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Kristaps Porzingis, el ’unicornio’ que ilusiona a los Knicks y calla bocas en la NBA

Nathaniel S. Butler / NBAE via Getty Images / Agence France-Presse
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Kristaps Porzingis quema las redes con un triple kilométrico. Kristaps Porzingis hace volar la pelota con una tapa monumental. Kristaps Porzingis deja petrificado a su marcador con una finta y la vuelca con escándalo. Kristaps Porzingis es el héroe de Nueva York. Kristaps Porzingis es la esperanza de una franquicia que solo lo tiene a él. Kristaps Kristaps Porzingis por fin es una súper estrella de la NBA, luego de que muchos dudaran de él.

Su historia empieza muy lejos del glamour de Nueva York, en Liepaja, al oeste de Lituania, la ciudad donde nace el viento, a orillas del Mar Báltico. Creció en una familia de basquetbolistas. Su padre llegó a jugar como semi profesional en la Unión Soviética, su mamá se convirtió en una entrenadora de prestigio y sus dos hermanos llegaron a jugar como profesionales. Con ellos como espejo, Kristaps empezó a pulir su talento natural en la vieja cancha de los Liepajas Metalurgs.

Un representante jubilado, pero con el olfato intacto, lo grabó en sus sesiones de entrenamiento y mando los videos a las oficinas de importantes clubes europeos. A los 15 años cambió el frío de Liepaja por el calor de Andalucía. El CB Sevilla lo incorporó a sus cadetes, se encandilaron con la capacidad de tiro que mostraba pese a su gran estatura. La pasó mal los primeros meses. No hablaba el idioma, extrañaba a sus padres y su cuerpo no respondía ante el nuevo nivel de exigencia.

“Tenía sueño a todas horas. Comía, pero apenas tenía hambre ni fuerzas. Me hicieron una analítica y me faltaba hierro y ácido fólico. Al principio en los entrenamientos con Rocky Jarana no podía lanzar 10 tiros seguidos, me dolía el brazo de lo débil que estaba por la anemia. La nutricionista del club, Inmaculada Avivar, fue quien dio con la tecla y empecé a engondar hasta los 100 kilos con una altura de 2,16 a los 17 años”, confesó en una entrevista.

Tras destacarse con los juveniles, le llegó el llamado del entrenador del primer equipo para debutar en la exigente ACB, una de las mejores ligas de Europa. Su evolución en dos años fue brutal. Los Knicks supieron de él y, con sigilo, empezaron a seguirlo. Nadie más podía saber de la joya que se escondía en España.

Porzingis apareció en la lista de elegibles del draf 2015 y a nadie le llamó la atención. Las apuestas se concentraban en quien acabaría número uno del sorteo: Karl Anthony Towns o D’ Angelo Russell .

El comisionado Adam Silver subió al estrado del Barclays Center de Brooklyn y leyó una tarjeta: “En la cuarta selección del Draft 2015, los New York Knicks seleccionan a Kristaps Porzingis”. Un atronador abucheo inundó toda la arena, mientras el muchacho de 19 años se abrazaba con sus padres. Con un rostro impertérrito y ataviado con un traje marrón subió al escenario. Las cámaras de televisión enfocaron a un niño fanático de los Knicks que no paraba de llorar. Sentía, como muchos, que habían perdido la oportunidad de fichar a una estrella en ciernes.

El ala pívot pasó del rechazo a la adoración. Todo cambió para Porzingis apenas se puso la camiseta número 6 y salió al parquet del Madison Square Garden. Su pelo rubio, su cuerpo desgarbado y sus movimientos finos recordaban a Dirk Nowitzki. Se transformó en el primer novato en alcanzar más de mil puntos, más de 500 rebotes, más de 75 triples convertidos y más de 100 bloqueos. El mismo niño que lloró en su presentación le fue a pedir autógrafo y una foto. Pasó de 4 mil a 100 seguidores en sus redes sociales. Toda la liga hablaba de él.

“Por lo que he visto, es un joven especial. Ellos fueron muy astutos en averiguar lo que podría ser en el futuro. Su agilidad, el sentido del juego, sus habilidades, son muy importantes. Creo que va a ser un gran jugador”, dijo Gregg Popovich, entrenador de San Antonio, luego de que Porzingis se luciera ante Tim Duncan.

Pero ese fuego inicial se apagó en su segundo año. El equipo, otra vez, no consiguió boleto para la postemporada. Y las críticas apuntaron al ex jugador del Sevilla. Se empezó a dudar de si era capaz de competir con la elite y si su físico, maltratado por las lesiones, podía resistir el trajín de la liga. A inicios de esta temporada, el panorama se veía aún más lúgubre tras la partida de Carmelo Anthony a Oklahoma y el despido de Phil Jackson, el general manager del equipo que apostó por Porzingis.

Antes de dejar el cargo, Jackson pensó en traspasar al interno y su hermano Jianis, que también es su representante, reconoció que era posible verlo con otra camiseta. Si se quedaba, estaba obligado a abandonar la sombra de Anthony y convertirse en el líder de un equipo mustio, al que se le auguraba un triste porvenir en la actual campaña. “No creo que esté listo. Tiene sólo 22 años. Es una gran carga que llevar. Pero está demostrando que es competitivo”, declaró Jackson.

Ajeno al movimiento de los agentes en Estados Unidos, el jugador completó un buen europeo con su selección y volvió con nuevos bríos. Cinceló su cuerpo con largas horas de gimnasio en la pretemporada, apuntaló su tiro y aumentó la intensidad en defensa. Los Knicks arrancaron tan mal como siempre, encadenando tres derrotas consecutivas. En ese momento, emergió un Porzingis pletórico para tirar del carro y recuperar la autoestima de su equipo. Los neoyorkinos, bajo el influjo del letón, han ganado seis de los últimos siete encuentros.

Promedia 30 puntos por partido, doce más que el año pasado, lo que lo convierte en el segundo máximo anotador de la liga, solo superado por el griego Giannis Antetokounmpo. Ante los Pacers dio un recital y firmó una planilla de 40 puntos, su récord personal. Pese a que ahora los técnicos rivales planean complejas estratagemas para ponerle freno, tiene un porcentaje de acierto de 38,5 en tiros de tres y de 50 en tiros de dos.

La fuerza y la potencia que he ganado me ayudan mucho. Me ayudan a tirar con más equilibrio, a pesar de que a menudo tengo a mis rivales muy encima. Pero ahora soy capaz de ejecutar a pesar del contacto físico”, expresó.

Está batiendo números del mítico Pat Ewing. Es el primer jugador de la historia de los Knicks en anotar más de 300 puntos en sus primeros diez partidos de temporada. “Lo más dulce para nosotros, lo mejor para nosotros, será llegar a los playoffs. Esto no significa nada”, dijo al ser consultado por su increíble promedio de goleo.

“No puedes defenderlo”, aseguró el entrenador de los Hornets, Steve Clifford, luego de que el ala pívot liderara con 28 puntos una remontada épica ante su escuadra. Puede bombardear desde nuevo metros, pedir la pelota en el poste alto o bajo y tirar con suspensión tras una media vuelta, poner el balón en el piso e irse hacia el aro o aprovechar la longitud de sus brazos para coger el balón en un alley oop y machacar, aunque no solo vive de anotar. Está en el Top 10 de jugadores con más bloqueos de la NBA y también rebotea.

“Puede tirar, tomar buenas decisiones, puede defender, es un jugador muy alto que puede tirar desde muchas posiciones, incluso de tres puntos. Eso no es habitual. Y puede taponar… Es como un unicornio en esta Liga”, manifestó la súper estrella de Golden State, Kevin Durant.

Un unicornio. Una rareza. Un gigante lleno de clase. Un jugador más preocupado en mejorar la defensa que entrar en la pelea por el MVP, aunque las gradas del Garden raspen las cuerdas vocales exigiendo que lo coronen. La Gran Manzana está a sus pies. Él se lo toma con calma. Habla sin hacer promesas chispeantes ni con bravuconadas tan propias de las súper estrellas de la liga. La prensa estadounidense lo califica como el jugador más inteligente del vestuario. Todavía vive con sus padres porque, según dice, lo ayudan a mantenerse concentrado en el baloncesto. Se trata de una pieza única.

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