“Hace dos semanas, las principales preocupaciones de Matt Levine eran encontrar el mejor happy hour y el DJ más cool. Ahora solo quiere que su padre, aterrado por el coronavirus, lo deje entrar a la casa”.

Así comenzó The New York Post una nota sobre un joven universitario de 21 años quien, en plena pandemia de nCoV-2019, decidió irse con sus amigos de vacaciones de primavera (o spring break) a South Padre Island, una turística isla de Texas en la frontera de México con Estados Unidos.

No obstante, de vuelta en su natal Nanuet, en Nueva York, todo cambió cuando se dio cuenta que su padre no lo quería de regreso.

“Hablé con él todos los días y le decía que quizás deberían volver. Yo estaba molesto, las noticias se ponían peor y peor y Matt me enviaba fotos con sus amigos reuniéndose en lugares públicos y escuchando música en vivo. Es el lugar donde no quieres estar”, dijo al citado medio Matt, el padre, un vendedor de 52 años.

“Solo podíamos ir a la playa en pequeños grupos y no podíamos llevar parlantes. A esa altura casi no había nadie en la isla. La policía parecía querer arruinar nuestro momento”, dijo por su parte el hijo, quien entre mayo y junio debería terminar sus estudios en gestión deportiva en el Springfield College de Massachusett.

Finalmente, y después de un accidentado viaje de retorno en avión, Matt y sus amigos llegaron hasta la puerta de su casa, donde Peter le negó la entrada.

No obstante, el hombre ya había guardado víveres en el auto del estudiante, junto a un sobre con US$300.

“Se bajaron del auto desde el aeropuerto y dije ‘quédense ahí, no avancen’. Los chicos estaban cansados y todavía les quedaba otro viaje de 2 horas y media (para llegar hasta la universidad)”, añadió el padre.

“Amo a mi hijo, pero no van a dormir acá. Les dije ‘si alguno de ustedes quiere orinar, ahí hay arbustos’. Dos aceptaron la oferta”, agregó.

Como en la mayoría de los planteles estadounidenses, Springfield suspendió sus clases presenciales y cerró el campus, por lo que Matt deberá quedarse con sus amigos en una casa fuera del lugar.

Como es su último año, el joven quería volver a Nanuet después de la universidad, algo que su padre ve difícil que ocurra.

“El contrato de arriendo se les termina en junio y ninguno de sus padres los quiere de vuelta. Es muy peligroso”, afirmó.