Sociedad
Miércoles 19 junio de 2019 | Publicado a las 10:01
Tiny Houses: las peque√Īas y econ√≥micas casas que toman fuerza en Estados Unidos
Por Denisse Charpentier
La información es de Agence France-Presse
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Es una peque√Īa revoluci√≥n en el pa√≠s del gigantismo: cada vez hay m√°s estadounidenses que eligen vivir en “tiny houses”, casitas de menos de 40 m2, por su precio m√≥dico, su minimalismo y su menor impacto en el medioambiente.

El movimiento, que incluye a las casas sobre ruedas y a las construidas en un terreno, se origin√≥ hace varias d√©cadas, pero la crisis financiera de 2008 y la llegada de los “millennials” a la vida activa le dieron un nuevo impulso.

Primer punto fuerte, el precio. Unos 50.000 d√≥lares (34 millones de pesos chilenos) por una casa nueva de un poco menos de 20 m2 con un interior personalizado, de aquellos que enloquecen a las cadenas televisivas estadounidenses de manualidades y decoraci√≥n, que multiplicaron los programas sobre las diminutas moradas en los √ļltimos cinco a√Īos.

Don Emmert | AFP
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“Enfrentamos una crisis de vivienda y un parque inmobiliario envejecido”, observa Brandy Jones, que se mud√≥ con su marido y sus dos hijos a una de estas casitas en Reading, unos 100 km al oeste de Filadelfia, hace ocho meses.

Para una casa nueva normal, dice, hay que contar “al menos” con 300.000 d√≥lares (208 millones de pesos)
. La opci√≥n de una min√ļscula casita “hace una diferencia enorme. Torna el costo de vida abordable”.

Don Emmert | AFP
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Minimalismo

Pero la mayor√≠a de las veces, solo el factor econ√≥mico no alcanza para explicar el fen√≥meno en un pa√≠s donde la superficie promedio de las casas nuevas para una familia es de 228 m2, seg√ļn la Oficina del Censo.

Estos √ļltimos 40 a√Īos, “la sociedad estadounidense sigui√≥ la moda del gigantismo, de construir casas enormes”, explica Marcus Stoltzfus, director comercial y de mercadeo de Liberation Tiny Homes, una empresa situada en Leola, no lejos de Reading.

Pero hoy, dice, “en algunos lugares la gente toma conciencia de que vivir con menos es muy ventajoso para su estilo de vida”.

“Amamos este acercamiento minimalista”, explica Scott Berrier, que se mud√≥ hace cuatro meses a una casa de 34 m2 con su pareja, Melissa Meshey, y que aprecia “no tener tantas cosas” como antes.

Don Emmert | AFP
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Aunque de superficie reducida, estas casas son m√°s funcionales que un apartamento tradicional. “La principal diferencia que noto es (…) que no hay ning√ļn espacio perdido”, subraya Scott.

“Intentamos simplificar nuestra vida y nos desprendemos de todas nuestras mierdas”, conf√≠a Roland Figueredo, que este verano boreal dejar√° su apartamento en Nueva York para mudarse a una nueva “tiny house” en Oregon.

Don Emmert | AFP
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Materialismo

Pero aunque las mentalidades evolucionan, no siempre es f√°cil ir contra las normas sociales y el materialismo dominantes.

“¬°Tendr√°s claustrofobia ah√≠ adentro!”, dijeron a Scott varios amigos cuando √©ste les anunci√≥ su plan.

“Es muy hispter”
, reconoce por su lado Stoltzfus, que afirma que el movimiento “tiny” siempre tiene una “imagen negativa” para algunos.

La aspiraci√≥n al minimalismo tambi√©n se explica por el impacto ambiental, explica Scott. “Reduces tu huella de carbono. No utilizas tanta electricidad, ni tanta agua” como en un apartamento o casa cl√°sicos.

Don Emmert | AFP
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A pesar de estas ventajas, la moda de los hogares diminutos no es a√ļn masiva. Seg√ļn algunas estimaciones, habr√≠a un poco m√°s de 10.000 mini casas en Estados Unidos.

El primer gran freno es el financiamiento. Es casi imposible hallar un préstamo inmobiliario clásico para comprar una.

Pero el principal obst√°culo es la legislaci√≥n: la mayor√≠a de las colectividades locales proh√≠ben a sus residentes vivir todo el a√Īo en una habitaci√≥n sobre ruedas y fijan un m√≠nimo para la superficie de una casa, en general por encima de 80 m2.

Históricamente, bungalows, caravanas y casas rodantes tienen una mala reputación, y son considerados como viviendas de peor calidad, ocupadas por gente muy pobre.

Don Emmert | AFP
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“Prejuicios”

Varios estados son considerados como progresistas en el tema, sobre todo Colorado, Nevada o Carolina del Norte, pero las regiones más pobladas hasta ahora han prácticamente ignorado el fenómeno.

Pero mirando la casita de Scott y Melissa, con sus terminaciones impecables, su interior de dise√Īo, con ba√Īera, techo de vidrio y pantalla de cine, estamos lejos de pensar en los “trailers” estadounidenses, estacionados en fila al borde de la ruta.

“Hay muchos prejuicios”, resume Scott. “No han visto lo suficiente. Es nuevo, √©se es el problema”.

Las casitas de Liberation Tiny Homes, como las de Scott o Brandy, son “construidas como una casa normal”, con los mismos materiales, explica Stoltzfus, cuya empresa ya construy√≥ m√°s de 65 ejemplares desde su lanzamiento en 2015.

“Un casa rodante, comparada a una ‘tiny house’, es el d√≠a y la noche”, asegura Brandy Jones, que habit√≥ varios meses en la primera antes de mudarse a su casita actual.

Y si bien algunos proyectos tratan de asociar a personas sin techo con los “tiny homes”, el movimiento concierne hoy sobre todo a las parejas que tienen los medios para gastar m√°s de lo que cuesta una casa rodante.

Esquivando reglas anticuadas, varios compradores de estas casitas se instalan sin autorización del departamento local de urbanismo.

Las “comunidades” se crean un poco por todos lados, como Tiny Estates, en Elizabethtown (Pensilvania), que se instal√≥ en un antiguo camping y se beneficia de las autorizaciones necesarias para recibir sus casitas sobre ruedas.

“Es importante asistir a su concejo municipal, sus comit√©s barriales, para decir: esto es lo que es un ‘tiny home"”, exhorta Scott, cuya casita est√° situada en Tiny Estates.

“No es una cosa fea, clandestina. Son magn√≠ficas casitas, con un bello dise√Īo, que aumentan el valor de las otras casas del barrio”.

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