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Nicolás Castillo tras los pasos de los grandes goleadores chilenos en México

RONALDO SCHEMIDT / AFP
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Nicolás Castillo llegó y la rompió. El ariete formado en la Universidad Católica no necesitó tiempo de adaptación al fútbol mexicano. Apenas se puso la camiseta de Pumas empezó a anotar y a tirar de remolque a un equipo que aún no alcanza su plenitud. En ocho partidos ya lleva anotados seis goles, cifra que lo pone en la cima de la tabla de goleadores.

El último fin de semana se irguió como el héroe al anotar los dos goles de su equipo en la victoria ante Santos Laguna. La Liga lo escogió como el jugador de la fecha y los elogios se sucedieron uno tras otro.

“Alabado sea Crackstillo”, escribió el diario Récord. “Sin duda es un gran elemento, que jamás se rinde y busca entregarse al máximo, no sólo en los entrenamientos, sino también en los partidos”, lo alabó su entrenador Juan Francisco Palencia. Su compañero Matías Brito lo tiene claro: “Tenemos que jugar para Nico Castillo, es un gran definidor”. Al parecer Castillo, luego de su fallida incursión europea, por fin encontró su lugar en el mundo.

La tierra de los mariachis ha sido generosa con los artilleros nacionales. El atacante formado en la Universidad Católica es el último de una larga serie de chilenos que han conquistado México con su compulsivo pulso goleador.

El mayor goleador chileno de todos los tiempos se hizo en México

El que empezó con la saga fue Osvaldo Castro. “Pata Bendita” aportilló sin piedad las porterías mexicanas durante los años 70 y parte de los 80. El poderoso América lo tentó para emigrar y lo convenció. Allá coincidió con otro chileno, Carlos Reinoso, una de las grandes glorias de las “Águilas”. En la temporada 1973-74, con Reinoso como principal socio, Castro fue “campeón de goleo”, sitial que el mítico Enrique Borja, su compañero en ataque, tenía hegemonizado. Ese mismo año ganó la Copa México anotando un gol en la final ante Cruz Azul. A la temporada siguiente emigraría a los Gallos de Jalisco, equipo en el que aún se mantiene como el máximo goleador histórico, con 91 tantos repartidos en cuatro años.

Volvió a Chile para jugar con Universidad Católica, pero volvió rápidamente a las tierras donde vivió su cenit como profesional. En el norte siguió con su implacable cruzada. Fichó con el Neza y terminó convirtiéndose, al igual que en los Gallos, en el mayor anotador del club, con 43 goles. Fue traspasado al Atlético Potosino y tres años más tarde puso fin a su reguero goleador en los Pumas de la UNAM. En total anotó 219 goles en canchas aztecas, 214 de ellos en liga, cifra que lo convierte en el sexto máximo artillero de la Primera división Mexicana. No hay jugador chileno que haya anotado más goles oficiales que él.

“Pata Bendita” se convirtió en una figura de culto en México, un icono de la cultura popular. En el país del norte aquel forastero de zurda mortífera era conocido de punta a punta. Hasta en “El Chapulín Colorado”, uno de los shows televisivos más vistos en la historia de la televisión latinoamericana, salía su nombre al ruedo.

Un Búfalo suelto en México

Carlos Poblete, al igual que Nico Castillo, era un peso pesado en el área. Un tipo que no era un derroche de buena técnica, pero con mucho carácter y mucho olfato. El “Búfalo” inició su carrera como defensor central en la Universidad de Chile hasta que a mediados de los años 80 el entrenador estudiantil, Luis Ibarra, lo puso en el otro costado de la cancha. Su misión ya no era defender la portería, sino que bombardearla. Un año después de su cambio de posición, viajó con una selección chilena alternativa a Los Ángeles, para disputar un cuadrangular con México, Bulgaria y el Corinthians de Brasil. Sus buenas actuaciones le valieron un contrato con el Puebla. Tenía solo 22 años y no era más que una promesa. En México se revelaría como un goleador de fuste.

Pasó por varios clubes en el país del norte, pero en ninguno tuvo tanto impacto como con los “Camoteros”, donde compartió cancha con sus coterráneos Jorge Aravena, Oscar Rojas y Gustavo Moscoso. Con la camiseta franjeada anotó 83 dianas. Su gol con la cabeza ensangrentada en la final de Copa ante Tigres en 1990, o la noche lluviosa en que anotó un triplete ante el Necaxa y luego terminó de arquero están en el baúl de los recuerdos. “Mi época en el club es lo máximo que viví como futbolista profesional”, afirmó en una entrevista concedida a Televisa años atrás.

La leyenda del “Fantasma” que espantaba a los arqueros

En ningún lugar del mundo el lenguaraz y díscolo Juan Antonio Figueroa es tan querido como en Morelia. El Fantasma desató lo mejor de su fútbol en Michoacán. Su estatura futbolística superó los márgenes de la idolatría para convertirse en leyenda. En México se sigue pensando que es el mejor jugador que han tenido los “Canarios”. En sus dos períodos en el club (1986-1990 y 1993-1997) anotó la friolera de 140 tantos en competencias oficiales. Es el máximo anotador del club y el quinto jugador que más veces se puso la camiseta amarilla y roja. En 2011 el Diario Récord lo situó en el once ideal de todos los tiempos de los “Monarcas”.

Su gran cruz es no haber levantado ninguna copa con el club de Michoacán, del que se fue peleado con los dirigentes. “Yo me merecía otro trato”, afirmó. También vistió las camisetas del América y del Atlético Celaya.

El “Pony”, un mexicano más

Se fue de Chile muy joven y nunca volvió. Había deslumbrado con la Unión Española de Nelson Acosta y llamó la atención de empresarios mexicanos. Allí hizo su carrera, en silencio. Casi 20 años en que hizo gala de su gambeta, de su velocidad, de su pegada y, cómo no, de sus goles. A pesar de ser un delantero que se movía más por la periferia del área que dentro de ella, anotó 141 goles con equipos mexicanos.

El Santos Laguna, club con el que vivió sus mejores días, le construyó una estatua en su centro de entrenamiento. “Es algo muy poco usual. Es por eso que en esas situaciones uno se siente feliz, por el reconocimiento que me hace la directiva. Es uno más de los que me ha hecho la institución, a la cual le estoy profundamente agradecido porque son detalles que no se olvidan, por lo que significa para mí y mi familia”, comentó el atacante.

El “Hueso” fue crack en el equipo de “Don Ramón”

Antes de convertirse en uno de los emblemas de aquel recordado y laureado Colo Colo dirigido por Gustavo Benítez, Ivo Basay pasó por México con un éxito rotundo. En las tierras del norte sólo defendió una camiseta: la del Necaxa. Es el segundo goleador histórico del equipo de Aguascalientes, con 101 dianas. El más recordado, sin duda, es el que le anotó al Cruz Azul en la final de la temporada 1994/95. Con ese gol, los “Rayos” cortaron una sequía de 50 años.

“Me tocó jugar en Francia, en Colo Colo, en Boca, pero un equipo como Necaxa, nunca encontré tan completo, con tantas cosas positivas, y eso sinceramente marca un momento muy especial en mi carrera”, expresó el “Hueso”, quien ha sido tentado en más de una oportunidad para defender al equipo de “Don Ramón”, el entrañable personaje de “El Chavo del 8”.

El destape del “Purranquino”

Héctor Mancilla se fue sin hacer ruido de Chile. Tras buenas temporadas con Huachipato y correctos seis meses en Colo Colo, fue a probar suerte a Veracruz. Sin un gran cartel a cuestas, Mancilla sorprendió con los “Tiburones”. Su buen andar le abrió de par en par las puertas de un grande de la Liga MX, el Toluca. Con los “Diablos Rojos” llegó a situarse entre los 20 máximos anotadores del mundo en primera división y se coronó campeón. Sus goles también hicieron levantar de sus asientos a los hinchas de Tigres, Atlas, Morelia y ahora a los de Dorados de Sinaloa, donde el purranquino disfruta el otoño de su carrera.

“Acá me han reconocido. Ojalá en Chile hubiese pasado lo mismo. Pero soy un agradecido, cuando llegué no pensaba que iba a pasar tantos años acá. Entonces creo que quedé en la historia como uno de los chilenos más exitosos en este país”, dijo en entrevista con La Cuarta el 2013.

En la misma entrevista contó una anécdota que tuvo con el Presidente del país. “Una vez, con el Toluca, fui a la casa de gobierno. El presidente era Felipe Calderón y me preguntó por qué no me nacionalizaba para jugar por el ‘Tri’. Estaba Chepo de la Torre de técnico, así que probablemente hubiese tenido una oportunidad”, narró.

“Chupete”, el temible goleador

Humberto Suazo torció su destino en México. Llegó al Monterrey en 2007, pero sus seis primeros meses fueron nefastos. El sanantonino se había llenado de títulos con Colo Colo, venía de ser el goleador de la sudamericana y ser el segundo artillero a nivel mundial con mejor promedio. Pero en su nuevo club no podía demostrar sus quilates. Jugó mal, hizo pocos goles, se peleó con compañeros y con el entrenador. Parecía listo para emigrar, pero su salida no se concretó. A regañadientes se quedó en un club en el que terminaría siendo idolatrado a mares.

Con 121 anotaciones a su haber, siete de ellas en finales de campeonato, Suazo hizo más goles que nadie con la camiseta de “Rayados”.

Tras una horrible vuelta paso por Colo Colo, Suazo volvió a la ciudad regiomontana para retirarse. Cuarenta mil fanáticos repletaron el Estadio Tecnológico y corearon su nombre. La institución, como homenaje, retira su eterna camiseta 26. “Fue una leyenda”, “La era del temible goleador llega a su fin”, titularon los medios mexicanos.

Iván Zamorano, Esteban Paredes, Reinaldo Navia, Patricio Gálaz, Sebastián “Chamagol” González son otros que golearon en México. Ahora le corresponde a Nicolás Castillo tomar el testimonio y continuar con la dinastía chilena por esos lares. Los goles chilenos son tradición en suelo azteca.

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