Durante esta tarde se dio a conocer el nombre del nuevo sumo pontífice, sucesor del fallecido Papa Francisco. Se trata del papa León XVI, quien pertenece a la congregación de San Agustín, uno de los grandes pensadores de la historia.
Luego de dos jornadas y cuatro votaciones del cónclave, el cardenal estadounidense Robert Prevost, parte de la congregación de San Agustín, fue electo después de obtener la mayoría – dos tercios (89) o más- de los votos requeridos para ser el nuevo jefe del Vaticano.
Prevost se convirtió en el nuevo papa de la iglesia católica bajo el nombre de “León XIV”, lo cual lo convierte en el 267 sumo pontífice de la historia.
¿Quién fue San Agustín?
Respecto a la congregación de la cual es parte, San Agustín (354-430) fue uno de los grandes pensadores de la historia de la iglesia católica, y también uno de los religiosos con una controversial evolución a la religión.
El religioso fue un personaje que nació en la actual Argelia, criado por una madre seguidora de la fe y un padre pagano. Tuvo una vida llena de placeres mundanos hasta que se convirtió al cristianismo y pasó a ser un gran filósofo y teólogo, consigna BBC.
“San Agustín tiene gran importancia no solo en la historia de la Iglesia, sino en la historia del pensamiento occidental”, dice el filósofo y jurista Segundo Azevedo, estudioso de la obra de Agustín y profesor del Instituto Federal de Educación, Ciencia y Tecnología de Ceará (IFCE), para el medio.
“De los santos varones de la Iglesia, fue uno de los que más escribió a lo largo de su vida. Fue un gran intelectual, uno de los más grandes que ha conocido la Iglesia”, agrega Thiago Maerki, estudioso de la hagiología, investigador de la Universidad Federal de San Pablo (Unifesp) y asociado de la Sociedad de Hagiografía, en Estados Unidos.
Estudios y acercamiento a nuevas doctrinas
De acuerdo al medio citado, el hombre fue educado en latín y a los 11 años inició estudios de literatura y costumbres propias de la civilización romana. Allí tuvo acceso a obras clásicas de la filosofía.
A la edad de 17 años, Agustín tomó rumbo a Cartago, en lo que hoy es Túnez, para estudiar retórica, mismo lugar donde terminó tomando posiciones contradictorias a la fe.
En ese entonces se acercó al maniqueísmo, doctrina que postula la existencia de dos principios eternos y separados: el bien y el mal. En compañía de otros jóvenes, comenzó a vivir con un espíritu hedonista, en busca de los placeres mundanos.
De acuerdo a BBC, como adolescentes se jactaban de recopilar experiencias sexuales, enumerando aventuras tanto con mujeres como con hombres.
Tras esto, Agustín se involucró con una mujer con la que tuvo un hijo, Adeodatus, de quien se sabe poco más que el hecho de que murió a una edad temprana, menciona el sitio.
A los 19 años se convirtió en profesor de gramática, y 10 años más tarde decidió fundar una escuela en Roma. Para entonces ya se había distanciado del maniqueísmo y se había acercado a las ideas del escepticismo académico.
Su fama de hombre de buenos conocimientos se extendió rápidamente y pronto consiguió trabajo como profesor de retórica en Mediolanum, la actual Milán.
Acercamiento al cristianismo
Tenía 30 años y su carrera era notable, pero su madre continuaba presionándolo para que se convirtiera al cristianismo, adhesión a la fe que llegaría en el año 386.
Según detalla el medio, San Agustín quedó impresionado al entrar en contacto con la historia de vida de San Antonio del Desierto, un ermitaño que llegaría a ser conocido como “el padre de todos los monjes”, a quien vio como un ejemplo a seguir en su conversión al cristianismo.
En el año 387 fue bautizado por el obispo de Mediolanum, Aurelio Ambrosio donde comenzó sus primeras lecturas de los neoplatónicos (grupo de pensadores que reinterpretaron y desarrollaron la filosofía de Platón), los que influyeron de manera decisiva en la filosofía agustiniana.
En 391 fue ordenado sacerdote en Hipona, donde esparció el cristianismo, transformándose en un gran predicador y un gran erudito teórico de los fundamentos de la religión. Unos años más tarde, a finales del siglo IV, fue nombrado obispo de Hipona.
Hasta el final de su vida se dedicó a predicar, estudiar y escribir, manteniendo siempre un estilo sobrio y ascético.
Obras
En esos años escribió cartas a amigos, adversarios, extranjeros, fieles y paganos, lo que fue celebrada por sus contemporáneos, consigna la Enciclopedia de humanidades.
En ese entonces también escribió grandes obras como Soliloquios, las Confesiones, donde escribe la polémica frase: “Señor, concédeme la castidad y la continencia, pero todavía no“, y La ciudad de Dios.
De acuerdo a World History, San Agustín abordó en sus obras cuestiones como el pecado original o el libre albedrío. Sus ideas tendrían un efecto profundo no solo durante su vida, sino también en el desarrollo de la iglesia medieval y, más tarde, en los teólogos de la religión protestante.