Cultura


Crítica teatral: “Las horas negras”, con los ojos y el placer del voyerista

Francisco Negroni | Agencia UNO
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Aunque no es primera vez que se presentan en nuestro medio obras escénicas para un solo espectador (“Led”, 2011), esta propuesta aporta un grado valioso de innovación.

“Las horas negras”, dramaturgia y dirección de Romina Herrera, invita a sólo un par de ojos a ver un episodio en la vida de tres personajes clásicos del dramaturgo inglés William Shakespeare, que se encuentran en una situación límite.

Desdémona (“Otelo”) presagia su muerte, a pocas horas de ser asesinada por su celoso marido; Lear (“Rey Lear”) lamenta la muerte de su hija como consecuencia de sus propios actos; y Lady Macbeth (“Macbeth”) no puede dormir porque siente sus manos ensangrentadas, ya que fue instigadora de los crímenes de su esposo.

Son escenas de cinco minutos cada una, entregadas como teatro de animación de marionetas y objetos en miniatura que se mueven en el interior de sus respectivas cajas escénicas, mientras el espectador mira por un orificio, el equivalente al ojo de una cerradura.

Lambe-lambe se denomina este formato escénico, delicada y espectacular técnica de teatro en miniatura de origen brasileño, esta vez en función de grandes personajes trágicos shakespereanos.

Grandezas y miserias

Alrededor de cincuenta centímetros de frente por unos cuarenta de alto y de fondo tienen las cajas escénicas, en cuyo interior hay tres tipos de ambientación, todo a escala, que entregan una visión entre realista y onírica.

Para Desdémona, la directora diseñó un dormitorio con cama, dos veladores, un ropero, ventana y puerta; para Lear y su hija se optó por el rostro de ambos muñecos, un poco más ampliados, con gestos expresivos de dolor; para Lady Macbeth la alternativa se concentró sólo en el par de manos de una actriz, manchadas con pintura roja.

Cada escena crece con el aporte musical, creado por Felipe Valdés, mientras que las acciones físicas de los objetos -con la manipulacion de Angélica Martínez, Alejandra Montecinos y Romina Herrera- concuerdan con la idea de síntesis de toda la propuesta. Lear cuenta con la entrañable voz del actor Humberto Duvauchelle.

Algo de voyerista tiene el planteamiento general de la realizadora, ya que busca ingresar a un territorio prohibido, a la intimidad de cada personaje, a esos sentimientos y emociones asociados al sufrir que sólo habitan en el cerebro y el corazón de cada uno.

Acá se exponen sin tapujos mediante el derribamiento de los “sagrados” muros del prejuicio y la privacidad, cuando el ojo humano traspasa fronteras y los pequeños cuerpos son movidos por las varillas de la marionetista.

La sensación de estar frente un espectáculo lúdico resulta inevitable en estas presentaciones, aunque lo pequeño de las dimensiones escénicas aludan a momentos llenos de grandeza y miseria humana.

Una delicada, hermosa, innovadora y eficiente manera de incorporarse a la conmemoración de los 400 años de la muerte de William Shakespeare.

Gam. Alameda 227. Foyer Oriente, sector de informaciones.

Jueves, viernes y sábado, 19.00; domingo 18.00 horas. Entrada general $ 3.000. Hasta el 29 de Mayo.

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