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Los penales icónicos de los Superclásicos en el Nacional

Nadia Pérez I Agencia Uno
Publicado por

En el almacén de recuerdos de los Superclásicos disputados en el Estadio Nacional asoman una serie de penales que describieron tristezas y alegrías, recuerdos inverosímiles, en su momento cargados de rabia y que hoy se miran con otro prisma. Aquí te presentamos una lista.

La fallida rabona del “Bichi”

Colo Colo, campeón de la Copa Libertadores de América en 1991, visitó a una Universidad de Chile que tenía la base del equipo que acabaría con la maldición de los 25 años sin campeonatos. En una grisácea tarde de julio del 92′, Eduardo Gino Cofré puso por delante a los locales. Así se fueron al descanso. A los ’10 del segundo tiempo, Gabriel Galindo derribó a Jaime Pizarro en el área y Carlos Robles cobró penal.

Claudio “Bichi” Borghi, el refuerzo estrella de los albos ese año, pateó fuerte y al medio. Sergio “Superman” Vargas tapó y dejó la pelota picando en área chica. Borghi fue a rematar con una rabona, pero Vargas, con reflejos felinos, volvió a contener. El estadio bramaba.

Cofré, en una de las mejores tardes de su vida, dilapidó cualquier esperanza blanca ocho minutos después con un remate inatajable para Daniel Morón.

Víctor Hugo al arco

La Universidad de Chile, abocada a su sueño continental en 1996, había dejado de lado el campeonato nacional. El 13 de octubre se disputaba el clásico, una buena oportunidad para sacudirse del letargo. Colo Colo, en tanto, llegaba peleando a palmo la punta del torneo con la Universidad Católica.

El equipo de Miguel Ángel Russo arrancó dominando y presionando la salida de un visitante que se veía incómodo, agazapado, tratando de resistir refugiado en la esperanza de una contra. Y la encontró. Fernando Vergara conectó en el segundo palo un centro desde la izquierda lanzado por José Luis Sierra. La U mantuvo el tranco. El “Leo” Rodríguez, Esteban Valencia y Walter Silvani estuvieron a un tris del empate, pero Marcelo “Rambo” Ramírez mantuvo el marcador con sus voladas de poster.

La U fue cayendo en una honda y oscura pendiente. Una lesión obligó a Sergio Vargas a pedir el cambio, Cristián Traverso y Rodrigo Goldberg se fueron expulsados por reclamos y Aníbal Pinto, el reemplazante de Vargas, quedó con la nariz rota tras un choque en que el árbitro cobró penal para el “Cacique”. Pinto, con algodón en las fosas nasales, se negaba a salir. Sabía que no había muchas oportunidades con Vargas en un nivel altísimo.

Los médicos y sus compañeros formaron un círculo alrededor para tratar de convencerlo. Dejó la cancha llorando y como los azules no tenían cambios Víctor Hugo Castañeda se tuvo que poner en la línea de gol frente a Ivo Basay, que esperaba desde los doce metros. El “Hueso”, impertérrito, le metió todo el empeine, un tiro rasante que dejó sin ninguna opción a Castañeda.

La revancha de Castañeda

Al año siguiente, Víctor Hugo Castañeda tenía la vista clavada en la pelota y las manos en la cintura. El marcador indicaba cero a cero en el Nacional. En su mente corría una película que lo sulfuraba. Veía a Marcelo Espina anotando de tiro libre en un clásico por la Copa Chile del ‘96, sacándose la camiseta y poniéndola en el banderín del córner para pasearse por toda la galería norte.

El pitazo del árbitro penetró en un Nacional silente. Sin que el espinoso recuerdo le nublara la cabeza, Castañeda pateó seco y a un palo. Roberto Hernández saltó como un resorte del banco estudiantil para celebrar, mientras Castañeda imitaba el festejo de Espina en la galería sur. La felicidad azul se esfumó con un gol de último minuto de Pedro Reyes.

Un penal que valió un título

Colo Colo fue el equipo sensación del 2006. Una escuadra que deslumbraba y goleaba, llena de talento. La final del torneo de Apertura los emparejó con la Universidad de Chile de Marcelo Salas, que venía de perder el último campeonato ante Católica. Colo Colo perdió fluidez y brillo frente al orden de los azules. El partido de ida lo arrancó perdiendo y lo dio vuelta gracias a dos golazos de Matías Fernández. En la vuelta, un tanto de Luis Pedro Figueroa mando la final a los penales.

Fernández abrió la serie con un penal que Pinto alcanzó a rozar. Marcelo Salas devolvió gentilezas haciendo callar a toda la hinchada colocolina. El “Chupete” Suazo mandó a Pinto a volar hacia el otro lado. Hugo Droguett tenía que empatar, pero remató con tibieza al centro del arco y Claudio Bravo no tuvo problemas para atajar.

Una alegría efervescente impregnó a los colocolinos, pero segundos después Luis Mena falló ante Pinto. Mayer Candelo tenía la opción de emparejar todo. El colombiano quiso hacer una de genio picando el balón. Bravo que ya se había lanzado, se levantó del piso y con un manotazo inolvidable la desvió al vertical.

Fierro estiró la ventaja y Luis Pedro Figueroa fue hasta el punto de los doce metros sabiendo que si no convertía se acababa todo. No le pesó la situación y cobró. Todo estaba en Miguel Aceval, un defensor duro y sin galanura, pero con un cañón en la pierna izquierda. Las bengalas ya se encendían en la galería. Aceval recibió la pelota como un regalo esperado hacía tiempo. La acomodó, se pasó la lengua entre los labios y pateó con inesperada suavidad al mismo rincón que todos sus compañeros. Una algarabía blanquinegra impregnó el Nacional. “La gente nunca nos hubiese perdonado perder esa final”, declaró Claudio Borghi tiempo después.

Gustavo Canales, el inicio del repunte

El superclásico del apertura del 2011 es recordado por el cabezazo de Diego Rivarola que dejó la pelota enredada en la red. Pero todo empezó con Gustavo Canales. Llegado el clásico con Colo Colo, el equipo de Jorge Sampaoli no terminaba de agarrar vuelo en el campeonato nacional.

El “Cacique”, padeciendo la transición de Diego Cagna a Américo Rubén Gallego, venía a los tumbos. En la previa, el “Tolo” dijo que tenía muy claro cómo dañar a los azules. Gallego construyó un entramado defensivo para ponerle freno al vértigo azul y encontró premio con un cabezazo de

Ezequiel Miralles a la salida de un córner. El argentino, siempre pícaro, festejó haciendo una L de “loosers” con su mano derecha.

La U no podía romper las dos líneas de cuatro de la visita y se le iba el partido. A los ’87, Enrique Osses cobró un discutible penal de Luis Pavez sobre Charles Aránguiz. Gustavo Canales asumió la responsabilidad y ejecutó. El uruguayo Juan Guillermo Castillo casi detuvo el disparo. Quedaba tiempo y la U tenía nuevos bríos. Dos minutos más tarde, Rivarola llegó de arremetida al área para conectar un centro de Eduardo Vargas y se transformó, una vez más, en el héroe de la hinchada del cuadro laico. El penal de Canales, a fin de cuentas, no solo sería el inicio de la remontada de un equipo que no veía por donde entrarle a Colo Colo, sino que el inicio de una racha que acabaría con tres títulos nacionales y una Copa Sudamericana.

Paredes a última hora

Esteban Paredes guio a un Colo Colo que no encontraba respuestas colectivas en el derbi del 2015. Sebastián Ubilla había abierto el marcador para la Universidad de Chile. Gustavo Canales pudo haber aumentado y Eduardo Gamboa no pitó un penal de Gonzalo Fierro sobre Mathías Corujo. Al “Cacique” todo le costaba, pero Paredes, el faro ofensivo de su escuadra, aprovechó un pase filtrado de Jaime Valdés para definir de frente a Johnny Herrera.

El partido, de mucha tensión y poca claridad, se acercaba al final sin llegadas claras. Gamboa volvió a equivocarse al no cobrar una mano de Gonzalo Espinoza en el área estudiantil. Sí cobró una mano de Corujo, que saltó a rechazar un centro cuerpeando con Juan Delgado. Era el minuto ’90. A Paredes, que ha fallado varios penales en los últimos torneos, no le tembló el pulso y dejó a Johnny Herrera con una rodilla pegada en el piso, lejos del remate que entró por su derecha. No hubo tiempo para más, ganó Colo Colo.

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