El final de la República Socialista –que se había extendido entre el 4 y 16 de junio de 1932– no significó el fin de las tendencias estatistas que estaban dominando en la política chilena de entonces.
El primer golpe socialista llevó a un gobierno dirigido por Arturo Puga, integrado también por figuras como Marmaduke Grove, Carlos Dávila y Eugenio Matte.
Pero ese proyecto sufriría una ruptura -o traición como la llamaron los afectados- con el levantamiento del propio Dávila, que implicó el inicio de una nueva etapa revolucionaria pero con la misma orientación socializante, y que volvería a tener vigencia durante el gobierno de la Unidad Popular con la recuperación y aplicación del decreto ley N° 520, nacido precisamente en 1932.