Sociedad
Domingo 30 junio de 2019 | Publicado a las 11:28
El traje lunar de Neil Armstrong se est√° desintegrando y es inevitable
Por Fabián Barría
La información es de Agence France-Presse
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En una mesa de un taller del Museo del Aire y del Espacio, en los alrededores de Washington, los guantes de Neil Armstrong aparentan estar casi intactos. Apenas se distingue el polvo lunar que los ensuci√≥ hace 50 a√Īos.¬†

Al lado, el casco de comunicaci√≥n de su compa√Īero de equipo Buzz Aldrin luce algo amarillento. El traje espacial de Michael Collins, el tercer astronauta de la misi√≥n Apolo 11, est√° casi inmaculado.

Pero la goma de silicona azul que recubre la yema de los dedos de los guantes de Armstrong, el primer hombre en caminar sobre la Luna, comenzó el proceso inevitable -por ahora invisible a simple vista- de descomposición. El interior del traje de Collins sufre la misma suerte.

“Al cabo de 50 a√Īos se sabe que el caucho se degrada, se endurece y se rompe”, explica Lisa Young, restauradora especializada en objetos espaciales del anexo del Museo Smithsonian de Chantilly.

“Fueron fabricados para una sola utilizaci√≥n: ir a la Luna y volver. En los a√Īos 1960 los materiales eran nuevos. El interior en caucho deb√≠a durar apenas seis meses, y ya van 50 a√Īos”, dice esta mujer que era una ni√Īa cuando Armstrong y Aldrin pisaron el sat√©lite de la Tierra, el 20 de julio de 1969.¬†

En este taller vedado al p√ļblico, visitado por la AFP el viernes, los restauradores se empe√Īan en atrasar -ya que no pueden impedir- el envejecimiento de estos objetos venerados por generaciones de entusiastas del espacio.

Young conoce íntimamente el traje de Armstrong, que tras haber recorrido todo Estados Unidos al regreso de la misión, fue expuesto en el Museo del Aire y del Espacio hasta 2006, para posteriormente iniciar su restauración en el taller. Se lo expondrá nuevamente a partir del 16 de julio, día del 50 aniversario del despegue del Apolo 11.

“Estoy triste pero aliviada. Ya hace mucho tiempo. Estoy contenta de que el p√ļblico pueda verlo otra vez”, dice Young.¬†

No se puede hacer gran cosa para reparar estos trajes: est√°n compuestos por 21 capas diferentes que no pueden ser recortadas ni separadas.

La capa exterior s√≥lo puede ser da√Īada por la luz (que le da el tono amarillento): est√° hecha en fibras de vidrio recubiertas de tefl√≥n, que se supone protege a los astronautas de los micrometeoritos y la radiaci√≥n.

“El exterior va a quedar m√°s hermoso y estable que las capas interiores, porque sabemos c√≥mo preservar las fibras de vidrio”, conf√≠a Young.

Polvo lunar abrasivo

En cambio, los adhesivos entre capas, que los curadores han estudiado con varios dispositivos de imagen, cambian de color y se degradan.

También se produce una reacción química entre el cobre de los cierres y su revestimiento de goma, que cataliza la descomposición. 

Los restauradores utilizan disolventes para limpiar las partes metálicas y cosen las fibras textiles, pero nunca si la rotura data de la época de Apolo. Y aspiran el polvo del museo, que se infiltra en estos objetos. 

El traje de Armstrong se expondr√° en una vitrina a baja temperatura y baja humedad, protegido de toda luz da√Īina.¬†

Maniquíes hechos a medida soportan las fibras, cuyo peso contribuye al desgaste y la deformación.

En aquella época, los ingenieros de la NASA pensaron que habían procedido a una buena elección de materiales, pero apenas podían suponer de qué estaba hecho el suelo lunar. 

Result√≥ finalmente que ese suelo “es mucho m√°s abrasivo que lo que se hab√≠a previsto”, se√Īala Cathleen Lewis, la curadora responsable de los trajes espaciales.

Lewis muestra las botas de fibra de acero y las suelas de silicona azul de Gene Cernan, el √ļltimo hombre en pisar la Luna en 1972, en el marco de la misi√≥n Apolo 17: estuvieron tres largos d√≠as en la Luna y conservan de esa estancia un velo negro de suciedad.

En el microscopio, “vemos los gr√°nulos de polvo lunar incrustados que erosionan las fibras de acero”, dice la curadora. “Esta es una de las lecciones aprendidas” de la era Apolo, sentencia..

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