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Un día como hoy, 7 de febrero, pero hace 173 años atrás, el sacerdote católico, Martín Merino fue ejecutado públicamente en el Campo de Guardias, en Madrid, por intentar asesinar a la Reina Isabel II.
El cura que intentó matar a la Reina
Merino, nacido en 1789 en Arnedo, La Rioja, tenía una vida marcada por su compromiso con las ideas liberales y su oposición al régimen monárquico. Tras varios años de exilio, entre España y Francia, se secularizó y adoptó posturas cada vez más radicales contra la monarquía.
Su intento de asesinato tuvo lugar el 2 de febrero de 1852, cuando se infiltró en la Basilica de Nuestra Señora de Atocha, donde la Reina Isabel II acudía a dar gracias por el nacimiento de su hija. Al acercarse a la monarca, Merino se arrodilló y, al intentar ella ver lo que sucedía, le asestó una cuchillada en el costado derecho. Por suerte para la reina, los hierros del corsé que llevaba la protegieron y la herida fue leve. Merino fue arrestado por la Guadia Real.
A pesar de la súplica de la reina por perdonarle la vida, Merino fue rápidamente sometido a juicio y condenado a muerte. Cinco días después del ataque, el 7 de febrero, fue ejecutado con el método del Garrote Vil, un dispositivo que causaba la muerte por estrangulamiento. Antes de la ejecución, Merino fue sometido a una degradación religiosa, un acto humillante que incluía la remoción simbólica de su estatus clerical.
El cuerpo de Merino fue incinerado y sus cenizas esparcidas en una fosa común del cementerio de Madrid para evitar que sus restos se convirtieran en reliquias. El corsé que salvó la vida de la Reina Isabel II se conserva actualmente en el Museo Arqueológico Nacional, aún con manchas de sangre, como testigo de uno de los intentos más notorios de atentado contra la monarquía.
En este video, Nibaldo Mosciatti nos cuenta más acerca de este acontecimiento que marcó la historia.