Sociedad
Martes 20 agosto de 2019 | Publicado a las 08:52
Biarritz , la ciudad francesa junto al mar que enamoró a la realeza europea
Por Bernardita Villa
La información es de Agence France-Presse
visitas

Biarritz, la elegante ciudad al suroeste de Francia, que acoge la cumbre del G7, se convirti√≥ en uno de los destinos preferidos de reyes y arist√≥cratas europeos desde que la emperatriz Eugenia, esposa de Napole√≥n III (1808-1873), transform√≥ este peque√Īo puerto de pesca franc√©s en una ciudad balnearia de moda, en una regi√≥n vasca m√°s bien conservadora.

En 1854, la espa√Īola Eugenia de Montijio se enamor√≥ de Biarritz. Algunos arist√≥cratas brit√°nicos, que en principio hab√≠an venido a visitar las tumbas de los soldados ca√≠dos frente a Napole√≥n en la regi√≥n, empezaron a ba√Īarse en el mar y a disfrutar de su agradable clima.

En esa √©poca se instalaban en chal√©s y se ba√Īaban en la entonces conocida como “playa de los locos”.

Seg√ļn el historiador y consejero municipal de la ciudad, Alain Puyau, entre los a√Īos 1820 y 1830 los m√©dicos de la ciudad vecina de Bayona “tra√≠an a los enfermos, en particular a los mentales, para meterlos en las olas y crearles un choque que consideraban ben√©fico”.

En 1843, Victor Hugo visit√≥ Biarritz y ya temi√≥ entonces que este peque√Īo pueblo pintoresco acabara como las ciudades que ya empezaban a existir en la costa de Normand√≠a.

“En realidad fue una profec√≠a, porque anunci√≥ lo que tardar√≠a mucho en pasar”, explica Puyau.

Las visitas de Eugenia

A la joven emperatriz Eugenia le gustaban mucho los ba√Īos de mar y eligi√≥ Biarritz por su proximidad con San Sebasti√°n, en Espa√Īa, donde parte de su familia pasaba las vacaciones.

“Eugenia quer√≠a algo privado, un peque√Īo edificio con ocho habitaciones en el primer piso, cerca de un acantilado encima de la playa, frente al oc√©ano”, explica Puyau. Por eso Napole√≥n III hizo enrasar las dunas, canalizar los r√≠os y eliminar lagos para crear un gran dominio imperial.

Poco a poco se fueron construyendo hoteles, grandes almacenes y hasta una estación de tren.

Las visitas del emperador y su esposa duraron hasta 1868 y en esa √©poca pasaron por Biarritz los reyes de B√©lgica y Portugal, grandes de Espa√Īa as√≠ como pr√≠ncipes rusos y polacos, entre muchos otros.

M√°s tarde, el pr√≠ncipe de Gales, futuro Eduardo VII, tambi√©n residi√≥ en el H√ītel du Palais.

En el siglo XX, la élite continuó viniendo y las estrellas del cine francés y de Hollywood que acudían a los casinos mantuvieron vivo el glamour de la ciudad.

“Incluso los alcaldes republicanos de principios del siglo XX alimentaron esta imagen” imperial de Biarritz, apunta Puyau. Seg√ļn √©l, para conservar la clientela espa√Īola “construyeron el mito de Eugenia y la convirtieron en la benefactora de la ciudad”.

Si Bismarck se hubiera ahogado…

“En Biarritz, Eugenia impuso sus costumbres a sus invitados: ‘si yo me ba√Īo todo el mundo se ba√Īa"”, recuerda Puyau.

Por eso en 1865, cuando Bismarck visitó Biarritz, no pudo escaparse a la costumbre pero una corriente de mar lo arrastró y el que iba a convertirse en canciller de Alemania casi muere ahogado.

Le salvaron unos antiguos pescadores que entonces ya trabajaban como socorristas. “¬°Imag√≠neselo! Sin √©l quiz√°s no habr√≠a habido guerra en 1870 y tampoco la cat√°strofe de 1914”, imagina el historiador.

Biarritz “sat√°nica”

Los vascos del interior, en su mayor√≠a rurales y conservadores, vivieron el desarrollo de Biarritz “como una agresi√≥n”.

En la ciudad “aparecieron comportamientos y maneras de vivir contrarias a las costumbres vascas, todav√≠a muy marcadas por la iglesia cat√≥lica”, sobre todo en los a√Īos 1920, explica Puyau.

Fue el caso de las mujeres, que se desnudaban, bailaban y se mezclaban sin complejos con los hombres.

Fue as√≠ como los obispos empezaron a denunciar una “ciudad sat√°nica” donde adem√°s trabajaban muchos vascos de la regi√≥n en la construcci√≥n y en la hosteler√≠a.

Sin embargo, hoy Biarritz reivindica su lugar dentro del país vasco francés.

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