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El sueño de convertir a China en potencia del fútbol choca con la educación

Fútbol de menores en China | Agence France-Presse
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El sueño de China de convertirse en una potencia mundial del fútbol depende de que millones de jóvenes practiquen este deporte que los padres consideran, sin embargo, una inútil distracción de los estudios.

El presidente chino Xi Jinping, confeso aficionado al fútbol, ha designado tres objetivos para el país: albergar un Mundial, clasificarse para él, y al fin ganarlo.

Pero la selección de china está clasificada solamente en el puesto 83 del ranking de la FIFA -por detrás de la nación caribeña de Antigua y Barbuda, con solamente 86.295 habitantes-, y está en último lugar en su grupo de clasificación para el próximo Mundial, pese a la reciente contratación del entrenador italiano Marcello Lippi.

Pero el gigante asiático está implicado en un amplio programa para desarrollar el fútbol entre los jóvenes, con a implementación en los cuatro próximos años de 20.000 academias para que jueguen al fútbol unos 30 millones de jóvenes de escuelas primarias y de secundaria.

El objetivo es convertir a China en una de los principales potencias del mundo en torno al año 2050, según este plan.

Las barreras sociales

Pero el plan se enfrenta a reticencias sociales, según admiten los propios entrenadores, en parte debido a las mentalidades de las familias sobre la educación.

“El gran desafío es superar este prejuicio de que el fútbol es una distracción para la educación”, afirma Tom Byer, un asesor de fútbol basado en Japón, que ha sido contratado por el ministerio de Educación chino para llevar a cabo estos programas piloto.

“La gente que tiene un solo hijo (…) y se preocupa por su futuro se pregunta ¿hay que darle importancia a los deportes o a que esté mejor preparado académicamente?”, explica.

Para aliviar estos dilemas, Byer trata de convencer a los padres chinos de que los hijos físicamente activos son académicamente mejores. Pero muchos de ellos replican que si no es “irresponsable” que los niños jueguen al fútbol.

En las prácticas de fútbol en Pekín los padres admiten que el deporte es positivo pero temen que a la larga interfiera negativamente con los estudios.

Song Feng, mamá de 41 años, dice que el fútbol “es apenas un hobby, una distracción” para su hijo de 11 años, y que siempre los estudios pasarán en primer lugar “porque así son las cosas en el sistema educativo chino”.

Gao Fei, padre de otro niño, asegura que “no va a dejar que (su hijo) se convierta en futbolista porque no es bueno el entorno del fútbol profesional chino”.

Recordar a Albert Camus

La prensa china adelanta argumentos para convencer a los escépticos.

Un artículo en el portal de internet Sohu cita al escritor Albert Camus, premio Nobel de Literatura, y al físico danés Niels Bohr -ambos jugaron de porteros en equipos de fútbol- para demostrar que el deporte y la vida académica son compatibles.

“¿Jugar fútbol supone fracasar en los estudios? Profesores y padres, ¡despierten! ¡no desaprovechen las posibilidades de futuro de sus hijos!” dice el artículo.

Pero el sistema educativo chino gira en torno a un muy competitivo y crucial examen de graduación, el Gaokao, que determina el tipo de universidad al que se puede acceder y del que dependen numerosas oportunidades de carrera.

Todo ello hace que el sistema “deja muy poco tiempo para los deportes”, asegura Mary Gallagher, profesora de Ciencia política en la Universidad de Michigan. “¿Se van a arriesgar los padres a que sus hijos pierdan puntos en el Gaokao con tal de jugar al fútbol?”, se pregunta.

China, el país más habitado de la tierra (1.350 millones de personas), tiene una población 25 veces mayor que la del Reino Unido, pero queda muy por detrás de los 37.000 clubes de fútbol que hay en el país europeo, según Rowan Simons, que ha vivido 20 años en China, donde es presidente de un club.

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