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El 13 de abril de 1840 el Vaticano reconoció a Chile como país independiente y como una nación libre y organizada, durante el pontificado de Gregorio XVI y el gobierno de José Joaquín Prieto.
Gestiones diplomáticas en Roma
El reconocimiento se concretó gracias a las gestiones de Francisco Javier Rosales, encargado de negocios de Chile ante la Santa Sede. Su misión buscó validar la independencia del país y asegurar la continuidad del patronato establecido en la Constitución de 1833.
Este sistema otorgaba al Estado chileno atribuciones sobre la Iglesia, heredadas de la monarquía española. A la vez, la Iglesia mantenía privilegios en ámbitos como la justicia eclesiástica y la regulación de la vida familiar.
En ese contexto, Andrés Bello impulsó una fórmula de equilibrio entre ambas partes. El gobierno proponía autoridades eclesiásticas y el Papa las confirmaba, mientras el poder civil mantenía influencia en los nombramientos.
Las gestiones de Rosales también lograron que el Vaticano elevara a Santiago como sede arzobispal y creara los obispados de La Serena y Ancud. Sin embargo, la Santa Sede evitó reconocer formalmente el patronato en estos acuerdos.
En este video, Nibaldo Mosciatti narra la historia del reconocimiento de Chile por parte del Vaticano en 1840.