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La directora ejecutiva de Educación 2020, Ingrid Olea, analizó en entrevista con Nibaldo Mosciatti los resultados de la PAES, sus alcances reales y las brechas estructurales del sistema educativo chileno, en medio del debate por la desigualdad en el acceso a la educación superior.
Olea explicó que la prueba cumple un rol específico dentro del sistema, pero advirtió sobre lecturas erróneas de sus resultados. “No es una prueba que busque medir la calidad de los establecimientos ni la calidad de la educación que reciben los estudiantes”, señaló.
Qué mide —y qué no— la PAES
La directora de Educación 2020 sostuvo que la PAES funciona como un mecanismo de selección. “Hay un determinado número de cupos para entrar a ciertas carreras y no pueden entrar todos los estudiantes”, afirmó.
En ese sentido, indicó que “se pueden sacar ciertas conclusiones, pero son bien acotadas”, ya que los resultados se concentran principalmente en Lenguaje y Matemática, dejando fuera otros componentes relevantes del proceso educativo.
“Hoy día estamos entendiendo la educación como un proceso que es mucho más amplio que una prueba”, dijo, mencionando factores de convivencia y aspectos socioemocionales que no quedan reflejados en los puntajes.
Ambiente escolar y aprendizajes
Frente a la tensión entre resultados académicos y clima escolar, Olea fue clara. “Ambas cosas van de la mano”, aseguró, señalando que “es más factible lograr buenos aprendizajes cuando el ambiente es más grato, más amable”.
Reconoció, sin embargo, que los resultados evidencian una deuda. “Hay una deuda con muchos estudiantes”, afirmó, apuntando a aprendizajes que no se están logrando dentro del sistema.
Añadió que una parte importante de los estudiantes de educación media técnico-profesional no tiene como objetivo ingresar a la universidad. “Hay muchos que no querían entrar a la universidad inicialmente”, explicó, llamando a matizar la lectura de los promedios nacionales.
Desigualdad y promesa incumplida
Consultada por la concentración de los mejores puntajes en colegios particulares pagados, Olea sostuvo que el diagnóstico es conocido. “Seguimos hoy día estando en un sistema que tiene un componente de desigualdad muy importante”, afirmó.
Advirtió que los rankings suelen enfocarse en un universo reducido. “Cuando hablamos de los 100 mejores colegios, estamos mirando el 0,8% de los colegios en Chile”, dijo.
A su juicio, el problema es más profundo. “Una democracia que no es capaz de garantizar desde la educación un acceso mínimamente igualitario es una democracia que fracasa”, señaló, subrayando las diferencias estructurales de financiamiento entre establecimientos.
En ese contexto, advirtió que al colegio también se le exige cumplir roles que no le corresponden. “Hoy día se espera que la profesora sea psicóloga, trabajadora social, terapeuta ocupacional”, dijo, lo que —a su juicio— termina quitando el foco central del aprendizaje.
Celulares y redes sociales en las aulas
Sobre el uso de celulares, Olea reconoció un cambio de postura. “Yo ya estoy convencida de que los celulares y las redes sociales le hacen un daño gigante a los niños, niñas y adolescentes”, afirmó.
Planteó que la distracción es solo uno de los problemas y alertó sobre riesgos asociados a autoestima, exposición a estereotipos y delitos como el grooming. “Tenemos que tomar medidas mucho más fuertes”, sostuvo.
En el cierre, Olea subrayó que, pese a las dificultades, el sistema mostró capacidad de recuperación tras la pandemia. “El sistema se recuperó a punta de profesoras, estudiantes y directores que aparecieron todos los días”, afirmó, aunque advirtió que los desafíos en educación media y formación docente siguen siendo una tarea pendiente.