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Encuentro con los hermanos Boltanski

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Luc Boltanski, sociólogo y escritor, es autor de “El Amor y la Justicia…” y Christian Boltanski, artista plástico que está exponiendo en el Museo de Bellas Artes de Santiago.

Fernando Balcells

Luc Boltanski y Christian Boltanski son hermanos. Parece obvio pero yo lo descubrí hace poco y todavía estoy impactado. Llevaba leída la mitad de ‘El Amor y la Justicia…’, de Luc, cuando decidí investigar el alcance de apellidos con Christian, que está exponiendo en nuestro MBA. Wikipedia, que todo lo responde, puso en mis manos la confirmación de un hallazgo que no ha provocado la más mínima emoción ni en mis amigos sociólogos ni entre los artistas. Seguramente si les informaran que Marcel Duchamp y Emile Durkheim eran hermanos responderían con la misma indiferencia. Esto se debe, al parecer, a que la pregunta que me emociona –la relación entre el arte, el conocimiento y la vida- no solo no tiene respuestas sino que es ilegítima a la luz del tribunal de la razón. La especialización y la separación de las distintas esferas del saber es una condición moderna de su libertad y su progreso. El hecho de que a mí no me convenzan las separaciones no quita nada a la realidad burbujeante de las instituciones.

Arte y técnica

Soy sociólogo por formación y aficionado al arte por opción de vida. Hace mucho que hice la elección por el arte como disciplina para abrir la vida en la mayor amplitud posible. Durante un tiempo intenté conciliar la pretensión del conocimiento ‘científico’ con la apuesta por la creatividad, pero mis débiles esfuerzos fracasaron siempre en el pantano que separa al conocimiento de lo vivido del imaginario prometido.

Hay un momento en la adolescencia en el que no basta con comprender al mundo y se hace necesario cambiarlo. Entonces uno estudia sociología. Hay un momento siguiente de desencanto con la relación entre conocimiento y poder. La proposición ‘conocer para destruir’ sintetizaba, según Todorov, la ventaja Europea en la conquista de América. Luego, la responsabilidad parental te lleva del conocimiento al emprendimiento. Finalmente, viene una recuperación de la propia vida y de la creatividad que te devuelve al arte cuando ya el cuerpo empieza a despedirse y los viejos son relegados como los niños a sus fantasías inconducentes.

Me interesan todavía las exploraciones sociológicas de la cultura y del arte como contra cultura.

Luc

Hace años, descubrí a Luc Boltanski a través de Paul Ricoeur. Explorando la historia de la teoría de la justicia, Ricoeur apostaba por los jóvenes Boltanski y Thevenot que habían formulado una teoría de la justificación en la que distintas estructuras de validación se organizaban según las diferentes ‘ciudades’ coexistentes en la ciudad. La ciudad de los economistas, la de los artistas, la de los juristas, la de los jardineros y así sucesivamente. Una lógica para cada herramienta. No es lo que estaba buscando. Boltanski es también autor de ‘El nuevo espíritu del capitalismo’ una obra monumental sobre la cultura política y económica contemporánea y de un ensayo hermoso sobre el ‘Amor y la Justicia’.

En este último libro se puede seguir la línea de vuelo de un científico que intentando comprender y dar sentido a la realidad, se acerca tanto como puede a su objeto,evitando el riesgo de quemar sus alas en esa cercanía. El presiente que es el viento caliente, que viene de los cuerpos que mira el que lo elevará, y sabe que no puede arriesgarse a la máxima altura porque en el momento de tocar la vida será tocado por el soly reducido a cenizas.

Su referencia de los relatos que separan el amor de la justicia en el testimonio de San Francisco y sus primeros compañeros son bellos, rozan la inutilidad científica y hacen todo el interés del libro. El riesgo de la cientificidad es que en el intento de fundirse con su objeto de estudio no solo se cae en la literatura, y se convierte en personaje de su propio relato, sino que además se enamora. En el amor se extravía y, si deseara volver a la austeridad y la lejanía, no tendría más opción que dividirse en la esquizofrenia o descansar y dejarse ir. Las relaciones entre los humanos solo se pueden entender superficialmente si se las sobrevuela a distancia segura y solo se las puede vivir si dejamos que nos atraviesen y nos vulneren. Ese es el atractivo del arte; una disciplina del acceso a la caótica riqueza del acontecimiento y cuyo costo es la excentricidad, la irrelevancia y el sometimiento.

La montaña del alma de Christian Boltanski

Christian Boltanski es uno de los más reconocidos artistas visuales contemporáneos y expone en el Bellas Artes hasta el 15 de enero de 2015. Para un país divorciado entre el arte clásico y el arte contemporáneo esta exhibición tiene la importancia de las grandes nupcias colectivas de la pintura de hace algunos decenios. Todas las técnicas del arte actual comparecen aquí, empezando por los sonidos de la visualidad. “Todo será olvidado y tendremos solo el sonido” (C.B.). Esta es la ocasión de apreciar imágenes que envuelven y devuelven al espectador a los problemas de la actualidad de una poética estremecedora.

Entrando al Museo de Bellas Artes el visitante se encuentra con una montaña de ropa usada que se levanta ocupando buena parte del hall y llega casi hasta el techo. La obra lleva por título ‘Personas’ y en ella las almas se han desprendido de los cuerpos pero su espíritu ronda atrapado en el desuso de las vestimentas apiladas. La montaña se enmarca en la copia reducida de un cosmos de arquitectura neoclásica y se eleva como analogía aumentada de la caja de fósforos Andes que guarda el espíritu de cordillera que los santiaguinos tenemos como falta.

¿A qué paisajes, a que moles, a que masas, a qué poblaciones, a qué enormidades inestables y a que devenires infinitos nos confronta ‘Personas’? Boltanski dice no tener respuestas para sus preguntas. Pero él sabe que sus preguntas son la respuesta. La obra no representa a nada ni a nadie. Es una asamblea de los abandonos. Un amontonamiento de vacíos. Una reunión de las vidas fugadas que han dejado testimonios infinitesimales a disposición de quien se asome y quiera tomarlos.

La montaña se levanta como una ola gigante ante al espectador y la inminencia de su desplome le plantea la única pregunta que hace el arte a la humanidad: ¿De que manera es posible la experiencia? De que manera pasamos por encuentros que nos cambian, que nos agregan algo, que nos ponen en la vida como ante una emergencia.

El conjunto de las instalaciones presentadas por Christian Boltanski en el Bellas Artes es un acercamiento a la vida a través de la desaparición, el vaciamiento, la espera, la muerte y el repoblamiento de los espacios dispuestos para acoger las almas pasajeras. Todo en la exhibición de Boltanski nos suspende de un vestido y nos hace temblar con la llamada a visualizar nuestra tumba, nuestro templo, el hogar del resto de nuestras vidas. Su trabajo llama a la muerte como en un exorcismo que la registra y la suspende. Nunca más veremos esta obra. Permanecerá como un encuentro único con los excedentes que quedan de una vida.

Limbo

Los hermanos Luc y Christian Boltanski publicaron un libro en conjunto. “Limbos” tiene imágenes producidas por uno y textos del otro. Ellos encarnan la hermandad accidentada de la imagen y del concepto, su reciprocidad incompleta y la apasionada reunión en el cruce de sus vuelos.

El libro despliega lo que sucede en el lugar en que se espera la selección de un destino indeciso. El Limbo es la sala de espera de la existencia. El lugar entremedio de los lugares posibles, el nexo que asigna los sentidos de lo pasado y lo futuro. El lugar donde todo es puesto en juego y la vida queda suspendida entre la palabra y el soplo del viento.

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