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La muerte de Kevin Olguín, conocido como Baby Bandito, va más allá de un ajuste de cuentas en Santiago. Representa una generación que ve la delincuencia como vía de movilidad social, priorizando dinero y fama en redes sobre educación y trabajo. Su asesinato revela que tal camino conduce a cárcel o muerte. La delincuencia se ha convertido en aspiración para jóvenes en áreas desfavorecidas, donde el narco impone reglas. Cambiar esta cultura requiere recuperar espacios, ofrecer oportunidades reales y abordar la violencia. La serie sobre Baby Bandito muestra la vida rápida y mortal de estos jóvenes.
La muerte de Kevin Olguín, el Baby Bandito, revela algo más que un ajuste de cuenta en las calles de Santiago. Es el retrato de una generación que encontró en la delincuencia un camino de movilidad y estatus, donde el dinero rápido y la fama mediática de redes sociales, terminaron reemplazando la educación, el trabajo y la disciplina.
En más de una década, Olguín fue el símbolo de esa cultura. El joven que participó en el “Robo del siglo”, huyó a Europa, ostentó lujos como una especie de trofeo de un delito. Por ende su asesinato a sus 32 años, revela que esa ruta conduce siempre al mismo destino, cárcel o muerte.
Aquí hay un fenómeno colectivo, se trata de que la delincuencia se ha convertido en una aspiración para miles de jóvenes en barrios donde el Estado ha retrocedido y el narco ha ido imponiendo sus reglas, buscando cambiar el destino de estos jóvenes.
La cultura de Baby Bandito
Cambiar una cultura va más allá de rondas policiales, supone una recuperación de escuelas, plazas, clubes deportivos, de entregar oportunidades reales a adolescentes, para que vean su futuro en esto que se ha perdido: La educación, el trabajo y la disciplina.
La violencia no se erradica negando un funeral que se tipifica de alto riesgo. Ni tampoco con titulares que repiten la caída de los mismos nombres, donde nos dicen “entre bandas rivales”, ajustes de cuentas o gente que muere en su ley. El problema es que “esa” ley va avanzando a pasos agigantados dentro de las sociedades que ni siquiera son del todo las más vulnerable.
Que la marihuana se esté fumando en la puerta de los colegios es símbolo de lo anterior. Hay algo que se ha perdido, ya veremos en las plataformas la serie que hizo sobre Baby Bandito, donde se refleja la vida fácil, rápida y que la muerte está a la vuelta de la esquina.
Si esto no se analiza en profundidad en la sociedad, no tendremos mucha diferencia con otros países latinoamericanos.
La prevención en las infancias es clave en los espacios vulnerables. Esto no se va dando de un día para otro, ni siquiera es tema solo de un gobierno, sino que de todo el Estado. Hay políticos de todos los espectros que no han tenido la fuerza para entregar soluciones.