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Los ’veteranos del fútbol’: cuando la edad no es impedimento para ’romperla’ en cancha

Valery Hache / Agence France-Presse
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Gianluiggi Buffon se mueve bajo los tres palos con la agilidad de un veinteañero y con la sabiduría que dan los años de circo. A sus 39 años, el arquero es el titular indiscutido de la Juventus multicampeona de Italia y sigue siendo considerado uno de los mejores del mundo, un honor que ha acarreado por, al menos, una década.

Arrancó su camino en 1995, con la camiseta del Parma, que vivía los mejores días de su historia. Cuando debutó como profesional, Maradona aún estaba activo y el africano George Weah se convertía en el primer africano en ganar el Balón de Oro.

La Guerra de los Balcanes empezaba lentamente a detener el reguero de sangre en la exYugoslavia. Carlos Menem asumía su segundo mandato presidencial en Argentina. Toy Story, el primer largometraje de Pixar, llegaba a los cines. José Saramago, escritor portugués, publicaba “Ensayo sobre la ceguera” y la banda británica Oasis lanzaba su segundo y tal vez mejor albúm: (What´s the story) Morning Glory? No existía Google y los videoclubs aún gozaban de gran popularidad.

Han transcurrido 23 años desde entonces. El próximo 29 de mayo, Buffon y compañía se enfrentarán al Real Madrid por la final de la Champions League. En Cardiff, espera conseguir el único título que falta en su abultado palmarés. “Ganar la Champions sería la mayor alegría de mi carrera; casi una recompensa, el final de un camino construido con valentía, tenacidad y trabajo duro”, expresó una vez finalizado el duelo del martes pasado ante el Mónaco, en el que un joven Kylian Mbappé (18) rompió su racha de 600 minutos sin recibir gol en la máxima competencia continental.

A raíz de su gran momento, en BioBioChile recordamos a otros cracks que han disfrutado de una larga carrera en el fútbol.

Francesco, Il Eterno Capitano

Francesco Totti solo ha conocido una camiseta: la de la Roma. Enfundado con la giallorossa se retirará, casi con total seguridad, a final de temporada. A sus 40 años es el último one club man.

Su magia se impuso en la tierra del Catenaccio y sedujo a los grandes de Europa. El Real Madrid lo tentó en 2004 con millones y con la promesa de ganar títulos que nunca conseguiría con el equipo capitalino, pero él se quedó. Siempre, no importaba lo sideral de la oferta ni de donde viniera.

El sombrero ante el Inter de Milán luego de driblar rivales desde media cancha o la celebración con una selfie luego de anotarle en el clásico a la Lazio son historia.

Con la Roma ha anotado 307 goles en 783 partidos. Ganó dos Copas de Italia y solo un Scudetto, pero él dice que vale por diez, porque lo consiguió con el equipo que su abuelo le enseñó a amar.

“Roma es mi familia, mis amigos, la gente que quiero. Roma es el mar, las montañas, los monumentos. Roma son los romanos. Roma es el rojo y amarilla. Roma, para mí, es el mundo. Este club, esta ciudad, han sido mi vida”, escribió en la carta de amor dirigida a su equipo en septiembre pasado.

El camarunés que volvió del retiro para vivir lo mejor de su carrera

alcanzó la fama mundial cuando saliendo del retiro. Su carrera empezó a los 14 años en su natal Camerún. En poco tiempo se convirtió en un jugador de números estratosféricos. Se fue a Francia. En el modesto Valenciennes nunca se sintió cómodo. Tampoco en el Mónaco. Los entrenadores no le tenían confianza y él, acercándose a la treintena, estaba lleno de dudas. Recién en el Bastia pudo anotar con una frecuencia digna de un goleador de fuste. Su imagen deslavada se coloreó con tonos tenues. El gol que le dio el título de la Copa de Francia al club de Córcega fue el pináculo de su inesperado reverberar.

A esa altura, sus piernas ya no tenían la potencia ni la velocidad de antes y se fue a jugar a la segunda división gala. Primero con la tricota del Saint Ettiene, un grande caído en desgracia por aquellos años, y luego con la del Montpellier, equipo al que ayudó a ascender con sus goles, se terminó de ganar el respeto de los galos. Estaba más que pagado y le puso punto final a una carrera más que respetable.

El teléfono suena en su casa. Roger descuelga. Del otro lado de la línea está el Presidente de la nación. Le ruega que acompañe al imberbe equipo al Mundial de Italia ’90. No pudo negarse. Salió como suplente en cada partido que jugó, pero aun así se llenó de gloria. Sus goles frente a Rumania y a Colombia, acompañados de un hilarante baile junto al banderín del córner, recorrieron el mundo y traspasaron épocas. Miller, en medio de una polémica, volvió a jugar un mundial cuatro años más tarde. Puso fin a su carrera en 1996 jugando para el Bali United de Indonesia. Tenía 44 años.

La Bruja eterna de La Plata

El viaje de Juan Sebastián fue largo. Dejó el club de su vida, Estudiantes de la Plata, en 1995. Primero hizo un desplazamiento corto, se fue a Buenos Aires para jugar en Boca Juniors. Allí demostró que podía jugar en un club grande. Pero después de su paso por La Ribera emigró a Italia. Se llenó de éxito jugando para el Parma y para la Lazio, equipo en el que coincidió con Marcelo Salas.

Viajaba a Argentina para jugar con la selección ante un público que lo aclamaba, pero que después del Mundial de Corea y Japón lo destrozó por su mala actuación. Su periplo europeo continúo por dos colosos del fútbol inglés: Manchester United y Chelsea. En ninguno de los dos convenció y pegó a la vuelta al país de la bota para jugar con el Inter.

En 2006, a 21 años de su ida, la “Brujita” por fin volvió a casa. Se hizo dueño del equipo. Era el metrónomo que manejaba los tiempos y la figura potente que le infundió al club una competitividad que no tenía desde que Osvaldo Zubeldía lo llevara al cénit. Ese año serían campeones locales derrotando a Boca Juniors en la final, un año después perderían estrechamente la final de la Copa Sudamericana y en 2009 alcanzarían la gloria continental imponiéndose en la final de la Libertadores ante el Cruzeiro. Un año después volverían a ganar el campeonato local. Se retiró en 2011, pero volvió. La camiseta era una atadura de la que todavía no estaba preparado para liberarse. En 2014 fue el adiós definitivo ante San Lorenzo. Así se suponía que tenía que ser.

El 30 de septiembre del año pasado, Verón, ya como presidente del club de su vida, prometió que si vendía el 65% de los palcos nuevos volvería a la actividad. Y así fue. Con 41 años a cuestas salió a la cancha. Se suponía que iba a jugar por 18 meses, pero la recién asumida dirigencia de la AFA lo designó a cargo de las selecciones nacionales. Jugará dos partidos más y lo dejara.

El hombre que insipiró a Oliver Atom

El 12 de marzo de este año Kazuyoshi Miura encumbró aún más su leyenda en el fútbol nipón. Con 50 años a cuestas y el pelo entrado en canas, el ariete cazó un rebote en área chica, remató de zurda y convirtió el único gol en la victoria de su equipo, Yokohama FC, sobre el Thespakusatsu Gunma por la segunda división del fútbol japonés. Se convirtió en el jugador de mayor edad en anotar en la liga.

Con 15 años, el hombre que sería conocido como el “Rey” Kazu arrasaba en los campeonatos escolares. Entendió que en Japón nunca florecería y cruzó el Pacífico para jugar en Brasil, uno de los semilleros más fructíferos del mundo. Pasó por muchos clubes, pero debutó en el Santos. Su paso por el club de Pelé fue más novedoso que fructífero. Era el máximo ídolo futbolístico nipón, por lo que los dirigentes lo llevaron de vuelta para que fuese el símbolo de la profesionalización del fútbol.

Se llenó de gloria con el Verki Kawasaki a nivel local y continental, pero tras cuatro años sentía que tenía cartuchos por quemar en una liga grande. Emigró a Italia, para jugar en el Genoa. En la ciudad portuaria solo estuvo una temporada. Volvió a Japón, pero al año inició una nueva excursión: ir a jugar con el Dinamo Zagreb. En Croacia la suerte le mostró la misma cara. Salvo una breve estadía en Australia, no volvió a emigrar. Juega en el Yokohama desde 2006. El dibujante Yoichi Takahashi se inspiró en la figura del goleador para crear a Oliver Atom, el protagonista de los “Super Campeones”. Miura asegura que quiere jugar hasta los 60.

El arquero goleador del Sao Paulo

Las atajadas de postal que regaló Rogerio Ceni defendiendo el arco del Sao Paulo están en la memoria de todos los hinchas del “tricolor”. También los 128 goles que anotó merced a su exquisita pegada en los tiros libres. Ningún otro arquero, ni siquiera José Luis Chilavert, ha anotado más que él en toda la historia.

Ceni arribó al Morumbí desde el modesto Sinop. Era la época dorada del club paulista. Con Tele Santana en el banquillo, el equipo conquistó 11 títulos en tres años. El Campeonato Paulista, el Brasileirao, la Copa Libertadores, la Recopa Sudamerica y la Intercontinental se sumaron al palmarés de Ceni que, sin embargo, observó el fulgor de los trofeos desde una línea secundaria.

La retirada de Zetti le permitió adueñarse del arco, que sería suyo por dos décadas. Como titular pudo disputar y ganar todos esos partidos y títulos que antes miró desde el banco de suplentes. Es el segundo jugador que más partidos ha disputado como profesional, por detrás del inglés Peter Shilton. Se quiso retirar varias veces, pero el Sao Paulo se las arreglaba para retenerlo por un año más hasta que a fines de 2016 colgó los guantes con 43 años. Hoy sigue en el equipo de toda su vida como director técnico. “No hay mayor amor en la historia que el mío con el Sao Paulo”, ha sentenciado.

El “Flaco” de Calama

Luis Fuentes debutó con Coquimbo Unido en 1994. En el puerto tuvo buenas campañas, pero se hizo grande jugando para Cobreloa.

En la aridez del desierto, el “Flaco” mostró lo mejor de su carrera. Se convirtió en el pilar defensivo del equipo liderado por Nelson Acosta que venció en dos finales consecutivas a Colo Colo y, más tarde, tomó la capitanía del equipo en reemplazo del histórico Fernando Cornejo.

Se hizo indiscutible también en la selección chilena rumbo a Alemania 2006. La “culebra”, jugada con la que le arrebató la pelota a Ronaldo en un partido frente a Brasil, se hizo icónica.

Cuando parecía que colgaría los botines en Calama, se fue un poco más al norte y firmó con Iquique, por entonces en la Segunda División. Con los “Dragones Celestes” se impuso en la áspera Primera B y conquistó la Copa Chile.

Volvió a Coquimbo, el lugar en el que todo había empezado, para intentar devolver al club que lo formó a la elite del fútbol chileno. Sus intentos fueron infructuosos. Se retiró en 2014 a los 42 años y con 23 temporadas en el profesionalismo.

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