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Descifrando caso Harex: cómo carabineros (r) y exobispo encubrieron enigmática desaparición de joven

Descifrando caso Harex: cómo carabineros (r) y exobispo encubrieron enigmática desaparición de joven

Sábado 15 octubre de 2022 | 07:40

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Contexto

Carabineros y sacerdotes salesianos unidos por una trenza de oscuridad. Eso es lo que develó la jueza Marta Pinto en su último golpe antes jubilarse. En un auto de procesamiento de casi 200 páginas, la ministra en visita da luces de qué le ocurrió a Ricardo Harex, joven desaparecido hace ya 21 años en Punta Arenas, cuyo paradero, vivo o muerto, es aún desconocido. La investigación reconstruye paso a paso las últimas horas del estudiante de 17 años. Policías, religiosos y hasta un exobispo figuran hoy en calidad de procesados por el encubrimiento de su sustracción. Abusos sexuales, un cura que acechaba de madrugada y un suicidio forman parte de un entramado que aún no termina por desenredarse.

Héctor Peña Monsalve, comandante de Carabineros, hojeó el informe de sus subalternos y lanzó:

—Hasta aquí llegamos con la investigación. No podemos meternos con la Iglesia.

Minutos antes los uniformados Manuel Guzmán y Reinaldo Hidalgo habían puesto sobre su escritorio los resultados de sus últimas diligencias por la desaparición del joven estudiante de Punta Arenas, Ricardo Harex, ocurrida en 2001 y cuyo cuerpo aún tiene paradero desconocido.

Todas las sospechas recaían sobre el director de su colegio: el sacerdote salesiano Rimsky Rojas, quien -pese a las suspicacias en su contra- se llevó el secreto a la tumba. Se suicidó el 28 de febrero de 2011, apenas cuatro días después de que la indagatoria fuese reabierta al salir a la luz nuevos antecedentes.

La Unidad de Investigación de BioBioChile accedió al auto de procesamiento dictado por la ministra en visita Marta Pinto Salazar. Su último golpe, atizado sólo horas antes de retirarse de la judicatura nacional.

En él, se reconstruyen paso a paso las últimas horas de Ricardo Harex y deja al descubierto las redes de poder de la Iglesia Católica en Carabineros que permitieron -hasta ahora- encubrir a los responsables de uno de los casos policiales más enigmáticos de Chile.

Se busca

Todo ocurrió el 19 de octubre de 2001. Esa noche Ricardo Harex salió de su casa en calle Andrés Stambuck.

Vestido con un pantalón de gabardina, polerón rojo con rayas negras, bototos y una parka verde musgo, enfiló al quincho donde lo esperaba un grupo de amigos para celebrar un cumpleaños.

Sentado en una mesa junto a la parrilla, Ricardo jugó a las cartas, conversó con sus cercanos y bebió alcohol. Las horas y las botellas pasaron hasta que a eso de las tres de la mañana pidió que lo llevaran a comprar completos.

Como no recibió respuesta de sus contertulios, no tuvo más remedio que partir solo a una Esso de camino a casa.

Pidió una promo de bebida con hot dog. Comió, bebió, salió del local y nunca más se le vio.

“Ese cura maricón está metido”

Su desaparición generó la alarma inmediata en su familia. El 20 de octubre, su padre, Sergio Harex, debió acudir a la policía a presentar la denuncia por presunta desgracia. La investigación se inició y Carabineros y la PDI comenzaron la tarea de dilucidar qué había pasado con Ricardo. Hoy, 21 años después, aún no conocen con total claridad lo sucedido al menor.

Lo que sí saben, a través de la indagatoria de la ministra Pinto, son las redes que han permitido que no se haga justicia.

El primer sospechoso que figura es Rimsky Rojas, el entonces director del Colegio San José de Punta Arenas, de la orden salesiana. El mismo donde Ricardo cursaba sus estudios. Precisamente la noche en que se le perdió el rastro y justo frente al quincho de la celebración de cumpleaños, una patrulla de Carabineros se topó con el sacerdote, vestido de civil y sin sotana. Lo vieron mal estacionado. Uno de los policías que participó del procedimiento declaró:

—Me bajé y le llamé la atención al conductor, que era un hombre de civil. Le dije que se retirara porque estaba mal estacionado y que si seguía ahí le cursaría una infracción. Él me contestó algo así como “cuidado que yo soy el director del Liceo San José”. Entonces yo le manifesté en un tono más calmado que de todas maneras se retirara de allí (…) y él se fue. No sé en qué dirección.

Una vez conocida la desaparición de Ricardo, el nombre de Rimsky se quedó fijo en la mente de los uniformados que lo fiscalizaron esa noche.

—Me tinca que ese cura maricón está metido. No tenía nada que andar haciendo ese día en la noche en el lugar que desapareció el muchacho —se repetía Arturo Valdivieso, uno de los carabineros, frente a la TV, cada vez que veía a Rimsky o alguna noticia de la desaparición de Ricardo.

Un cura al acecho

Insultos aparte, la incursión nocturna de Rimsky copó la atención de los investigadores. ¿Qué hacía de noche ahí? Más tarde descubrirían que -aunque extraña- era una práctica asidua del sacerdote. Varios testigos que conocieron al director del colegio aseguraron en medio del proceso judicial que no era inusual verlo las noches de viernes o sábado merodeando alrededor de Punta Arenas.

Uno de los estudiantes del San José declaró que Rimsky era conocido por los alumnos de enseñanza media del liceo y otros colegios porque de madrugada, entre 04:00 y 06:00 de la mañana, circulaba con distintos vehículos por las calles de la ciudad, buscando a alumnos ebrios para llevarlos a su casa para “ayudarlos”.

El testigo lo sabía de primera fuente:

—A mí me lo ofreció en una oportunidad, cuando yo iba caminando al Tiger a comerme un completo, efectivamente bajo los efectos del alcohol, en calle Croacia, a la vuelta de la disco Abra Cadabra.

Su relató prosigue:

—Él estaba estacionado (…) en un automóvil blanco, modelo Station, no recuerdo específicamente su marca. Él estaba sentado en la parte del piloto, bajó el vidrio del automóvil y me dijo “te llevo”, ante lo cual seguí caminando sin tomarlo en cuenta.

Otro de los testigos coincide, aunque agrega un elemento adicional. A veces, afirmó, el religioso se hacía acompañar de otros alumnos.

—El cura Rimsky tenía un grupo de estudiante los cuales lo acompañaban en las noches de fin de semana y en su vehículo particular marca Suzuki modelo Vitara color burdeo, con el objeto de recorrer las calles de la ciudad viendo el comportamiento de los alumnos del colegio. Incluso se justificaba diciendo que esto lo hacía porque si encontraba a un alumno curado lo llevaría para su casa. En dos oportunidades lo vi conduciendo solo.

“Que se los entregáramos a él”

Las salidas a oscuras del director no eran desconocidas tampoco para Carabineros. Incluso, él llegó a decirles que era mejor que él se hiciera cargo de los estudiantes que eran vistos ebrios por la policía antes que sus propias familias. Cosa extraña.

Un sargento segundo recordó ante la ministra en visita el episodio:

—Escuché en la comisaría pero no recuerdo a quién, lo comentamos varios, eso sí, que (Rimsky) había dado la orden de que a los estudiantes del Liceo San José se los entregáramos a él, antes de llamar a sus padres, si los encontrábamos ebrios en la calle.

Según el uniformado, la instrucción del sacerdote no cayó bien en el cuartel policial.

—Me acuerdo que el comentario era que no estábamos dispuestos a obedecer, porque eso no correspondía. Muy sacerdote sería pero no podía dar esas órdenes en la comisaría.

“Me dio un beso en la boca”

Qué ocurría puertas adentro con el sacerdote era otro de los temas que la investigación intentó dilucidar. Aquí aparece un testimonio clave. Uno de los testigos declaró que había sido abusado sexualmente por Rimsky. Según su denuncia, los hechos ocurrieron mucho antes de la desaparición de Ricardo, en 1986, durante la celebración del cumpleaños de la víctima.

—Rimsky Rojas llegó a mi casa y me invitó al colegio ya que me iba entregar un regalo, al llegar al establecimiento me llevó hasta una oficina donde me dio una polera de marca, seguidamente me abrazó y me dio un beso en la boca, ósculo que era claramente de carácter sexual.

A los días siguientes, la situación empeoró:

—Rimsky Rojas continuó con sus asedios y abusos hacia a mí los cuales iban en aumento, intensificándose llegando al punto que el cura me practicaba sexo oral. Siempre llegaba con chocolates y cartas —declaró la víctima, quien interpuso una denuncia contra el sacerdote dos décadas después.

Su testimonio coincide con una docena de testigos que también dieron cuenta ante la justicia de abusos sexuales y conductas impropias del cura.

Sin ir más lejos, el exobispo emérito de Punta Arenas, Tomás González, en una entrevista exclusiva concedida en 2011 a Radio Bío Bío, confirmó la doble vida sexual que llevaba Rimsky. Según contó, el religioso mantenía relaciones con un acólito. El artículo incluso fue incluido en el expediente judicial por la ministra Pinto.

Rimsky descompensado

De vuelta a Ricardo Harex. Tras su desaparición, Rimsky formó parte de quienes buscaron por todas partes al joven. Su alto interés por el caso, sin embargo, también despertó las suspicacias en los investigadores. Especialmente porque -apunta el auto de procesamiento de la ministra- numerosos testigos confidenciaron “la cercanía, intervención y participación” del sacerdote en la indagatoria.

Los hechos acaecidos en los días posteriores fueron relatados, entre otros testigos, por uno de los trabajadores de la Esso, el lugar donde el estudiante fue visto por última vez.

En su alocución contó que fue despedido porque, al parecer, a su jefe no le gustó que contara a la prensa que había visto a Ricardo en la estación de servicio la noche de su extravío.

También relató que al día siguiente de la desaparición, el sábado 20 de octubre de 2001, cerca de las 23:30 horas, llegó al local un grupo de jóvenes a consultar si la noche anterior había pasado un amigo de ellos. Le mostraron una fotografía y de inmediato lo reconoció. Era Ricardo Harex.

La historia continúa. Apenas llegó a su turno dominical, 24 horas después, un colega suyo le hizo saber que las cosas estaban complicadas en el trabajo.

—Oye, quedó la cagada acá. En el día llegó el cura Rimsky descompensado (alterado), abrió la puerta del local y me señaló que quería ver el registro de las cámaras de seguridad —dice el testigo que le dijo su compañero. Este último le dio aviso al encargado del local, quien debió reunirse a puertas cerradas con el sacerdote.

En su testimonio, el jefe de la tienda ratifica los hechos.

—Recuerdo que un día (…) recibí en mi oficina al cura Rimsky Rojas. Este cura me dijo que andaban buscando a un chico que no sabían dónde estaba, y que le habían dicho que había pasado en la noche por mi local… Este cura llegó acompañado por dos o tres jóvenes de unos 17 o 18 años de edad, todos eran hombres —partió diciendo.

Y añadió:

—El cura me preguntó si en el local existían cámaras de seguridad y yo le dije que sí, pero que al parecer estaban desconectadas, pero de igual forma él insistió en verlas corroborando que estas no funcionaban. Estuvo en mi local alrededor de unos quince minutos tratando de ver si podía rescatar grabaciones, pero no pudieron rescatar nada. Personalmente fui yo quien los llevó a donde estaba el equipo donde llegaban las grabaciones de las cámaras.

El suicidio

Poco a poco las pistas para dar con el paradero de Ricardo, vivo o muerto, se fueron agotando. Lo que no se agotó, sin embargo, fue el interés de Rimsky por los pasos de la policía.

Uno de los testigos confesó que el religioso tenía acceso a los detalles de la causa, e incluso reconoció haber fotocopiado el expediente por orden del cura para enviárselo a altas autoridades de la orden salesiana.

—Una de las copias que yo saqué se tenía que ir a la Inspectoría de Santiago, me parece que el padre Natale Vitale estaba a cargo de la Inspectoría en ese tiempo… Este era el único cura al que el padre Rimsky le tenía respeto, a los demás no los respetaba para nada. Incluso, había sido trasladado por los sacerdotes de Chile, pero Rimsky tenía cuñas en el Vaticano y consiguió que le dejaran más tiempo. Así pasó a llevar a todos los salesianos de acá y consiguió hacer lo que él quería.

El mismo cercano a Rimsky continuó:

—El hecho de sacar las fotocopias sucedió próximamente en el tiempo después que desapareció Ricardo Harex. No sé qué pasaría con las otras dos copias, pienso que una era para el padre y especulo que la otra era para la persona que le facilitó el expediente.

Se marchó

De dónde salió la información y las intenciones del sacerdote también forman parte de su alocución:

—El cura tenía contactos con las altas esferas a todo nivel (…) Él tenía muchas influencias en Carabineros y en la Policía de Investigaciones —relató.

A juicio del mismo consultado, la razón de por qué accedió al expediente de la causa correspondía al deseo del cura de estar al tanto de todo, que era lo que le permitía ejercer poder.

Requerido si Rimsky estuvo igual de interesado por otros casos de delitos o si le ordenó algo similar respecto de algún otro caso que saliera en los medios de comunicación, el testigo respondió: “No”.

Según confidenció el declarante, recién vino a comprender que el padre tenía algo que ver con este caso cuando se fue del colegio.

—Un día cualquiera tomó un transfer, dicen, se fue al aeropuerto y salió de Punta Arenas sin despedirse de nadie.

Pasaron 10 años prácticamente sin novedades. Incluso la causa fue cerrada. Eso hasta que el 24 de febrero de 2011 la indagatoria se reactivó.

Rimsky estaba viviendo en la casa de reposo Beato Felipe Rinaldi de la congregación salesiana, ubicada en Macul, cuando supo que se encontraron en Punta Arenas osamentas aparentemente humanas que podrían haberse tratado de Ricardo.

El religioso no lo pasaba bien. Por esos días, también había sido notificado sobre la investigación canónica que se abrió en su contra por los abusos cometidos, en la cual se ventiló que aparte de los denunciantes habían aparecido nuevos afectados.

Cuatro días después, a las 06:30 horas del 28 de febrero de 2011, Rimsky se suicidó. Las osamentas encontradas en Magallanes no correspondían a Ricardo.

Teoría desestimada

Vamos al encubrimiento. Según el documento firmado por la ministra Pinto, la investigación concluyó que “se encuentra suficientemente justificado que Carabineros de Chile de Magallanes tuvo responsabilidad en la desaparición del menor Ricardo Harex González”.

Entre los funcionarios sometidos a proceso figuran, en calidad de encubridores, el jefe de Zona General de Carabineros Hernán Octavio Bravo Aris, el subprefecto de los Servicios Héctor Eliazar Peña Monsalve, el capitán Máximo Enzo Sánchez Márquez y el jefe del Tercer Turno del día 19 de octubre de 2001 en la Primera Comisaría de Punta Arenas, el teniente Anwar Kharaufeh Jadue. Todos funcionarios de Carabineros de Chile en dicho año, con responsabilidad de mando.

Al jefe de zona se le apunta por no haber informado al juez ni tomado medidas en la investigación, pese a que sus subalternos le advirtieron que “los curas podrían tener relación con la desaparición del menor Ricardo Harex”.

Esto cobra relevancia si se considera que los peritajes no sólo desestimaron otras líneas investigativas, como el suicidio, sino también porque las mismas diligencias dejaban abierta la arista de la participación de terceros, “quienes podrían presentar alteraciones psicopatológicas y/o poder institucional gubernamental”. Más aún cuando existía “una teoría del caso fundada con conductas y comentarios atribuidas al hoy fallecido sacerdote salesiano Rimsky Rojas Andrade que lo relacionan con la desaparición del menor”.

Según se desprende de los relatos de testigos y del auto de procesamiento, las redes de poder de Rimsky podrían haber quedado al descubierto luego de que uno de los policías fuera sacado del caso luego de tener un entrevero con el religioso.

En medio de las diligencias, el uniformado llegó junto a un colega hasta el Colegio San José para para pedir permiso para entrevistarse con estudiantes y compañeros de curso de Ricardo.

Para ello, debieron elevar la solicitud al director del liceo, el propio Rimsky, quien sencillamente se negó a la petición, pues argumentó que estaban en clases. Al consultarle cuál era su parecer sobre la desaparición de Ricardo las desavenencias se desataron. El sacerdote, de acuerdo al testimonio del policía, respondió:

—Una de dos. O se fue con un amigo o anda mariconeando por ahí.

Inmediatamente los carabineros le manifestaron su molestia por los dichos. El sacerdote se ofuscó y los echó. Al día siguiente el uniformado fue notificado que dejaba de pertenecer a la Comisión Civil que indagaba el caso. Le hicieron saber que era decisión del general y simplemente lo alejaron de la investigación.

“No podemos meternos con la Iglesia

Otras tres declaraciones evidencian el rechazo de las autoridades de Carabineros a investigar a la orden salesiana.

Manuel Guzmán Hernández prestó testimonio el 6 de diciembre de 2011 ante la ministra. Allí narró que le entregaron un informe al comandante Héctor Peña Monsalve que apuntaba precisamente a los sacerdotes como sospechosos en el caso.

Según consta en la declaración, los policías habían interrogado a varios miembros de la comunidad homosexual que se reunían en una discoteca de la Playa Norte de Punta Arenas en búsqueda de pistas. De acuerdo al informe, en las fiestas que ahí se hacían participaban altos personeros de la Iglesia Católica, entre ellos “el pelado Rimsky”. Grupo que, de acuerdo a los investigadores, algo tenían que ver con la desaparición de Ricardo.

—Hasta aquí llegamos con la investigación. No podemos meternos con la Iglesia. Es un poder y nadie nos va a creer —dice Guzmán que le respondió Peña Monsalve.

Sus dichos fueron confirmados por el colega de Guzmán, Jorge Peña Aliaga. Según el policía, el comandante le bajó el perfil a la investigación, porque era muy difícil ir contra la Iglesia. Los curas eran intocables.

El tercer testimonio es el de Reinaldo Hidalgo Alarcón. El funcionario relató el mismo episodio, aunque aportó nuevos antecedentes. Contó que efectivamente le comentaron al comandante Peña Monsalve sobre la hipótesis que apuntaba a la responsabilidad del padre Rimsky. Las sospechas surgían porque intervenía, interfería e indagaba respecto de la investigación junto a sus alumnos.

El interés que demostraba el sacerdote era desusado y para ellos estaba claro que él sabía de algo: o por haber participado o por haber recibido algún secreto de confesión. Sabían que en él recaía alguna responsabilidad. Pero la respuesta era clara. El comandante Peña Monsalve dijo, según Hidalgo, que era imposible que siguieran por esa línea porque la Iglesia Católica era una institución muy poderosa.

Con todo, pese a todos los antecedentes que estaban a la vista, el actuar de los mandos de Carabineros impidió finalmente que Rimsky fuese sometido a proceso alguno.

El rol del futuro obispo

Para la ministra Pinto, también aparece “suficientemente justificada la participación en calidad de encubridores de los sacerdotes de la Orden Salesiana de Chile, Leonardo Wenceslao Santibáñez Martínez, Bernardo Miguel Bastres Florence y Vincenzo Soccorso di Bono”. El segundo de ellos más tarde se convertiría en el obispo de Punta Arenas.

De acuerdo a la magistrada, existió una “conducta abusiva en relación con jóvenes alumnos por parte de Rimsky Rojas Andrade desde al menos 1994 y 1995, en conocimiento por los hoy procesados: Santibáñez en su calidad de provincial salesiano entre 2008 y 2011, Soccorso como sacerdote de la misma orden salesiana y Bastres como provincial salesiano entre 1995 y 2006.

En efecto, un informe de la PDI aclara que los abusos sexuales cometidos por Rimsky fueron “callados y no denunciados” por la curia.

“Ninguno hizo una denuncia formal, escudándose que los antecedentes serían entregados a un superior o que solo eran meros antecedentes o dudas para continuar en el camino vocacional, dejando de lado los abusos como un mero hecho sin importancia”, se lee en el documento de la magistrada.

Y peor aún: Natale Vitale, padre inspector de la orden, reza el escrito, incluso tomó contacto con Rimsky para alertarle que ellos ya estaban al tanto de las denuncias en su contra.

Bastres, por su parte, consultó a Roma qué debía hacer. Desde el Vaticano le aconsejaron prudencia y que mantuvieran todo en el más absoluto secreto.

De acuerdo al testimonio de los testigos que declararon en contra de Rimsky, sus intenciones siempre fueron que lo alejaran de los jóvenes, que no tuviese contacto con ellos y que fuese denunciado. Sin embargo, continuó como director del Liceo San José “cayendo en ellos (los salesianos) la responsabilidad de cómplices y encubridores de estos hechos”.

Si la situación se hubiese informado, añade la ministra Pinto, “se habrían evitado sucesos posteriores, como la vinculación que tiene Rimsky con la desaparición de Ricardo Harex González”.

Consultado por la Unidad de Investigación de BioBioChile, el abogado de la familia, Pedro Díaz, calificó la decisión de la magistrada como una noticia importantísima.

—(Los alcances) son enormes. Después de 20 años se ha generado este procesamiento en contra de funcionarios de Carabineros que trabajaron en la investigación. Y por otro lado, muy importante, se procesa a tres personas de la Iglesia Católica y a un obispo, que tienen participación directa, como dice la ministra —valoró.

Eneas Espinoza, en tanto, representante de la Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual Eclesiástico de Chile, sostuvo que con la noticia de este viernes se confirma lo que era un secreto a voces.

—Es momento de que la Iglesia deje de encubrir y de proteger a estos criminales y que el Estado haga la pega en serio. No puede ser que estemos así, esperando 21 años, para que se llegue a este paso.

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