Hace unos días los chilenos pudimos ver candidatos respondiendo preguntas y haciéndolas ellos mismos como ring de boxeo, pero hubo un tema que no tocaron ni los aspirantes a la presidencia ni los periodistas: Hoy más de 1.900.000 chilenos residen en una vivienda sin agua potable o sin acceso a servicios sanitarios básicos.

Al día siguiente, el Presidente de la República anunció en cadena nacional, 10 prioridades estatales para el Presupuesto 2022, donde los dos últimos puntos fueron la sequía, agua y al final la Crisis Climática. “How dare you?” habría exclamado Gretha Thumberg al verlo, sobre todo porque las proyecciones internacionales apuntan a que Chile será el país más afectado de Latinoamérica por esta crisis antes de 2040.

En 2010 las Naciones Unidas elevó el acceso a agua potable y saneamiento a Derecho Humano universal. La mayoría de los países del mundo acordaron que contar con agua potable y la dignidad de un baño, son tan importantes como la libertad, igualdad ante la ley o no ser discriminado. Resulta paradójico, ya que no es posible ver esa situación fuera de la palabra discriminación.

Los chilenos sin agua viven en lugares tan diversos como Queilen en la Isla de Chiloé, Parinacota en la región de Arica y Parinacota y hasta en la comuna de La Reina, aquí, en el sector alto de Santiago.

Lejos de mejorar, esta situación se acrecienta con la sequía vivida en el país en los últimos años que llevó a la Dirección General de Aguas (DGA) del MOP a declarar por medio de decretos que 101 comunas de las regiones de Los Lagos, Metropolitana, Valparaíso, Coquimbo y Atacama se encuentran en situación de escases hídrica, lo que permite a la DGA entregar autorización para la extracción sin que tengan derechos de aprovechamientos de aguas.

Sólo en la región Metropolitana 23 comunas están en esta situación, entre éstas Lampa, Puente Alto, Lo Barnechea, Las Condes, los primeros lugares se vuelven cada vez más polvorientos, mientras que en los del sector alto de la capital seguimos viendo plazas verdes y regadores que a toda hora mantienen intactos los pastos del Club Golf.

Desde el punto de vista económico esta crisis representa una situación que no se puede mantener a lo largo del tiempo, la actividad económica no puede subsistir sin agua y sin un fácil acceso. Y así comienza la cadena: Si las personas no tienen acceso a agua potable no pueden trabajar, si no pueden trabajar no existe la mano de obra y sin mano de obra la economía se derrumba. Desde el punto de vista sanitario, si la gente no tiene buen acceso a agua potable se enferma, si mucha gente se enferma colapsa el sistema de salud por que hay mayor nivel de enfermedad y el gasto se dispararía, mucho más de lo que sería entregarle a la gente no solamente agua, sino que también dignidad en la forma de vivir.

Parte importante de 2021, me quise sumergir en este tema. Para eso he tenido reuniones con dirigentes que representan a los territorios y se encargan de administrar el Agua Potable Rural (APR) a lo largo de todo el país. Una de las personas que más me impactó fue el caso de Luis Parada, Presidente de la APR en Batuco Santa Sara de Lampa, el APR más grande del país encargado de administrar el agua para cerca de 5.000 personas. Escucharlo a él hace que uno entienda la desesperación: “Yo estoy muy molesto. Todavía no hay respuesta. ¿Qué les puedo decir? ¿Un día tomo uno agua y otro día otro?”. Éste es solo uno de muchos casos.

Es acá cuando nos encontramos con dos problemas: el primero y más obvio es el problema al acceso al agua, el segundo es que no existe quien se haga responsable. Existe un doble estándar. Los que pueden hacer algo saben del problema y no lo intentan solucionar, y si se les pregunta dicen que el problema no existe o que es una exageración, porque la mayoría de los chilenos sí cuenta con estos accesos, como si solo uno no importara .

En estas comunidades el agua potable es más preciado que una mina de oro. Dentro de los testimonios me contaron diversas experiencias que para uno es inimaginable. No poder tirar la cadena, ya que esto gasta 13 Litros (tienen 40 litros si tienen suerte de manera diaria), escoger un día de la semana para ducharse, y escoger qué casa tendrá agua y cuál no. Para todos y todas, el mayor de los privilegios ha sido ser escuchados. Esto ya que la mayoría de estas personas provienen del área rural (el 50% de las personas que viven en el área rural no tienen acceso a agua potable), por lo cual ya se sienten apartados de la sociedad.

Si algo me ha dado mi posición de Mujer Líder, nombrada este año por el G-100 vinculada al World Economic Forum, ha sido la oportunidad de ser un puente y conectar personas que de otra manera no se habrían conocido. Fue así como me contacté con una de las autoridades encargadas de este tema para transmitirle estos problemas. Me dijo que aunque no había hablado nunca con ninguno de ellos, ni había ido a las zonas afectadas, la situación estaba totalmente controlada. Sin comentarios.

A fines de 2019, fui a distintos lugares de Santiago para comprender el estallido social. Para entender por qué hubo chilenos que bajo el lema de “Hasta que la Dignidad se haga Costumbre”, se levantaron a quemar Chile, el lugar donde siempre han vivido. Conocí poblaciones a las que no había ido, grafiteros, universitarios que por recursos dejaron sus carreras, mujeres que no tienen como alimentar a sus hijos, ni donde emprender desde sus barrios, personas sin trabajo, o con trabajos de doble jornada que no les alcanza para llegar a fin de mes.

Chile ya hizo fuego y sabemos por qué. No esperemos que el país haga agua y que las autoridades, y las que quieren serlo, no vuelvan a decir: es que no lo vimos venir.

Gabriela Salvador
100 Global Women Leaders 2021