En la historia siempre han existido personas que –desde el mundo del pensamiento– han sido desafiantes para sus sociedades y para el poder político, han procurado reflexionar sobre la situación social, política y moral de su respectiva comunidad, y además son capaces de pensar en tres tiempos: desde el presente hacia el pasado y el futuro. Fue la situación de Sócrates en la Grecia clásica, de los enciclopedistas en el siglo XVIII, de figuras como Karl Marx, Juan Donoso Cortés y tantos otros en el siglo XIX, Antonio Gramsci, Jean Paul Sartre, Albert Camus, George Orwell y Raymond Aron, José Ortega y Gasset, Simone de Beauvoir, Karl Popper, Joseph Ratzinger, Vaclav Havel o Hannah Arendt y tantos otros que se podrían agregar. A todos ellos, de alguna manera, comúnmente se les llama “intelectuales”.
Sin embargo, existe cierta convicción, o consenso, en el sentido de que los intelectuales nacieron asociados al famoso caso Dreyfus, que sacudió a Francia a fines del siglo XIX.