Sociedad
Jueves 26 abril de 2018 | Publicado a las 10:18
Seis trabajos de anta√Īo condenados a desaparecer
Publicado por: Jaime Parra La información es de: Agence France-Presse
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La sociedad avanza a pasos agigantados por muchas razones. Sea la tecnología o el cambio cultural, parece que estamos en constante movimiento hacia el futuro.

Lamentablemente, esto también significa que ciertas personas con trabajos más tradicionales se ven abandonados, y ahora ven como sus profesiones llenas de tradición y significado cultural podrían desaparecer para nunca regresar.

Hoy, veremos algunos casos alrededor del mundo de este inevitable fenómeno.

Lavanderas en Quito, un oficio diluido en agua y jabón

RODRIGO BUENDIA | AFP
RODRIGO BUENDIA | AFP

En una √©poca de aparatos dom√©sticos, Delia Veloz saca la mugre ajena sobre piedras √°speras en la lavander√≠a p√ļblica La Ermita, en Quito.

A sus 74 a√Īos, es una de las √ļltimas mujeres dedicadas a este oficio. Lo lleva haciendo cinco d√©cadas.

En Los Andes, el agua helada parece clavarse como agujas en la piel. “No me gustan las lavadoras, no lavan bien. Con la mano se friega mejor”.

Ella estren√≥ una de estas m√°quinas pero tuvo que venderla para pagar el velorio de su esposo hace dos a√Īos.

Si le va bien, en un mes gana 130 dólares, menos de la mitad de los 386 dólares del salario mínimo mensual.

En Quito a√ļn funcionan cinco lavander√≠as p√ļblicas y gratuitas, que fueron construidas en la primera mitad del siglo XX.

Como los clientes escasean, Delia teme que su lavander√≠a cierre en cualquier momento. Al final “han de quedar solo las piedras”, afirma.

Escribientes en Bogot√°, la √ļltima p√°gina de un oficio

LUIS ACOSTA | AFP
LUIS ACOSTA | AFP

Candelaria coloca una hoja en blanco en su Remington Sperry. En cuatro d√©cadas mecanografi√≥ miles de documentos. Es una de las √ļltimas escribientes de Bogot√°.

De 63 a√Īos, Candelaria Pinilla de G√≥mez insiste en ser llamada por su apellido de casada. Es la √ļnica mujer en ejercer este oficio a las afueras de un moderno centro de tr√°mites de Bogot√°.

Lo aprendi√≥ de su marido apenas llegaron a la capital en los a√Īos sesenta. √Čl “ten√≠a finca pero la guerrilla lo sac√≥. En Bogot√° me dijo: a aprender mecanograf√≠a (…) y ortograf√≠a. Me ense√Ī√≥ y se muri√≥”.

De traje sin corbata, los escribientes trabajan al aire libre, bajo un parasol, sentados en una silla de pl√°stico y con una m√°quina de rodillo al frente.

Llegaron a ser indispensables. Escrituras, impuestos y compraventas pasaban por sus manos.

C√©sar D√≠az, de 68 a√Īos, se precia de ser pionero de un oficio que termin√≥ en “refugio” para pensionados que necesitan completar sus mesadas.

Trabajan de lunes a viernes y reciben menos de los 782.000 pesos (280 d√≥lares) del salario m√≠nimo. Tiempo atr√°s fueron perseguidos por invadir el espacio p√ļblico pero lograron sobrevivir a casi todo, hasta que se impuso Internet.

El fotógrafo venezolano que se resiste a perder la magia del cuarto oscuro

FEDERICO PARRA | AFP
FEDERICO PARRA | AFP

Con una c√°mara Olympus de hace medio siglo y una ampliadora de negativos que compr√≥ en 1980, el fot√≥grafo venezolano Rodrigo Benavides, de 58 a√Īos, dice hacer “magia” en el peque√Īo cuarto oscuro que improvis√≥ en el ba√Īo de su casa.

Aunque el oficio con esta t√©cnica est√° por desaparecer, para √©l la era digital no existe. “No me interesa para nada”.

Sigue viviendo de revelar y ampliar negativos en blanco y negro. No pierde la fascinación cada vez que ve aparecer la imagen en el papel, poco a poco al contacto con los productos químicos.

“Siempre he buscado, busco y buscar√© la econom√≠a de medios”, resume Rodrigo, quien elogia las maravillas de su Olympus 35 SP, que usa pel√≠cula, no necesita bater√≠as y es completamente manual.

A los 19 a√Īos, cuando estaba en Londres, donde compr√≥ la ampliadora, sinti√≥ “un centellazo” (como un rayo). All√≠ se convirti√≥ en disc√≠pulo del Grupo f/64, un movimiento que defiende la fotograf√≠a pura, sin efectos.

Cree que la tecnolog√≠a ha “trastocado” la imagen al plasmar “ficci√≥n”. “Nos volvemos insensibles a la realidad, que es mucho m√°s interesante que la ficci√≥n”, defiende el fot√≥grafo nacido en Caracas.

Unas 400 de sus fotos recopiladas durante 30 a√Īos dan vida a un libro sobre los llanos venezolanos. Otras forman una torre de poco m√°s de dos metros en la sala de su casa. “Son como hijos”.

Rodrigo se define como un fot√≥grafo documentalista y compara su oficio con la extinci√≥n de especies. “Quiz√° sea el √ļltimo rinoceronte blanco que queda”, bromea.

Los portadores de agua en Kenia

SIMON MAINA | AFP
SIMON MAINA | AFP

Ante la escasez de agua corriente en los barrios m√°s pobres de Nairobi, Samson Muli gana para comer y sacar adelante a su familia como vendedor de agua de la barriada de Kibera.

Este hombre de 42 a√Īos, padre de dos ni√Īos, que de joven so√Īaba con ser empresario, lleva agua a carniceros, vendedores de pescado y a los restaurantes del mercado de Kenyatta.

Todos los d√≠as llena bidones de 20 litros, 15 a la vez. Samson compra cada bid√≥n por 5 chelines (0,04 euros, 0,05 d√≥lares) y los revende tres veces m√°s caros, con lo que puede ganar hasta 1.000 chelines por d√≠a (8 euros). Lo justo para no pasar miseria. “Mis hijos pueden ir al colegio”.

Pronto tendrá que encontrar otro modo de sustento. Con el esperado desarrollo de las infraestructuras, su negocio tiene los días contados.

Conductor de rickshaw en Calcuta

DIBYANGSHU SARKAR | AFP
DIBYANGSHU SARKAR | AFP

Jadeante y empapado en sudor, Mohammad Maqbool Ansari conduce a pie su rickshaw por las calles bulliciosas de Calcuta, abriéndose paso entre la muchedumbre en los mercados y entre los coches en los embotellamientos.

Calcuta es una de las pocas ciudades del mundo donde los rickshaw forman parte del paisaje, pero su fin se acerca.

Haga calor o llueva a mares, Mohammad, de 62 a√Īos, transporta pasajeros ayud√°ndose con la fuerza de sus brazos y piernas. Lleva haci√©ndolo cuatro d√©cadas.

Para miles de conductores de rickshaw como √©l, es su √ļnico medio de subsistencia. “Si no lo hacemos, ¬Ņc√≥mo vamos a sobrevivir? No sabemos leer ni escribir”, cuenta a la AFP.

Herencia de la colonización británica, los conductores de rickshaws no pueden competir con las bicitaxis, los taxis amarillos de Calcuta o las más recientes aplicaciones para empresas con vehículos con conductor Uber o Ola.

Después de un trayecto de una veintena de minutos, un cliente le ofrece un vaso de agua.

“Cuando hace calor, por un viaje que cuesta 50 rupias (0,60 euros, 0,70 d√≥lares), pido diez rupias m√°s. Algunos me las dan, otros no”, dice Mohammad, sec√°ndose el sudor con un trapo sucio.

El fin de las luces de neón en Hong Kong

PHILIP FONG | AFP
PHILIP FONG | AFP

El fabricante de luces de ne√≥n Wu Chi-kai es uno de los √ļltimos artesanos que mantienen vivo el oficio en Hong Kong, una ciudad donde la oscuridad nunca es total gracias al resplandor de las luces encendidas las 24 horas.

Durante los 30 a√Īos de apogeo del negocio el ne√≥n lleg√≥ a definir el paisaje urbano con enormes paneles luminosos dispuestos horizontalmente.

La demanda de especialistas como Wu languidece con la creciente popularidad de las luces LED (de m√°s f√°cil mantenimiento y respetuosas del medio ambiente) y las ordenanzas del gobierno de eliminar carteles antiguos considerados peligrosos.

Wu, de 50 a√Īos, trabaja con tubos de cristal que contienen polvos fluorescentes con varios gases como el ne√≥n y el arg√≥n, adem√°s de mercurio a baja presi√≥n, para crear colores.

En su taller, los dobla con un potente quemador de gas que alcanza los 1.000 grados celsius. “Ser capaz de torcer materiales de vidrio con la forma que yo quiero para despu√©s hacerlos brillar es muy divertido”.

El trabajo no está exento de riesgos. Wu trabaja sin un visor de protección y se ha quemado y cortado varias veces.

Su padre utilizaba los andamios de bamb√ļs t√≠picos de Hong Kong para instalar anuncios por toda la ciudad.

Aunque la demanda ha ca√≠do con respecto a la d√©cada de 1980, Wu cree ver un repunte en el inter√©s por esta luz “m√°s amable” y algunos de sus clientes le piden piezas para la decoraci√≥n de interiores.

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