Sociedad
Viernes 06 marzo de 2020 | Publicado a las 09:05
Cocodrilos en casa: la etnia que los cría como mascotas y los considera "ángeles"
Por Emilio Lara
La información es de Agence France-Presse
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En su casa de la aldea egipcia de Gharb Soheil, a 900 kilómetros al sur de El Cairo, Mamdouh Hasan, de la etnia nubia, acaricia una cría de cocodrilo ante la mirada desconcertada de los turistas.

En esta peque√Īa localidad a orillas del Nilo no es nada inusual criar cocodrilos en casa, como hace Hasan, de 45 a√Īos.

Es una tradición antigua entre los nubios, la principal minoría étnica del país, localizada entre el sur de Egipto y el norte del Sudán actual.

Los hombres capturan los cocodrilos cuando son cr√≠as y les gusta exhibirlos luego “como signo de poder” ante los curiosos, explic√≥ Abdel Hakim Abdo, un habitante de la aldea de 37 a√Īos.

Las tierras ancestrales de los nubios quedaron inundadas por las aguas del lago Nasser, creado a raíz de la construcción de la presa de Asuán, en 1971.

Con el 90% de sus tierras desaparecidas, un gran n√ļmero de nubios tuvo que abandonar las orillas f√©rtiles del Nilo en direcci√≥n a la tierras √°ridas del sur, las grandes ciudades de Egipto o del Golfo.

Khaled Desouki | Agence France-Presse
Khaled Desouki | Agence France-Presse

Los √°ngeles del Nilo

Para la civilizaci√≥n nubia, con casi siete mil a√Īos de existencia, el Nilo era el r√≠o sagrado que representaba la vida.

Hasta principios del siglo XX, varios ritos sociales nubios -como los casamientos- ocurrían a orillas del histórico afluente.

“El Nilo forma parte de la identidad de los nubios (…). Todos los animales que viven en el r√≠o son considerados √°ngeles”, asegura Abdo, sentado ante el majestuoso r√≠o.

Gharb Soheil es heredero de esas costumbres milenarias y su manera de contribuir a preservarlas es mediante la cría de cocodrilos, lo que al mismo tiempo le supone un ingreso.

En algunos portales de las callejuelas estrechas de esta aldea se pueden ver cocodrilos disecados, el se√Īuelo para atraer a los turistas.

“Les presento a Francesca (…). La he criado desde que naci√≥”, dice Hasan a los visitantes, mostrando con el dedo un reptil de 1,50 metros de largo que se agita en una alberca a sus pies.

Hasan vende igualmente objetos artesanales nubios, pero los turistas se sienten irremediablemente atraídos por Francesca, que le debe su nombre a unos visitantes italianos.

Egipcios o extranjeros, los curiosos acuden para observar de cerca a esos animales o para sacarse fotos a su lado.

Los ejemplares de m√°s edad pueden llegar a superar los siete metros de largo, pero Hasan tranquiliza a los m√°s temerosos. “Crecen a nuestro lado. Los alimentamos y los cuidamos. Con el tiempo pierden su agresividad”.

“He venido aprovechando las vacaciones escolares para que mis hijos puedan ver verdaderos cocodrilos”, afirm√≥ Hani, un padre de familia egipcio de 35 a√Īos.

Para capturar a los cocodrilos, los nubios siguen el rastro de las hembras al sur de la presa de Asu√°n y se llevan sus huevos. Has√°n aprendi√≥ el oficio con su padre, hace m√°s de 20 a√Īos.

Fue uno de los primeros en la aldea en criar cocodrilos con fines turísticos, afirmó su hijo.

Khaled Desouki | Agence France-Presse
Khaled Desouki | Agence France-Presse

“√Čste es Franco”

Los nubios no son los √ļnicos en Egipto que aman a esos reptiles.

Durante el tiempo de los faraones tenían rango de divinidad y Sobek, dios reptil, protegía a los humanos de las crecidas y otros peligros del Nilo.

El templo de Sobek, situado en Kom Ombo, a 40 kilómetros al norte de Asuán, alberga todo tipo de representaciones de reptiles, grabados y varios ejemplares de animales disecados.

La t√©cnica de disecar a los animales es una tradici√≥n que a√ļn perdura en Egipto, una pr√°ctica de la que se enorgullecen los habitantes de Gharb Soheil, que despu√©s de la muerte de sus mascotas acuden a este procedimiento.

El proceso requiere de dos días hasta un mes, dependiendo de la talla y la edad del animal, precisó Hasan.

“√Čste es Franco, muri√≥ hace un mes”, explic√≥, mostrando al animal entre sus brazos.

Primero hay que sacarles las entra√Īas, luego rellenarlos de paja o de serr√≠n, para a continuaci√≥n darles la posici√≥n que prefiera su propietario.

“Sabemos que este cuero vale oro, pero no estamos dispuestos a vender la piel de nuestros cocodrilos”, afirm√≥ Hasan. “Son nuestro orgullo”, concluy√≥.

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