Cultura


CRÍTICA DE TEATRO: “El abismo de los pájaros”, sobrevivientes en teatro porteño

Gabriel Osorio (izquierda) y Pato Escala (derecha) en La Moneda | AFP
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El drama define el formato de este montaje, creado en Valparaíso, y también la esencia de su historia: aborda la situación actual del casi extinguido pueblo kawésqar, hoy con sólo quince sobrevivientes.

A eso se agrega el rito como perfil relevante de la obra, pero no en función de concentrarse en un conjunto de prácticas ceremoniales o religiosas invariables.

Lo ritual en la propuesta se acerca más a la valoración mítica del concreto y real pueblo alacalufe, y por extensión, de otras comunidades que poblaron el territorio austral de Chile.

Y lo hace alrededor de una historia propia del siglo XX e, incluso, XXI, con soportes en lo documental y educativo, cuando un abogado de la Armada llega a Puerto Edén para convencer a Luisa Edén, una vieja kawésqar, que venda el terreno en que vive ya que se desea ocupar para reconstruir una base aeronaval.

En esta típica confrontación de civilizaciones, en la que también intervienen un ex policía y su hija, a favor y en contra del proyecto, la obra se juega por subrayar valores trascendentes como el derecho a la vida, la diversidad cultural y la memoria patrimonial y cultural de nuestro país.

Dos mundos

Con la dramaturgia y dirección de Fabiola Ruiz, al frente de la compañía porteña La Malinche Teatro (“Trashumantes”, “Corral Ajeno”), “El abismo de los pájaros” ha ganado los premios Mejor

Montaje y Mejor Actriz (Maricel Muñoz) del Festival Nacional de Calama FENTIC 2015.

El relato se desarrolla en un ambiente escenográfico (diseño de Daniel Fuentes, Iluminación de Jorge Espinoza), en el que destaca un rectángulo luminoso y vertical de grandes dimensiones, simbólico, monumental y algo estático, tal vez buscando reflejar lo permanente de la naturaleza y del ser humano.

En su interior se mueve un elenco en una cadencia que representa en síntesis a dos mundos en confrontación: la civilización contemporánea (padre e hija, en una familia convencional) y la cultura kawésqar, (a través de una mujer vestida y maquillada a la usanza tradicional).

Al mismo tiempo, muestra las contradicciones en las ideas y en el sentido que cada cual le da a la vida, con la mujer kawésqar viviendo sus tradiciones y, después, gritando sus derechos, y el ex policía defendiendo la iniciativa de los marinos, mientras su hija protagoniza una ardorosa defensa de la diversidad cultural.

Sin embargo, tal vez lo más interesante en la obra sean los cambios que experimenta el abogado, no porque deje de lado su misión, sino porque se da cuenta que existe un mundo que ignoraba y menos se imaginaba, junto con abrir su mente para tratar de entender la posición del otro.

Algo necesario y básico para iniciar un proceso de verdadera comprensión del pasado y construir un posibe futuro.

Matucana 100, jueves a domingo, 20.00 horas. $ 4.000 entrada general; $ 2.000 estudiantes y tercera edad.

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