Celebramos los 32 años del álbum "Corazones", ícono de la música chilena

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Los Prisioneros cambiaron la música chilena para siempre con 9 canciones que influenciaron a generaciones completas de artistas.

La década de los 90 fue una memorable en muchos sentidos: el regreso de la democracia, los aires de cambio, el fin de la censura y el anhelo de una mejor vida, tenía a los chilenos nerviosos por el futuro, imaginando cómo sería el presente antes del nuevo milenio.

Los Prisioneros, que irrumpieron de manera desafiante en los ochenta, se habían convertido en la voz de un generación que creció bajo condiciones difíciles. No es menor que su trabajo, estrenado ese año, contara con muchas expectativas.

Y las cumplieron con creces.

Alejándose de la música de protesta, quizás como una aproximación a este sentimiento de apertura que vivía Chile, Jorge González se embarcó a Los Ángeles para grabar “Corazones” luego de desechar el trabajo que tenía listo con otros miembros de su banda.

Ahí nació el que se convertiría en el quinto mejor disco de la historia de la música chilena según la revista Rolling Stone, con temas tan memorables como “Tren al Sur”, “Amiga mía”, “Con Suavidad” y “Estrechez de Corazón”.

Pero uno de los trabajos más exitosos del grupo fue también en parte su condena: las letras estaban dedicadas a la mujer de Claudio Narea, con quien González mantenía una relación. Antes esto, Narea se separó del grupo y deberían pasar 9 años antes de que agrupación original su reuniese nuevamente.

Con casi 200 mil copias certificadas en ventas, Corazones moldeó una generación que 32 años después sigue coreando de manera multitudinaria todas y cada una de las canciones que conocemos, convirtiendo los 42 minutos que dura su track list, en algo atemporal que revive la nostalgia por esos años donde todo parecía ser posible.

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Los Prisioneros cambiaron la música chilena para siempre con 9 canciones que influenciaron a generaciones completas de artistas.

La década de los 90 fue una memorable en muchos sentidos: el regreso de la democracia, los aires de cambio, el fin de la censura y el anhelo de una mejor vida, tenía a los chilenos nerviosos por el futuro, imaginando cómo sería el presente antes del nuevo milenio.

Los Prisioneros, que irrumpieron de manera desafiante en los ochenta, se habían convertido en la voz de un generación que creció bajo condiciones difíciles. No es menor que su trabajo, estrenado ese año, contara con muchas expectativas.

Y las cumplieron con creces.

Alejándose de la música de protesta, quizás como una aproximación a este sentimiento de apertura que vivía Chile, Jorge González se embarcó a Los Ángeles para grabar “Corazones” luego de desechar el trabajo que tenía listo con otros miembros de su banda.

Ahí nació el que se convertiría en el quinto mejor disco de la historia de la música chilena según la revista Rolling Stone, con temas tan memorables como “Tren al Sur”, “Amiga mía”, “Con Suavidad” y “Estrechez de Corazón”.

Pero uno de los trabajos más exitosos del grupo fue también en parte su condena: las letras estaban dedicadas a la mujer de Claudio Narea, con quien González mantenía una relación. Antes esto, Narea se separó del grupo y deberían pasar 9 años antes de que agrupación original su reuniese nuevamente.

Con casi 200 mil copias certificadas en ventas, Corazones moldeó una generación que 32 años después sigue coreando de manera multitudinaria todas y cada una de las canciones que conocemos, convirtiendo los 42 minutos que dura su track list, en algo atemporal que revive la nostalgia por esos años donde todo parecía ser posible.

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