Carlos Foxley y actual urgencia hídrica: "Somos un país del siglo XXI, basta del maestro chasquilla"

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Carlos Foxley, presidente de la Asociación Chilena de Desalinización (ACADES), resume el crítico panorama respecto a la sequía y racionamiento hídrico que vivirá Santiago por primera vez en historia.

Si bien el panorama es desafiante, todavía se puede llegar a consensos para evitar catástrofes en materias energéticas, de agricultura y que beneficien a la sociedad con energía limpia y renovable.

Panorama de carácter urgente

No cuesta mucho hacer memoria hacia los tiempos donde la lluvia resultaba una molestia: tacos para avanzar hasta los colegios y trabajos; desplazamientos de tierra que amenazaban comunidades completas; y lo más importante: el gran costo social de aquellos damnificados que perdían sus pertenencias frente a los inclementes temporales.

Pero actualmente, la duración de la sequía es tal que nos hace reflexionar sobre aristas que tendremos que hacer frente como país antes de que sea demasiado tarde: desde la caída de la producción industrial cuprífera hasta la imposibilidad de que los niños asistan a clases por falta de inodoros y servicios sanitarios básicos.

“Lo primero que debemos hacer, es generar un cambio cultural”, sostiene Foxley, quien lleva más de 30 frente a proyectos y estudios respecto a los beneficios de la desalinización.

La situación es tal según relata, que de no cambiar el régimen de lluvias Santiago podría ampliar su racionamiento aparentemente transitorio hasta el año 2029.

“Lamentablemente, lo que decidamos hoy respecto a desarrollo de plantas desalinizadoras en la Región Metropolitana, tendrá efecto para unos 7 u 8 años más” agrega.

Costos y beneficios

El proceso de transformar el agua de mar en consumo humano y para beneficio de las industrias (la minería ha perdido el 6,4 de su producción a nivel nacional frente a la sequía) puede parecer costoso , sin embargo, la tecnología ha logrado aminorar estos gastos haciendo que el proceso sea armonioso con el medio ambiente y el producto final, seguro para el consumo.

“Para un tercio de la población de Santiago, el proyecto de una planta desalinizadora costaría 2 mil millones de dólares, lo equivalente a un mes de IFE universal” agrega Carlos Foxley quien también es categórico al decir que la situación debería estar en boca de todos los chilenos y no normalizar la situación actual.

Un ejemplo local exitoso y conocido por el país, es la región de Antofagasta, que ha logrado ser pionera al adelantarse con este tipo de tecnología.

Países como España e Isreal, con un Índice de Desarrollo Humano similar al nuestro, han sido ejemplos de cómo se puede convertir el agua de mar para evitar crisis industriales y agropecuarias. Es más, en la actualidad España es la región de Europa con mayor producción de cítricos gracias a las diferentes plantas construidas en su territorio.

Actual panorama y conversaciones con el oficialismo

Chile cuenta con 24 plantas desalinizadoras, pero no existe un tratamiento óptimo para aprovechar los recursos que tenemos pese a la mega sequía de la última década. Al entender que ya no nos encontramos en una posición transitoria y asumimos que la falta de lluvias llegó para quedarse, se pueden tomar medidas de carácter paliativo y afrontar esta crisis de manera urgente.

“Cuando las plantas toman agua de mar, los pescadores se preguntan si se arrastra vida marina: eso en el pasado, es bastante frecuente. Hoy, la tecnología ha logrado que el efecto desaparezca y se pueda mitigar” responde Foxley ante las principales dudas del proceso.

“Respecto al tema de la salmuera: tiene que devolverse en una superficie para que no perjudique a la flora marina. El boro también es un derivado que podría, de no tratarse, perjudicar a la agricultura, pero que es seguro para el consumo humano”.

El académico enfatizó que actualmente se encuentra en conversaciones tanto con el Ministro de Obras Públicas como la Ministra del Medio Ambiente para dar a entender los beneficios de contar con una tecnología que solucione el problema del que comunidades como Petorca sirven de ejemplo a lo que se viene para el territorio nacional.

“Mas caro es morirse de sed”, enfatizó.

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Carlos Foxley, presidente de la Asociación Chilena de Desalinización (ACADES), resume el crítico panorama respecto a la sequía y racionamiento hídrico que vivirá Santiago por primera vez en historia.

Si bien el panorama es desafiante, todavía se puede llegar a consensos para evitar catástrofes en materias energéticas, de agricultura y que beneficien a la sociedad con energía limpia y renovable.

Panorama de carácter urgente

No cuesta mucho hacer memoria hacia los tiempos donde la lluvia resultaba una molestia: tacos para avanzar hasta los colegios y trabajos; desplazamientos de tierra que amenazaban comunidades completas; y lo más importante: el gran costo social de aquellos damnificados que perdían sus pertenencias frente a los inclementes temporales.

Pero actualmente, la duración de la sequía es tal que nos hace reflexionar sobre aristas que tendremos que hacer frente como país antes de que sea demasiado tarde: desde la caída de la producción industrial cuprífera hasta la imposibilidad de que los niños asistan a clases por falta de inodoros y servicios sanitarios básicos.

“Lo primero que debemos hacer, es generar un cambio cultural”, sostiene Foxley, quien lleva más de 30 frente a proyectos y estudios respecto a los beneficios de la desalinización.

La situación es tal según relata, que de no cambiar el régimen de lluvias Santiago podría ampliar su racionamiento aparentemente transitorio hasta el año 2029.

“Lamentablemente, lo que decidamos hoy respecto a desarrollo de plantas desalinizadoras en la Región Metropolitana, tendrá efecto para unos 7 u 8 años más” agrega.

Costos y beneficios

El proceso de transformar el agua de mar en consumo humano y para beneficio de las industrias (la minería ha perdido el 6,4 de su producción a nivel nacional frente a la sequía) puede parecer costoso , sin embargo, la tecnología ha logrado aminorar estos gastos haciendo que el proceso sea armonioso con el medio ambiente y el producto final, seguro para el consumo.

“Para un tercio de la población de Santiago, el proyecto de una planta desalinizadora costaría 2 mil millones de dólares, lo equivalente a un mes de IFE universal” agrega Carlos Foxley quien también es categórico al decir que la situación debería estar en boca de todos los chilenos y no normalizar la situación actual.

Un ejemplo local exitoso y conocido por el país, es la región de Antofagasta, que ha logrado ser pionera al adelantarse con este tipo de tecnología.

Países como España e Isreal, con un Índice de Desarrollo Humano similar al nuestro, han sido ejemplos de cómo se puede convertir el agua de mar para evitar crisis industriales y agropecuarias. Es más, en la actualidad España es la región de Europa con mayor producción de cítricos gracias a las diferentes plantas construidas en su territorio.

Actual panorama y conversaciones con el oficialismo

Chile cuenta con 24 plantas desalinizadoras, pero no existe un tratamiento óptimo para aprovechar los recursos que tenemos pese a la mega sequía de la última década. Al entender que ya no nos encontramos en una posición transitoria y asumimos que la falta de lluvias llegó para quedarse, se pueden tomar medidas de carácter paliativo y afrontar esta crisis de manera urgente.

“Cuando las plantas toman agua de mar, los pescadores se preguntan si se arrastra vida marina: eso en el pasado, es bastante frecuente. Hoy, la tecnología ha logrado que el efecto desaparezca y se pueda mitigar” responde Foxley ante las principales dudas del proceso.

“Respecto al tema de la salmuera: tiene que devolverse en una superficie para que no perjudique a la flora marina. El boro también es un derivado que podría, de no tratarse, perjudicar a la agricultura, pero que es seguro para el consumo humano”.

El académico enfatizó que actualmente se encuentra en conversaciones tanto con el Ministro de Obras Públicas como la Ministra del Medio Ambiente para dar a entender los beneficios de contar con una tecnología que solucione el problema del que comunidades como Petorca sirven de ejemplo a lo que se viene para el territorio nacional.

“Mas caro es morirse de sed”, enfatizó.

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