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El 11 de noviembre de 1734 se inauguró en Santiago la Casa de las Recogidas, un edificio que se construyó en plena capital con el fin de corregir a mujeres acusadas de ejercer la prostitución.
Según relata Benjamín Vicuña Mackenna, Santiago del siglo XVI era solo un claustro y un cuartel, donde se alojaban los soldados que, desde distintas partes, especialmente de Perú, llegaban a la frontera para luchar contra los mapuche.
El intento por controlar la prostitución en la capital
La prostitución tomó proporciones notorias, por lo que el gobernador Marín de Poveda, ante la petición del obispo Romero, ordenó construir una casa en la que fueran recogidas y guardadas las meretrices que, según las autoridades, infectaban la ciudad. Así nació la Casa de las recogidas.
El edificio, destinado al recogimiento y enmienda de las “mujeres alegres” como se les denominaba, fue levantado al pie de un cerrillo fácilmente escalable. La ubicación llamó la atención del rey Felipe III, quien ordenó suspender las obras al considerar la ubicación como peligrosa.
Pero las murallas ya estaban erguidas, y gracias a los ingresos de los peajes de los puentes del Maule y Aconcagua, la construcción pudo completarse. Por lo tanto, el edificio fue inaugurado el 11 de noviembre de 1734.
La vida dentro de la Casa de las Recogidas
La casa quedó bajo la administración de seis hermanas del hábito de Jesús. Entre ellas había una rectora, una ministra, una sacristana, una compañera, una portera y una escucha o espía en el locutorio.
El ingreso de hombres estaba estrictamente prohibido. Solo tres varones podían acceder al recinto: el capellán, el médico y el barbero.
El aislamiento era tan riguroso que se hacían rondas en el Cerro Santa Lucía, desde cuya cima se podía observar gran parte del edificio. Según Vicuña Mackenna, muchos curiosos subían al cerro para ver o comunicarse con las mujeres encerradas.
Las condenas de las mujeres no tenían un plazo fijo, por lo que el encierro podía durar toda la vida, o hasta que la edad y la pobreza cambiaban sus cuerpos y rostros. El rey ordenó que se revisaran los reclamos de estas mujeres para resolver problemas, como el hambre que pasaban las mujeres recluidas.
Con la llegada de la independencia, a comienzos del siglo XIX, las prisioneras fueron liberadas y el edificio se transformó en cuartel. Así terminó la historia de la Casa de las recogidas.
En este video, Nibaldo Mosciatti relata la historia detrás de esta construcción en Santiago.