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Pearl Jam dio clase magistral de madurez ante un Estadio Nacional repleto

Carlos Müller | Lotus Producciones
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En la primera presentación de Pearl Jam en Chile, el 22 de noviembre de 2005, muchos temían que el concierto se suspendiera debido al sistema frontal que afectaba a gran parte del centro del país. El recital que se materializó en esa oportunidad en San Carlos de Apoquindo marcó un exitoso debut de los de Seattle y tuvo un toque más bien sentimental, ayudado por la débil lluvia que caía sobre la Región Metropolitana.

Para este miércoles se pronosticaban chubascos en la tarde y en la noche. En concreto, no cayó más que un par de gotas a eso de las 17:20, sin amenazar este quinto concierto de la agrupación norteamericana en nuestros suelos.

Con las lluvias en el olvido, lo único que quedaba era enfocarse en la música. El disco “Lightning Bolt” no había sido presentado formalmente en nuestro país, ya que fue lanzado algunos meses después de que la banda encabezara el Lollapalooza criollo del 6 de abril de 2013.

Al contrario del evento que se realiza en el Parque O’Higgins, esta vez el ejército de fans de Pearl Jam (fácilmente reconocibles por estar uniformados con poleras negras y camisas cuadrillé) no debió batallar contra cintillos floreados por lograr una posición privilegiada, aunque sí muchas molestias fueron auspiciadas por los portadores de “palos de selfie” (que, por cierto, estaban prohibidos para este evento).

A Pearl Jam los años se les notan. De hecho, gran parte del show que brindaron en el coliseo ñuñoíno estuvo marcado por las baladas o por las canciones de un ritmo mucho más pausado, lo que se pudo advertir hasta en los covers.

El reloj marcaba las 21:08 y la banda ya estaba sobre el escenario para formalizar la presentación de su disco más reciente. “Pendulum” fue el tema con el que Pearl Jam empezó su primera aventura en el Estadio Nacional, aunque tuvo una respuesta algo tibia desde la audiencia.

Una suerte distinta tuvo “Release”, del clásico primer disco de la agrupación. Como si hubieran arrojado una lacrimógena al público, muchos de los asistentes hacían esfuerzos para enjugar sus lágrimas y mantener al mismo tiempo los brazos alzados hacia Eddie Vedder, quizás como queriendo alcanzarlo a la distancia.

“Nothingman” era la demostración de que aún no era turno para acelerar las cosas, mientras el corazón de las 60.000 personas que repletaron el Nacional seguía apretado.

Pero no todo debía ser melancolía. Con “Go” (del álbum de 1993 Vs.), los asistentes recordaron que en los conciertos de Pearl Jam se salta, se grita y, de paso, se empuja para llegar lo más adelante posible.

“Mind your manners”, del “Lightning bolt”, generó dos reacciones marcadas; mientras algunos optaban por generar desorden como si nada más importara en la vida, otros se resistieron a comportarse frenéticamente. Eso, por supuesto, no impidió la aparición de los primeros desmayados.

Ahora, si de “vacilar” se trata, “Corduroy” arribó como un golpe vitamínico y como uno de los mejores recuerdos de la etapa más temprana de Pearl Jam. Eddie se encargó de “jugar” con el público, que le siguió la corriente en las palmas y en la voz.

La banda se había despachado seis temas cuando Eddie preguntó “everybody is OK?”. El músico tiene una especial preocupación por el estado de sus fans, en especial desde la tragedia de Roskilde que costó la vida de nueve personas en una avalancha humana.

“Lighting bolt”, que da nombre al disco que la banda vino a presentar, no surtió mucho efecto para motivar al respetable, aunque tampoco éste daba muestras de desaprobación a la performance de la banda.

En una pausa, Eddie Vedder recordó cuán “catete” puede ser el fan nacional, señalando que en el exterior del hotel donde se quedaron alojando en Santiago, habían “muchos buenos cantantes… era tarde… cantaban fuerte”. Eso sí, aclaró que “estábamos muy felices porque cantaban muy bien”. Ninguna máquina detectora de sarcasmo debe haber salido indemne ante la frase.

Llegaba el momento de electrificar al público con “Even flow”, recurso del disco “Ten” que no falla a la hora de motivar a los asistentes. Da la impresión que en el solo de guitarra, Mike McCready olvida que tiene cuerpo y solo deja volar sus dedos en el mástil de su Fender Telecaster (Eddie le hizo un reconocimiento por su notable solo).

En inglés, y sin el tradicional papel que lo caracteriza en sus discursos de español chapurreado, Vedder lamentó no tener un conocimiento profundo del idioma. “Desearía haber prestado a las clases de español”, confidenció antes de que empezara a sonar “Sirens” en el estadio.

“Light years” y “Severed hands” antecedieron a la clásica “Daughter”. Las pantallas, en blanco y negro, mostraban a un más que transpirado Eddie Vedder quien motivó a que toda la cancha saltara con “Given to fly”.

Cuando ya había transcurrido una hora y 10 minutos del inicio del show, “Got some” fue el aliciente a que la multitud no parara de moverse.

De ahí en adelante se cumplió la mitad del show. El decimoquinto tema en sonar en el Estadio Nacional fue “In Hiding”, a la cual continuó “Rearviewmiror” para pasar al que sería el primer descanso de la noche.

La consecución de temas después del breve descanso fue desgarrante. A la bella composición acústica “Just Breathe” (del “Backspacer”) la siguió “Mother”, cover de Pink Floyd que fue más que cantado por las 60.000 personas del estadio.

Aunque si se trata de elegir momentos, el que generó el cover de “Imagine” de John Lennon fue sin dudas el más emotivo del quinto concierto de Pearl Jam en Chile. Vedder pidió como homenaje a Lennon -recordando que en octubre hubiera cumplido 75 años- que todo el público encendiera la luz de sus celulares. Muchos prefirieron voltearse para ver las tribunas estrelladas, mientras se escuchaba la voz de Vedder tributando a uno de sus ídolos musicales más grandes.

Pero con eso no bastaba. “Espero que seas una estrella en el cielo de cualquier otro, pero ¿por qué no puede ser mía?”, preguntaba el vocalista en su desgarrador canto de “Black”, el tema que quizás cambió los destinos de la agrupación en su álbum debut “Ten”.

Para que el público se repusiera y así se previnieran cascadas de lágrimas, era necesario inyectarlos de ánimo. “Why go”, “Do the evolution” y “Porch” cumplieron a cabalidad este propósito.

Con el segundo encore ya se venía el último tramo de temas que partió con “State of love and trust”. La oportunidad para el público de reventar sus gargantas llegó con la introducción de “Better man”, uno de los temas más aclamados de la noche y que Vedder permitió cantar a la multitud sin tapujos.

El líder de Pearl Jam es un fanático reconocido del vino, y cada vez que pisa suelo nacional se encargan de convidarle lo mejor de este brebaje. “Un salud para los campeones de la Copa América”, manifestó, agregando una expresión más informal: “El vino está pa’ chuparse los bigotes”. El remate era obvio: “Un manjarrrrsh”.

“Alive” se hacía necesaria para cerrar el show que en ese punto superaba las dos horas y media. Vedder aprovechó por pasearse por todos los lados posibles, saludar gente y contener ese ímpetu juvenil que antaño lo precipitaba a lanzarse sobre el público.

“Rockin’ in the free world” dejó a todo el estadio bailando, aunque varios esperaban que se repitieran los fuegos artificiales con el que se coronó la participación de Pearl Jam en Lollapalooza 2013.

Para rematar, “Yellow Ledbetter” es el final feliz que todos esperaban. Abajo, en la cancha, un grupo de cuatro amigos griegos se abrazaba, emocionados mientras escuchaban el clásico riff de Mike McCready.

Con 28 temas y con un “Viva Chile, mierda”, se cerró el esperado concierto que dejó a Pearl Jam una meta más que ambiciosa cuando pretendan regresar a nuestro país.

Atrás quedó la espera, atrás quedaron los primeros conciertos en San Carlos de Apoquindo, atrás van quedando los años. Pearl Jam lo está entendiendo de esa forma y en vez de renegarlo, lo asume. ¿Quién dijo que envejecer es malo?

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