Las experiencias personales que Gonzalo Contreras volcó en "El Verano y toda su Ira"

25 de enero | 12:00
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“Alguien (que lee mucho) me dijo que ‘El Verano y toda su Ira’ es tu mejor novela desde ‘La Ciudad Anterior’ ”, le dice de entrada Marco Antonio de la Parra a Gonzalo Contreras, que ha ido como invitado al programa “Del Fin del Mundo”, de TV Biobio, que conduce junto a Ana Josefa Silva.

“¡Ah! Vaya, qué me alegro, me siento muy honrado”, responde gratamente sorprendido el escritor.

“El Verano y Toda su Ira” es una novela de mujeres (aunque también de hombres), en torno a la fragilidad humana, que acaba de ser editada por Seix Barral. Una historia de amor, dolor, muerte, la enfermedad, la depresión, que se pregunta si el amor es posible, si la pareja, el matrimonio, es posible. Con citas a Nietzsche y a Schopenhauer, en boca de Bobby Serna y su amigo Renato.

“Es un elenco muy numeroso. Hay diez protagónicos en el sentido que están en primera fila. No sé cuál es el protagonista. No sé si es Renato, Bobby (su amigo que se suicida), o tal vez Moira (una de las cuatro hermanas). Renato es un narrador vicario, está afuera, que se defiende contra las Serna. Ha tenido acercamientos con ellas, especialmente con Moira”, comenta Gonzalo.

Es un retrato sicológico muy prolijo, acota Marco Antonio.

Todo ello transcurre cuando los personajes están en la medianía de la vida, en “un momento muy clave. En mi caso personal, lo fue mucho. A los 50 años sí podía hacerme esas preguntas: cómo lo hemos hecho, las cosas que han salido como yo pensaba, qué quedó en el camino, qué se frustró, qué chance me dio la vida que no supe ver y la estropié. En el caso mío, hubo una crisis muy fuerte —además de una crisis de escritura— que se resolvió una vez que dejé el alcohol. Yo debía torcer el destino o el destino me iba a hacer pedazos”.

Más personal aún, si cabe, es aquel relato de la muerte de Irene. “Es una experiencia mía: esas 20 páginas las escribí de un tirón”.

Y agrega: “hay varios golpes del azar. Pasan muchas cosas en esta novela. El camino de ellos era muy abierto. Esos pasos que uno dio sin mucha observancia, a la postre se convierten en decisiones relevantes. Y eso lo empezamos a ver a los 50. Mi vida afectiva, por ejemplo. Las oportunidades perdidas, los errores, las frivolidades, el no estar atentos, se convierten en un gran cúmulo de cosas. En el caso mío, yo estoy solo”.

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“Alguien (que lee mucho) me dijo que ‘El Verano y toda su Ira’ es tu mejor novela desde ‘La Ciudad Anterior’ ”, le dice de entrada Marco Antonio de la Parra a Gonzalo Contreras, que ha ido como invitado al programa “Del Fin del Mundo”, de TV Biobio, que conduce junto a Ana Josefa Silva.

“¡Ah! Vaya, qué me alegro, me siento muy honrado”, responde gratamente sorprendido el escritor.

“El Verano y Toda su Ira” es una novela de mujeres (aunque también de hombres), en torno a la fragilidad humana, que acaba de ser editada por Seix Barral. Una historia de amor, dolor, muerte, la enfermedad, la depresión, que se pregunta si el amor es posible, si la pareja, el matrimonio, es posible. Con citas a Nietzsche y a Schopenhauer, en boca de Bobby Serna y su amigo Renato.

“Es un elenco muy numeroso. Hay diez protagónicos en el sentido que están en primera fila. No sé cuál es el protagonista. No sé si es Renato, Bobby (su amigo que se suicida), o tal vez Moira (una de las cuatro hermanas). Renato es un narrador vicario, está afuera, que se defiende contra las Serna. Ha tenido acercamientos con ellas, especialmente con Moira”, comenta Gonzalo.

Es un retrato sicológico muy prolijo, acota Marco Antonio.

Todo ello transcurre cuando los personajes están en la medianía de la vida, en “un momento muy clave. En mi caso personal, lo fue mucho. A los 50 años sí podía hacerme esas preguntas: cómo lo hemos hecho, las cosas que han salido como yo pensaba, qué quedó en el camino, qué se frustró, qué chance me dio la vida que no supe ver y la estropié. En el caso mío, hubo una crisis muy fuerte —además de una crisis de escritura— que se resolvió una vez que dejé el alcohol. Yo debía torcer el destino o el destino me iba a hacer pedazos”.

Más personal aún, si cabe, es aquel relato de la muerte de Irene. “Es una experiencia mía: esas 20 páginas las escribí de un tirón”.

Y agrega: “hay varios golpes del azar. Pasan muchas cosas en esta novela. El camino de ellos era muy abierto. Esos pasos que uno dio sin mucha observancia, a la postre se convierten en decisiones relevantes. Y eso lo empezamos a ver a los 50. Mi vida afectiva, por ejemplo. Las oportunidades perdidas, los errores, las frivolidades, el no estar atentos, se convierten en un gran cúmulo de cosas. En el caso mío, yo estoy solo”.