL
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La camiseta firmada por Lamine Yamal cuelga en el restaurante El Cordobés, en Rocafonda, recordando sus raíces en el barrio. Lamine, jugador del Barcelona y la selección española, creció en Rocafonda, celebrando goles con el código postal del barrio. Su fútbol eléctrico lo llevó a marcar uno de los goles más jóvenes en la historia de la Eurocopa y ser elegido mejor jugador joven. El barrio se tiñe de rubio como él y los niños imitan su estilo en la cancha de cemento.

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Vecinos de Rocafonda recuerdan al niño que hoy lidera el ataque de España en el Mundial y cuentan cómo su éxito cambió la identidad de este barrio de Cataluña.

La camiseta parece un santo de barrio. Cuelga como una reliquia en una pared, encerrada dentro de un marco, iluminada por los focos del restaurante. Abajo pone: “Para 304!! Cordobés”.

“Es un espejo donde los niños se fijan”, dice Carlos Serrano, dueño del restaurante El Cordobés, en Rocafonda.

Habla del jugador que aparece en el dorso de la camiseta. Del niño del barrio donde ahora otros niños creen poder verse reflejados.

La firmó el propio Lamine Yamal. Corresponde a la segunda equipación del Barcelona de la temporada 2022-2023, el año en que debutó con el primer equipo y el Barça ganó La Liga, cuando todavía no era el 19 de la selección española ni el 10 del Barcelona.

Carlos dice que Mounir Nasraoui, el padre de Lamine, se la entregó personalmente.

“Mounir subió a casa de Fátima, la abuela de Lamine, y me dijo: ‘Toma, quiero que tengas la camiseta y que la guardes’”, recuerda.

El barrio del 304

Rocafonda se extiende en la parte alta de Mataró, a unos 30 kilómetros de Barcelona. Trepa entre bloques terracota, balcones blancos, plazas y canchas de cemento. El barrio supera los 11.000 habitantes y tiene una fuerte presencia de familias migrantes, sobre todo de Marruecos.

Lamine nació el 13 de julio de 2007 en Esplugues de Llobregat, pero fue en Rocafonda donde creció. El barrio lo reclama como suyo. Por eso celebra sus goles con el 304: su código postal.

“Aquí no es más peligroso que en cualquier otro sitio. Lo que pasa es que hay menos trabajo y más ocupación”, dice Carlos.

Atiende el restaurante un día de semana, un local de azulejos blancos donde entran vecinos a tomar café a media tarde.

“Su padre venía con él cuando Lamine tenía cinco o seis años. Era chiquitito. Lo llevaba a entrenar a La Masia y antes venía aquí a tomar café con el niño”.

La Masia —la cantera del Barcelona, donde se forman los jugadores que sueñan con llegar al primer equipo— queda lejos de Rocafonda, pero Mounir hacía ese recorrido casi todos los días con Lamine sentado al lado.

“Lamine era muy travieso. Se le iba la pelota a la calle, aquí afuera del local, y Mounir siempre iba detrás”, recuerda.

Carlos se ríe antes de resumirlo en una frase: “Lamine siempre ha estado con una pelota. Siempre, siempre, siempre jugando”.

La cancha de cemento

La casa donde vivió el futbolista con su familia queda a pocos pasos del restaurante. La Plaza Joan XXIII se abre entre árboles bajos, bancos de madera y bloques color arena. Niños patean pelotas entre las sombras. Ahí, Maru, de 16 años, conversa con tres amigos. Alcanzó a jugar algunos partidos con Lamine en la cancha de cemento cercana, donde todavía se reúnen niños y adolescentes del sector.

“Es algo que no te lo puedes creer. Un chaval que has visto por aquí todos los días, verlo con su padre y después verlo jugando ahí, marcando goles a equipos grandes”, dice Maru.

A pocas calles de ahí, frente al taller Món Motos, está la cancha donde Lamine jugaba de niño. En uno de los muros aparece pintada la palabra “Rocafonda”, en letras gigantes cubiertas por capas de grafitis y pintura desgastada.

Rocafonda.
Ignacio Molina

Cerca de las siete de la tarde, el lugar empieza a llenarse de niños con camisetas del Barcelona, muchos de ellos con el nombre de Yamal en la espalda. Algunos intentan copiar sus regates. El cemento parece conservar las marcas negras de sus zapatillas. Aquí cambió de ritmo contra niños del barrio. Aquí golpeó balones contra pequeñas porterías metálicas oxidadas en las esquinas. Aquí celebró goles con algún paso de samba copiado de Neymar o Ronaldinho.

Aquí forjó ese fútbol eléctrico, de amagues furiosos y cambios de velocidad imposibles, que después volvió loco al fútbol europeo. El 9 de julio de 2024, en el minuto 21 del partido contra Francia, anotó uno de los goles más importantes de su carrera. Se convirtió en el jugador más joven en marcar en la historia de la Eurocopa. La UEFA eligió ese gol como el mejor del torneo. España terminó como campeona y Yamal fue elegido mejor jugador joven.

En unas escaleras cercanas, otro grafiti resume el orgullo del sector:

“En el barrio de Rocafonda, más Lamine Yamals y menos desahucios (desalojos de viviendas)”.

Rayado en el barrio de Rocafonda.
Ignacio Molina

Hace apenas unos días, fue elegido mejor jugador del partido en el triunfo 3-0 de España sobre Austria, resultado que clasificó a la selección a los octavos de final del Mundial. Con 18 años, el campeón de Europa llega como una de las principales figuras del torneo. Después del partido de este jueves, en la zona mixta, donde los futbolistas atienden a la prensa, dijo:

“Estoy muy agradecido por el cariño que me están teniendo en todos los estadios en los que he jugado. Se lo agradezco mucho y me ayuda a salir más motivado. Es lo más grande que hay en el fútbol, no hay nada mejor que un Mundial. Al final, cuando un niño sueña con jugar al fútbol, sueña con jugar con su selección, y en un Mundial estoy aquí. Pienso en seguir pasando de ronda y cumplir mis sueños con España”.

El mismo rizo

José Serra, mecánico del sector, recuerda al Lamine de otra época, la de los goles en los arcos oxidados de Rocafonda. Y hace una precisión:

“En el equipo de Rocafonda no jugó nunca. Jugó en este campo de cemento, el de fútbol sala”, dice.

José asegura que el ambiente del barrio cambió desde la aparición de Lamine.

“Aquí juegan bastante fútbol. Ahora hay más chavales moviéndose y jugando”.

Ramón, su compañero, completa la idea mirando la cancha: “Se están tiñendo el pelo de rubio”.

José asiente: “Se tiñen como Lamine”.

Ramón agrega otra precisión: “Se tiñen más desde que salió así en la final de la Copa del Rey contra el Real Madrid”.

Ese cambio también se nota en la Barbería Yassin, ubicada en la calle Pablo Picasso, de Rocafonda. Su dueño asegura que muchos jóvenes llegan con la misma petición: “Viene gente joven que pide su corte, el de Lamine”.

Después explica el detalle técnico del peinado: “Lamine lleva degradado, no muy marcado, y arriba el rizo natural. ¡Lo quieren igual!”.

Lo quieren igual. El mismo degradado. El mismo rizo. El mismo rizo húmedo, apretado, perfectamente desordenado.

El santuario de Lamine

Frente a la barbería, el Bar Familia LY 304 parece una pequeña sala de homenaje dedicada al futbolista. En las paredes cuelgan camisetas firmadas, medallas infantiles, banderas del Barcelona y una gigantografía del gol que Lamine le marcó a Francia en la Eurocopa 2024.

Sobre una camiseta roja de la selección española con el número 19 cuelgan medallas doradas, plateadas y de bronce, algunas todavía con cintas amarillas y rojas.

Bar Familia LY 304.
Ignacio Molina

El local suele llenarse de vecinos marroquíes que conversan, toman café y siguen los partidos del Barcelona. En un televisor pasan dibujos animados mientras algunos clientes comen frente a pósters gigantes de Lamine celebrando goles.

Parece un parque temático futbolero. Parece un pequeño museo barrial del chico de Rocafonda. Pero sigue siendo un restaurante: tortillas tibias, casi frías, café barato, platos que chocan y vecinos que entran y salen sin prestar demasiada atención a las paredes.

Abdul, tío de Lamine, atiende el lugar. Confirma la autenticidad de las camisetas y recuerdos expuestos, aunque prefiere no entregar más detalles sobre la familia.

El número 304 aparece repetido en distintos rincones —paredes, dedos, selfies, ventanas— como si Rocafonda hubiera inventado su propia bandera.

Carlos Serrano recuerda cómo nació la celebración que hoy Lamine hace después de sus goles: “Estaba un día él con su primo Mohamed, que es su chofer, y su mejor amigo Souhaib. Decía: “Yo tengo que hacer algo cuando marque un gol”. Uno le dijo: “¿Por qué no haces el 304?”. Y así se ha quedado.

Carlos Serrano.
Carlos Serrano | Ignacio Molina

Desde estas calles, Lamine Yamal dio el salto al Barcelona y a la selección española. Mientras España sigue su camino en el Mundial, en Rocafonda algunos vecinos sienten que el impacto también se nota en el barrio.

“Ahora se ven más niños jugando a fútbol con la camiseta de Lamine, en vez de estar haciendo cosas que no tienen que hacer”, dice Carlos.

Después mira la camiseta colgada en la pared del restaurante y vuelve al inicio de la conversación: “Lamine es un referente para los niños de aquí. Lo hemos visto jugar desde chiquitito y todavía lo estamos asimilando”.

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