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Sicarios ligados al narco: el homicidio de Helena, la joven que apareció flotando en el Calle Calle

Sicarios ligados al narco: el homicidio de Helena, la joven que apareció flotando en el Calle Calle

Martes 25 enero de 2022 | 06:00

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El cuerpo de Helena Bustos tenía 21 puñaladas cuando apareció flotando en el río Calle Calle en el sector de Quitacalzón. Unos de los cuatro responsables fue su amigo, quien por 7 millones decidió asesinarla a sangre fría. "Quiero que la maten cruelmente", era una de las órdenes de las autoras intelectuales, quienes se encargaron de los implementos, el lugar, el pago y hasta de la droga previa para cometer el homicidio. Todos estaban ligados al narco. La justicia, tras casi dos años, resolvió que todos eran culpables y buscan el presidio perpetuo.

El comisario Rodrigo Morales, de la Brigada de Homicidios de la PDI, fue uno de los primeros en emitir una declaración:

Es un cadáver de sexo femenino, de alrededor de entre 20-25 años que aún no ha sido identificado y que presentaba lesiones atribuibles a terceras personas… elementos cortopunzantes. Presentaba diversos tatuajes en diferentes partes de cuerpo”.

Poco y nada se podía decir del cuerpo que apareció flotando en el río Calle Calle en un sector de Quitacalzón, en Valdivia, la tarde del 21 de mayo de 2020. Su estado desvanecía cualquier reconocimiento, aunque la mayoría sospechaba que se trataba de Helena Bustos, quien era buscada desde hace 11 días.

24 horas después, las sospechas se confirmaron. Los investigadores también descubrieron que detrás de su homicidio se escondía un macabro sicariato, y que su vida tuvo el precio de 7 millones de pesos.

Se busca a Helena

El 16 de mayo, Maggi Figueira (51) encendió su notebook Lenovo y abrió YouTube. En la búsqueda escribió: ¿Cómo saber si estoy intervenida?.

Hasta esa fecha nadie sospechaba de ella, ni mucho menos de su madre, Cecilia Mimica (69), pero un día antes la PDI había entrevistado a Matías Pereira (19), un conocido de ella. Y eso la dejó inquieta.

Matías había sido interrogado por la Brigada de Homicidios en calidad de testigo. Era uno de los amigos de infancia de Helena Bustos, quien estaba siendo buscada por la Fiscalía de Los Ríos hacía cinco días, luego de que su familia ingresara una denuncia por presunta desgracia.

Si bien la denuncia se registró oficialmente un 10 de mayo, la última vez que la vieron viva fue el 27 de abril de 2020.

En las calles de Valdivia su nombre retumbaba, y por redes sociales, un improvisado cartel divulgaba:

“Se busca a Eroditha Helena Bustos: tez blanca, ojos claros, pelo largo y castaño, estatura 1,60 cm. Llamar a PDI”.

Nadie entregó una pista certera. Hasta ese entonces, la fiscalía solo tenía los datos del celular de Matías Pereira, quien lo entregó voluntariamente para que lo analizaran.

Un rosario en el camino

El 21 de mayo -6 días después del interrogatorio a Matías- el cuerpo de Helena apareció flotando en el río Calle Calle, en el sector de Quitacalzón. Su acta de defunción está firmada esa misma tarde, a las 14:15 horas. Heridas cortopunzantes y agresión de terceros, se lee en el documento.

El homicidio era evidente, pero transcurrida casi una semana todavía ningún sospechoso figuraba en la lista. La pista clave se encontraría al poco andar en el sitio del suceso. Un rosario. Sin grabado, sin marca, sin iniciales, apareció en el camino.

Fue entonces que Matías Pereira fue entrevistado por segunda vez el 27 de mayo. La PDI había analizado los documentos de su celular y un detalle en particular hizo que lo volvieran a citar: el amigo de toda la vida de Helena tenía un rosario idéntico colgado al cuello en una de sus fotografías.

Los peritos que analizaron el objeto concluyeron que era imposible saber quién era su dueño. No tenía marcas de fábricas ni ADN. Por eso, la nueva declaración de Matías era vital para la indagatoria.

Fue frente a dos detectives que no solo confesaría que el objeto religioso era suyo, sino también que actuó acompañado.

A las 6:00 AM del día siguiente, cuatro personas aparecían como imputadas en la causa por homicidio.

Los nuevos nombres que surgieron fue el de Cecilia Mimica (68) y su hija Maggi Filgueira (51). Se conocería más tarde que las mujeres fueron las autoras intelectuales. Acordaron pagarle 7 millones de pesos a Matías Pereira y Fernando Quevedo (20), el cuarto condenado, por asesinar a Helena.

“Quiero una muerte cruel”

Helena arrendaba una habitación en casa de Cecilia. El 19 de abril discutieron y la expulsaron a las 1:00 AM. Se quedó en una comisaría mientras esperaba que un amigo fuera a buscarla. Hasta el día de su muerte se hospedó en la casa de Y.P.

Una semana después, Cecilia comenzó a planificar el asesinato. Lo primero fue buscar un vehículo para arrendar y usarlo en el crimen. Dos días después, se dirigió al sector de Quitacalzón durante la mañana. Le entregó el vehículo, un cuchillo y un celular a Matías y Fernando. Así también, mascarillas, overoles y dinero para drogarse previamente.

Esa misma tarde, ambos hombres pasaron a buscar a Helena para llevarla a un lugar alejado de Quitacalzón.

Ya en el sector, Matías se sentó atrás de ella y le produjo el primer corte. Luego ambos la agredieron. El ensañamiento siguió.

Ambos autores confesarían luego que durante la planificación del homicidio Cecilia fue clara: “Quiero que sean crueles”. Y obedecieron.

Mientras mataban a Helena, Cecilia y Maggi observaban todo desde otro vehículo. Se quedaron fijas hasta que todo terminó. La bitácora de desplazamiento de las señales de los celulares confirmaron la posición de cada uno.

El 16 de mayo, Cecilia le compró un celular a Fernando. “Posiblemente como forma de pago o como reparación del celular que le destruyeron para evitar que descubrieran pruebas”, declaró el fiscal Jaime Calfil en el juicio. En tanto, con Matías se le vio pedir un avance de dinero.

—La actitud posterior de los imputados da cuenta que difícilmente hubo una amenaza. Siguieron teniendo contacto con las imputadas. ¿Ésa es la actitud de alguien a quien van a matar? —expresó el fiscal en sus alegatos, luego de que uno de ellos declarara que Cecilia había amenazado de muerte a su familia y a él. La excusa no prosperó.

El vínculo con las drogas

Cecilia Mimica era conocida junto a su hija Maggi por estar involucrada en el narco. De hecho, así conocieron a Matías y Fernando. Ambos confesaron trabajar para las mujeres en la venta de droga y brindarles protección. Una vecina que conocía los movimientos de la casa confirmó la información.

La abogada querellante, Daniela Cerda, declaró en la clausura de juicio que las victimarias eran mujeres que actuaban “motivadas por la soberbia, por el control y también por la autosuficiencia”.

—Pudimos apreciar incluso que Maggi se jacta de sus contactos, con la policía, con los abogados y hasta con jueces. Yo creo que ellas jamás pensaron que los acusados las delatarían, y probablemente era cierto por la influencia que ejercían en ellos, y es claro, pero todo se desmorona ante el hallazgo del rosario —aseveró.

En la lectura del veredicto, la magistrada María Silvana Muñoz se remitió a exponer que entre las mujeres existían “rencillas anteriores”. Ese sería el motivo por el que planificaron el macabro crimen. Esto se traduce en un eventual robo de 10 kilos de marihuana y celos por parte de Cecilia.

Todos son culpables

El 19 de enero de 2022 el Tribunal Oral en lo Penal de Valdivia declaró culpables a los cuatro acusados por el sicariato de Helena Bustos, acreditando que actuaron con premeditación, alevosía, ensañamiento y promesa remuneratoria.

—El tribunal, en forma unánime, ha decidido condenar a Fernando, Matías, Cecilia y Maggi, como coautores del delito consumado de homicidio calificado —sentenció la magistrada Muñoz.

La fiscalía pidió presidio perpetuo calificado, pero la lectura de sentencia definitiva será el 31 de enero.

El 31 de enero de 2021, el Tribunal de Juicio Oral en lo Penal de Valdivia condenó a Matías Nicolás Pereira Troncoso a 18 años de presidio efectivo y a Cecilia Mónica Mímica Pino, Maggi Mónica Filgueira Mímica y Fernando José Quevedo Gajardo a la pena efectiva de 20 años de cárcel.

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